El supuesto satélite extraterrestre Black Knight. Foto: NASA

Nikola Tesla fue el primero en captar su misteriosa señal de radio, pero según los ufólogos lleva orbitando la Tierra nada menos que 13.000 años. Esta es la historia del Caballero Negro, un supuesto satélite extraterrestre y el centro de una de una de las teorías de la conspiración más populares.

Según los entusiastas de las conspiraciones, el Caballero Negro es un nave extraterrestre que vigila nuestro planeta en órbita polar y que demuestra la existencia de vida inteligente fuera de nuestro planeta.

Advertisement

En lo que respecta a los astrónomos o a los escépticos, la leyenda del caballero negro no es más un complejo bulo alimentado por diferentes sucesos sin conexión que los amantes del fenómeno ovni gustan de presentar como ciertos y relacionados. En el centro de esos sucesos está un pedazo de basura espacial.

Una de las fotos más míticas de Tesla en el laboratorio de Colorado Springs donde realizaba sus experimentos de recepción a larga distancia. La imagen la tomó el fotógrafo Dickenson Alley mediante exposición múltiple. Vía: Wikipedia

Señales desde el espacio captadas por Tesla

La primera pieza del heterogéneo puzzle que forma la leyenda urbana del Caballero Negro se remonta a mucho antes incluso de que se le conociera por ese nombre, e implica al mismísimo Nikola Tesla. El serbocroata era un inventor genial, pero también tenía un lado místico muy acusado. En 1899, Tesla anunció que había logrado captar señales de radio extraterrestres provenientes, según él, de Marte.

Advertisement

El inventor había estado probando un receptor de radio de larga distancia llamado Teslascopio con el que planeaba construir un sistema de comunicación interplanetario para cuando el hombre llegara a otros planetas. El receptor con bobina de Tesla que usaba en los experimentos captó varias señales repetitivas sustancialmente diferentes a las que provienen de tormentas o del ruido terrestre. Tesla también estaba lo bastante familiarizado con las posibles interferencias que podía recibir del Sol, de la Luna o de Venus como para descartarlas. Como en la Tierra no había otro emisor de radio con la misma potencia, Tesla concluyó que la señal tenía que ser de origen extraterrestre, concretamente de Marte.

Púlsar de la nebulosa del cangrejo. Imagen combinada del Telescopio Hubble y el telescopio de rayos X Chandra.

A día de hoy, no existe ninguna explicación fehaciente del fenómeno captado por Tesla. Entre las hipótesis que tratan de encontrar una explicación natural está un pulso de plasma proveniente de alguna tormenta o colisión con Júpiter, o la señal de un púlsar.

Esta última explicación es la más probable porque las características señales que emiten estas estrellas de neutrones no se descubrieron hasta 1967, y son tan raras que hasta sus descubridores, los astrónomos Jocelyn Bell y Antony Hewish, pensaron al principio que podía ser una señal extraterrestre. Con todo, el magnetismo de la figura de Tesla y su inocente presunción de que había contactado con marcianos a menudo sirve para señalar el incidente del teslascopio como el primer indicio de la presencia del Caballero Negro. Eso no quita brillo al hecho de que Tesla probablemente fue el primer investigador en captar la señal de un pulsar, un hito más en su asombroso curriculum.

Satélites de origen desconocido

La idea de que tenemos satélites artificiales de origen desconocido orbitando sobre nuestras cabezas nació el 14 de mayo de 1954 de la mano de dos artículos publicados en los periódicos estadounidenses St Louis Post Dispatch y San Francisco Examiner. Ambos aseguraban que hay uno o dos satélites de origen desconocido en órbita. La noticia era, en efecto, sorprendente porque para esa fecha el ser humano aún no había puesto ningún satélite en órbita (El Sputnik se lanzó en 1957).

Los artículos (sobre estas líneas) también dicen que el secretario de la Fuerza Aérea Harold Talbott era consciente de la existencia de estos satélites. La fuente de tan extraordinario hallazgo es un piloto de la fuerza aérea llamado Donald Keyhole.

Si leemos con atención los artículos veremos que ambos están escritos con buenas dosis de ironía y que la historia hace aguas por todos lados. Para empezar, Donald Keyhole se hizo famoso en 1950 por anunciar a los cuatro vientos que los platillos volantes existían. En la fecha de publicación de esos artículos, Keyhole estaba promocionando su nuevo libro titulado Platillos Volantes del Espacio Exterior. El secretario Donald Talbott, por supuesto, negó todo conocimiento de la historia.

