Ilustración: Angelica Alzona / Gizmodo

Los médicos tienen la molesta costumbre de hacernos un montón de preguntas, lo que nos incomoda y nos hace ser conscientes de nuestros hábitos. Así que les mentimos. Mucho. Aquí tienes 10 mentiras típicas que les contamos a nuestros médicos, y por qué aunque parezcan inocuas son peligrosas para nuestra salud.

(1) Sí, me estoy tomando los medicamentos tal y como usted me dijo

No, qué va. Vale que sea difícil tomar medicamentos de manera rutinaria. Y claro que es incómodo confesarle a tu médico de cabecera que no lo has hecho. Pero ahora no solo te estás saltando el tratamiento prescrito, además le has entregado a tu médico una dosis de información errónea que podría dar lugar a otros efectos adversos.

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“Necesito saber si el paciente se está tomando los medicamentos. Si no lo hace y asumo que el fármaco no está funcionando, puedo cambiarle la medicación a una segunda elección diferente”, explica a Gizmodo el doctor David B. Agus, director del Instituto de Medicina Transformativa Lawrence J. Ellison. El médico también podría ajustar la dosis innecesariamente, ya que la dosis actual (la que en realidad no te estás tomando) no ha tenido el efecto deseado.

Aumentar la dosis viene con su propio conjunto de consecuencias, como un aumento del ritmo cardiaco, mareos y fatiga. Así que ahora estás minando tu salud de verdad, lo opuesto a lo que pretendías hacer cuando fuiste al médico en primer lugar.

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Muchas veces el médico sabrá que no estás tomando algunos medicamentos específicos si te presentas con la presión arterial elevada o los análisis de sangre indican que tienes el colesterol alto. En última instancia, sin embargo, todo depende de lo que le digas. “Sé honesto sobre los medicamentos que te estás tomando y los que no”, dice Agus, “y luego juntos podremos tomar las decisiones correctas”.

(2) No, no estoy tomando ningún medicamento con receta ni suplementos

¿Ah, sí? Esta “pequeña” omisión podría deteriorar seriamente tu salud. Como explica Agus, cuando sus pacientes no le cuentan todo lo que están tomando, él puede pasar por alto una potencial interacción o efecto secundario. La lista incluye medicamentos con receta, como anticoagulantes, antibióticos, antidepresivos y fármacos para el corazón, así como los suplementos y medicamentos de venta libre, como aspirinas, minerales, aminoácidos, productos botánicos y vitaminas.

“Los suplementos son medicamentos y deben ser tratados como tal”, dice Agus. “Deberían estar listados en el registro de medicamentos de un paciente”. La naturaleza de las reacciones entre drogas dependen de la mezcla particular y la fisiología única del paciente, pero algunos medicamentos tienen mayores consecuencias que otros.

“Pueden ser analgésicos, benzodiazepinas, etcétera”, explica a Gizmodo la doctora Gail Saltz, profesora asociada de psiquiatría en la facultad de medicina Weill Cornell del Hospital Presbiteriano de Nueva York. Saltz cree que es inapropiado mentir a tu médico sobre los medicamentos que estás tomando o han sido prescritos por otro médico. “Estos medicamentos interactúan con otros y pueden tener un efecto aditivo, que puede ser peligroso”.

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Las interacciones entre fármacos podrían provocar una caída peligrosa de la presión arterial, un latido rápido e irregular del corazón, una acumulación de toxinas que dañan el hígado y síntomas menos graves como náuseas, dolor de estómago y dolor de cabeza.

Según Saltz, los pacientes pueden mentir porque quieran más de estos medicamentos o porque se sientan avergonzados. También pueden dejar de informar a su médico de que están tomando antidepresivos porque se sientan incómodos al compartir información sobre el tratamiento psiquiátrico de otro médico, o porque creen que no es importante.

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“Las interacciones entre fármacos hacen que sea importante no mentirle a tu médico”, dice Saltz. “También es importante conocer si existe un diagnóstico de depresión o ansiedad, porque algunos medicamentos pueden, como efecto secundario, causar depresión o ansiedad; en particular en alguien que ya ha experimentado estos trastornos”.

(3) No he comido ni bebido nada antes de la operación

El paciente llega para la operación y los anestesiólogos preguntan: “¿cuándo fue la última vez que comió o bebió algo?”. El paciente responde “no he tomado nada en todo el día”. Puede sonar como una mentirijilla inofensiva, pero según M. Fahad Khan, profesor asistente de anestesiología del centro médico Langone en la Universidad de Nueva York, podría resultar en un desastre.

“Es muy importante que los pacientes sean honestos acerca de la última ingesta oral de alimentos o bebidas, ya que puede tener consecuencias significativas en lo relacionado a su plan de anestesia”, explica a Gizmodo. “Se asume que los pacientes que se presentan a una cirugía electiva tienen un estómago vacío, ya que se les instruye que así sea”.

El problema es que, cuando un paciente ha sido puesto a dormir con anestesia, su esfínter esofágico inferior (la válvula que conecta el esófago con el estómago) se relaja. Durante este período de relajación, dice Khan, el contenido del estómago puede regurgitar peligrosamente hacia arriba hasta la boca, y serpentear por el camino en la tráquea del paciente hacia los pulmones. Una vez en los pulmones, este material ácido regurgitado puede causar inflamación y conducir al desarrollo de una neumonía.

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“Mentir a tu anestesiólogo sobre la última vez que comiste algo antes de la operación puede tener consecuencias devastadoras y, en el peor de los casos, podría acabar contigo en la UCI”, añade.

(4) La verdad es que no bebo mucho alcohol

Entono el mea culpa con esta. La doctora Harriet Hall, editora de Science Based Medicine, dice que nuestra incapacidad para decir la verdad sobre el consumo de alcohol es contraproducente. “Subestimar la cantidad de alcohol que consumimos solo consigue retrasar el diagnóstico y el tratamiento”, explica a Gizmodo.

Los expertos en salud aseguran que no debes beber más de dos o tres copas al día (10-15 por semana), aunque esté bien que disfrutes de las ocasiones especiales. Los problemas de salud pueden surgir cuando se superan estos límites: presión arterial elevada, análisis de sangre con resultados anormales y problemas digestivos. Así que, si le mientes a tu médico sobre tu consumo de alcohol y presentas alguno de estos síntomas, estarás despistándole. Es más, el alcohol es como cualquier otra droga: puede influir en la eficacia de los medicamentos que estás tomando. Tu médico necesita saberlo.

Para aquellos que tienen un problema más grave con el alcohol, este tipo de mentiras podría matarles, dice el doctor David Juurlink del centro de ciencias de la salud Sunnybrook de Toronto. “Me refiero específicamente a los pacientes que están ingresados en el hospital y que desarrollan un síndrome de abstinencia al alcohol”, explica a Gizmodo. “Es un trastorno potencialmente letal, y a veces difícil de diagnosticar”.

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En un hospital, si los médicos son informados del historial del paciente con el alcohol sabrán detectar un síndrome de abstintencia y tratarlo en consecuencia. Pero si son engañados y el paciente entra en abstinencia, a menudo los médicos buscarán otros trastornos que puedan causar resultados similares (por ejemplo, fiebre, agitación, confusión, etc.), y renunciarán a un tratamiento contra el síndrome de abstinencia que podría salvar una vida.

“En serio, la gente no debería preocuparse de ser juzgada por sus médicos”, dice Juurlink. “Un montón de médicos beben más alcohol del que deberían”.

(5) ¿Fumador, yo? Qué va

Alrededor del 13 por ciento de los fumadores mantienen el hábito en secreto ante sus médicos. Eso significa significa que, solo en Estados Unidos, cerca de seis millones de fumadores retienen esta información importante en la consulta.

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“Cuando les pregunto si son fumadores a menudo dicen que son exfumadores”, comenta Dave Hepburn, médico de cabecera de Victoria, Columbia Británica. “Cuando pregunto hace cuánto tiempo, algunos admiten que cinco días o así”. No hace falta aclarar que eso no los convierte en exfumadores, sobre todo si esas personas han fumado regularmente durante años.