Vista trasera del motor de un cohete Black Knight conservado en el Museo de Liverpool. Foto: Wikipedia

El Proyecto Black Knight y el misterioso satélite ruso

Una de las pocas cosas que no se sabe a ciencia cierta sobre la leyenda del Caballero Negro es de dónde sacó su nombre, aunque hay un claro candidato. En 1955, el Reino Unido comenzó un programa de investigación destinado a probar la reentrada en la atmósfera de cohetes balísticos. Se llamaba Proyecto Black Knight. El primer cohete Black Knight despegó desde Woomera, en Australia, en 1958. Le siguieron otros 21.

En 1960, el Ministro de Defensa británico comentó que la eventual adaptación de los cohetes Black Knight para poner satélites en órbita era una prioridad en el presupuesto de investigación en materia aeroespacial. En el departamento del tesoro no debían pensar igual, porque el programa Black Knight terminó en 1965 y nunca puso ningún satélite en órbita. Sin embargo, la expresión Black Knight Satellite Launcher se hizo pública en el momento perfecto. 1960 fue el mismo año en que la prensa anunció el nuevo avistamiento de un satélite de origen desconocido en órbita polar.

En febrero de 1960, la recién estrenada red de detección de satélites Space Fence anunció que había localizado un satélite desconocido. Se pensaba que podía ser un satélite espía ruso, pero no se correspondía con ningún lanzamiento declarado desde Moscú. Hasta la revista Time se hizo eco de la historia.

Antena terrestre del proyecto Space Fence. Foto: Wikipedia.

Días más tarde, se descubrió que el objeto desconocido en realidad era el Satélite de reconocimiento estadounidense Discoverer VIII perteneciente al Proyecto Corona. En agosto de 1959, un fallo en el propulsor del satélite lo impulsó a una órbita más alta, impidiendo su recuperación. La Fuerza Aérea lo dio por perdido hasta que la red Space Fence lo localizó. Los satélites del Proyecto Corona estaban destinados a espiar a la URSS y a China, así que sus lanzamientos no se publicitaban. De ahí que la red Space Fence al principio no supiera de qué se trataba. Time publicó una corrección al artículo.

Avistamiento desde la misión Mercury

Llegamos a 1963. El astronauta estadounidense Gordon Cooper sube a bordo de una cápsula del programa Mercury sobre un cohete Atlas. Su misión le iba a llevar a dar 22 vueltas a la Tierra. Cooper fue el primer astronauta estadounidense en dormir en órbita, y en su momento batió el récord de estancia. Durante la vuelta número 15, Cooper aseguró haber visto una luz delante de la cápsula y se dice que una estación de radar en Muchea, Australia, captó un eco proveniente del objeto.

Los astronautas de las misiones MErvcury. Gordon Cooper en la esquina superior derecha. Foto: Wikipedia

Los ufólogos vinculan el avistamiento al Caballero Negro, pero lo cierto es que no existe constancia alguna del supuesto positivo en el radar, y Cooper ha negado una y otra vez haber visto ningún objeto. La NASA considera que la luz vista por el astronauta fue una alucinación producto de la larga estancia en órbita y el exceso de CO2.

El satélite extraterrestre de 13.000 años

Hasta ahora tenemos un montón de avistamientos sin conexión y que cuentan con explicaciones bastante razonables. ¿Cómo se transforma todo eso en la delirante historia de un satélite que lleva en órbita terrestre 13.000 años. La culpa de esto último la tiene el astrónomo aficionado y ufólogo escocés Duncan Lunan (quién, por cierto, también asegura ser descendiente ilegítimo del rey Robert II de Escocia).

Advertisement

En 1973, Lunan se hizo famoso por un artículo en la revista Spaceflight en el que aseguraba haber descifrado una señal de radio captada por radioaficionados noruegos en los años 20 que investigaban el eco de largo retardo. Este fenómeno hace que algunas señales de radio generen un eco con un retardo de varios segundos y a día de hoy aún no se ha podido determinar su causa exacta.

No podía faltar Stonehenge en un tema como este. Foto: Claudio Accheri / Flickr bajo licencia Creative Commons

El caso es que Lunan aseguraba que había descifrado la señal y se trataba del saludo de una civilización extraterrestre que señalaba su posición en un planeta alrededor de la estrella Arcturus, en el sistema binario Epsilon Boötis. El mensaje citaba una sonda en órbita lunar y alineada con Arcturus como punto de origen del mensaje. Lunan comprobó que la posición de la estrella en el supuesto mensaje no estaba bien, y calculó que la posición correcta correspondía a hace unos 13.000 años, de lo que dedujo que la nave debía llevar en órbita ese tiempo. La leyenda del Caballero Negro había encontrado el trasfondo literario perfecto.