La gente tiene miedo de decirle a su médico la verdad sobre su consumo de cigarrillos por el estigma social que rodea a esta práctica, y porque no quieren admitir para sí mismos que tienen un hábito perjudicial para la salud. Es más, los pacientes pueden ocultar este hábito a sus familias (que a menudo comparten médico de cabecera) o a sus jefes.

Sin embargo, es importante decir la verdad. Si tu médico sabe que fumas puede recomendar nuevas pruebas y asignar una planificación más estricta de los chequeos para tratar a tiempo enfermedades relacionadas con el tabaco, como el cáncer, la EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) y enfermedades del corazón. Es también importante recordar que tu médico te puede ayudar a dejar el hábito antes de que sea demasiado tarde.

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“Fumar es uno de los cambios de estilo de vida más importantes que se pueden hacer y afecta notablemente a la salud de muchas maneras, desde una apoplejía o un ataque cardíaco hasta un cáncer de todo tipo”, dice Hepburn.

(6) Ah, no, yo no tomo drogas

Teniendo en cuenta que la mayoría de las drogas de uso recreativo son ilegales, obviamente nos sentimos incómodos al compartir estos hábitos con nuestros médicos. El doctor Ramin Manshadi, profesor clínico asociado en la Universidad de California Davis, siente que la gran mayoría de las personas que toman drogas mienten a sus médicos sobre el tema.

La verdad aparecerá a menudo en la orina. No obstante, ocultar qué tipo de drogas estamos tomando, en especial si son drogas duras, podría obstaculizar seriamente la capacidad de un médico para diagnosticar nuestro estado de salud. La marihuana, una droga de uso recreativo cada vez más aceptada social y legalmente, puede interferir con otros medicamentos como antidepresivos, aspirinas, anticoagulantes (por ejemplo, warfarina y heparina), antiagregantes plaquetarios y medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (por ejemplo, el ibuprofeno). También puede afectar a los niveles de azúcar en sangre y causar una presión arterial baja.

Es importante destacar que si te llevan al hospital por alguna razón relacionada con las drogas, o si estás colocado cuando ocurre una emergencia, debes informar al médico o a los sanitarios de emergencias cuanto antes para que sepan exactamente cómo tratarlo y te libres de algo potencialmente peor que un “mal viaje”.

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“Es muy importante revelar tu consumo de drogas a los médicos, especialmente si estás teniendo un infarto”, dice Manshadi. “Si un paciente tiene un ataque al corazón y ha consumido cocaína, por ejemplo, entonces no podemos darle algunos medicamentos beneficiosos que normalmente se dan a los pacientes de ataques al corazón” porque la combinación de estos “puede causar el empeoramiento del ataque cardíaco y posiblemente la muerte”.

(7) Hago ejercicio a diario y llevo una dieta saludable

“Si tu colesterol está alto, tu glucosa en sangre está alta y tu presión arterial está alta, no digas que estás pasando por un mal momento cuando en realidad llevas así más tiempo del que puedes recordar”, dice David Jenkins, profesor de Ciencias de la Nutrición y Medicina de la Universidad de Toronto. “Necesitas ayuda. Es necesario un cambio en tu estilo de vida. Y si eso no es suficiente, entonces necesitarás un cambio en tu medicación”.

El doctor Mullen cree que demasiados pacientes intentan sonar perfectos ante sus médicos, pero mentir sobre el ejercicio físico en particular solo perjudica a los propios pacientes. “Todos sabemos que la diabetes y las enfermedades del corazón son los principales problemas de los países desarrollados”, explica a Gizmodo. “El ejercicio y la dieta son los mejores métodos para vencer estas enfermedades, así que ¡no mientas sobre ese tema! Pasar por alto la importancia de la nutrición y el ejercicio es un gran problema. Sé honesto para obtener algunos consejos útiles de tu médico”.

(8) En realidad no tomo tantos analgésicos

Un paciente podría informar a su médico de que solo toma 1 o 2 tabletas de paracetamol de vez en cuando cuando en realidad se está tomando dos comprimidos cada cuatro horas durante el día, siete días a la semana. Como explica el Dr. Khan, la intoxicación por paracetamol es real y puede ser mortal.

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“Los médicos necesitan tener un registro exacto de la cantidad de analgésicos que un paciente toma realmente a fin de prescribirles un plan saludable para el dolor”, explica. “Los distintos medicamentos para el dolor (como Percocet, Vicodin, Norco, Ultracet) son píldoras combinadas que incluyen un fuerte opioide que actúa junto con el paracetamol”.

Khan dice que el hígado del paciente no sabe de dónde sale todo ese paracetamol, ni le importa. Tan solo trata de encontrar la manera de metabolizar esa copiosa cantidad de medicina de forma segura y eficaz.

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“Las directrices más recientes sobre el uso del paracetamol proponen no más de 4.000 mg (algunos incluso citan 3.000 mg) como límite diario máximo de ingesta permitida”, comenta Khan. “Así que si un médico trabaja bajo el supuesto de que el paciente solo toma una pequeña cantidad de analgésicos por su cuenta, puede prescribirle sin saberlo un medicamento para el dolor que también contenga paracetamol, lo que pondrá al paciente en riesgo de desarrollar una insuficiencia hepática”.

(9) No me duele

Algunos de nosotros vamos a la consulta y restamos importancia a nuestros síntomas con la esperanza de que el médico no encuentre nada malo, de modo que alimentamos nuestro ego en lo que respecta a la cantidad de dolor que podemos soportar. Esto es obviamente perjudicial.

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A modo de ejemplo, el doctor Manshadi señala a los pacientes que han tenido stents implantados para tratar las obstrucciones en las arterias. “Ellos minimizan sus síntomas porque no quieren acabar teniendo otro stent”, explica. “Esto es peligroso: cuanto antes nos encontramos con que hay problemas, mejor será el resultado”.

Por otro lado, Manshadi cree que hay pacientes que tienen dificultades financieras y restan importancia a sus síntomas para no pagar gastos deducibles o de copago. “Esto también es peligroso”, dice. “El consejo es decir siempre la verdad a tu médico. En la medida de lo legalmente posible, doy un descuento a los pacientes que no pueden permitirse el lujo de pagar, o los remito a las clínicas gratuitas. La salud es lo primero”.

El doctor Mullen también dice que hay pacientes que entran a su consulta y minimizan la cantidad de dolor y molestia que están sintiendo, guardando silencio sobre el cuello, el hombro o el dolor de espalda. “Por desgracia, estas zonas dolorosas pueden ser más problemáticas de lo que se cree”, comenta. “Muchas enfermedades sistémicas refieren dolor a otras áreas (es decir, dolor referido), pero que no sea un dolor referido no quiere decir que no sea grave. El dolor habitual en las articulaciones debe ser tratado cuanto antes a través de un fisioterapeuta, ya que puede aumentar el riesgo de degeneración de la articulación y de tener que reemplazarla más adelante”.

(10) Sí, doctor, he entendido todo lo que me ha dicho

La doctora Hall señala a Gizmodo que entre el 40 y el 80 por ciento de la información proporcionada por los médicos se olvida de inmediato, y buena parte de lo que se recuerda es erróneo. “Pídele al médico que te proporcione la información por escrito, léelo con detenimiento en el hogar y prepara tus preguntas para la próxima visita”, recomienda Hall.

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Nuestra capacidad para entender y recordar las instrucciones y advertencias del médico es fundamental para poder curarnos y mantener un buen estado de salud. Cuando no comprendemos algo que dice el médico, podemos no tomar nuestros medicamentos correctamente. O podemos caer en hábitos peligrosos si no entendemos las implicaciones de una contusión cerebral o una radiografía.

Tenemos que dejar de fingir y asentir con la cabeza cuando nuestros médicos empiezan a hablar en su jerga. Como pacientes, somos la parte no experta de la conversación, así que tendremos que dejar nuestros egos al otro lado de la puerta. Está bien que le pidas a tu médico que te aclare algo. Recuerda que ese es su trabajo y, al igual que tú, solo quiere mejorar tu salud.

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