Advertisement

En 1976, Lunan reconoció que quizá se había “precipitado” en su análisis y él mismo desmintió su artículo. Sin embargo, en 1998 publicó una reinterpretación aún más hollywoodiense en la que se reafirmaba en su convicción sobre la existencia del satélite y lo relacionaba con Stonehenge, las pirámides, la actividad solar y la esfinge. El texto completo puede leerse en su página web.

Incidente en la misión STS-88

Llegamos a la década de los 90 y al documento que los entusiastas del fenómeno ovni esgrimen como la prueba definitiva de la existencia del satélite Black Knight. Se trata de esta foto:

Foto: NASA

La foto forma parte de una serie de imágenes (abajo) tomadas por la propia NASA durante la misión STS-88 del transbordador Endeavour en 1998. La misión es mítica porque en ella se ensamblaron con éxito los dos primeros módulos (uno ruso y uno estadounidense) de la Estación Espacial Internacional.

La misión fue un rotundo éxito, pero en ella también tuvo lugar un pequeño incidente. Durante una actividad extravehicular, al astronauta Jerry L. Ross se le escapó una manta térmica que había instalado sobre el módulo en el exterior del Endeavour. Este tipo de mantas se utilizan para evitar la perdida de calor en determinadas piezas metálicas. La conversación grabada entre el comandante Robert D. Cabana, a bordo del Endeavour, y Ross dice así:

-Jerry, una de las mantas térmicas se te ha escapado.

-¿Cómo ha pasado?-

-Jim ha visto el enganche. Está seguro-

-¿Dónde ha ido? Está fuera de mi... no me lo puedo creer-

-Jerry, ¿de qué enganche se ha soltado? Necesito saberlo para marcar en cuál no confiar-

Este es el vídeo concreto de esa parte de la misión en la que la manta sale despedida. Sí, el supuesto satélite extraterrestre que lleva 13.000 años en órbita alrededor de la Tierra en realidad era una manta térmica como esta:

Decimos “era” porque la manta, como todos los objetos de ciertas órbitas bajas que no tienen mecanismos de propulsión propios, acabó cayendo a la atmósfera al cabo de unas semanas donde ardió sin dejar rastro. No obstante, la pieza se ganó un sitio en el listado de objetos en órbita del NORAD donde figura como: Object 025570, international designator 1998-067C EVA debris — Trunnion pin cover [NASA]

Verdades para todos los gustos

La leyenda del satélite Black Knight suscita posiciones tan enconadas como las que separan a los que asumen como cierta la llegada del hombre a la Luna y los que niegan que ese alunizaje haya tenido lugar. Internet, y sobre todo YouTube, se encarga de alimentar ambos bandos con todo tipo de pruebas supuestamente irrefutables. Los que creen en la ciencia intentan comparar la forma de la manta térmica con la del supuesto satélite para despejar dudas:

Los entusiastas del fenómeno ovni responden comparando la forma del objeto con una reinterpretación artística del astronauta de Palenque, un bajorrelieve en la lápida del gobernante maya K’inich Janaab’ Pakal que los creyentes en los ovnis asocian con el interior de una nave espacial.

Captura de pantalla: Cathy Lawling / YouTube

Los escépticos tratan de explicar que si realmente el objeto fuera un satélite en su órbita, hubiera pasado tan rápido que los astronautas del Endeavour no hubieran podido fotografiarlo, y que por tanto tiene que ser un objeto desprendido del propio transbordador o sus módulos. Los amantes del misterio critican la teoría de la manta térmica acusando a la NASA de querer tapar la verdad, y aludiendo que el objeto es negro y la manta térmica es plateada, así que no pueden ser la misma cosa.

¿A dónde quiero llegar con esto? Mi conclusión es sencilla: Pongamos que tienes delante a una persona a la que le resulta fascinante la idea de que haya una nave extraterrestre de elegante color negro y diseño maya proveniente de la estrella Arcturus y que lleva ahí 13.000 años enviando un mensaje de amistad. Por mucho que te empeñes, y aunque aportes todas las pruebas científicas del mundo, jamás vas a convencer a esa persona de que ese objeto extraordinario es en realidad es una bendita manta térmica, porque su explicación simplemente es mucho más satisfactoria desde el punto de vista emocional. Un satélite extraterrestre hace ilusión. Una manta térmica no.

Advertisement

Algunos individuos necesitan creer en la magia y en los misterios porque la vida les resulta insoportablemente prosaica, aburrida y carente de sentido. Poco se puede hacer al respecto. Hay batallas que merece más la pena librar, como convencer de la necesidad de vacunar a los niños pequeños. Satélite extraterrestre para unos, basura espacial para otros. Lo que está claro es que el Black Knight tiene cuerda para otros 13.000 años.