La semana pasada apareció un vídeo del zoo de Dallas donde uno de sus gorilas “bailaba” en una piscina para niños. Algunos incluso apuntaban que el gorila estaba haciendo break-dance. Poco después, la pieza se hizo viral con la inclusión del temazo Maniac de Flashdance. ¿El problema? Los gorilas no bailan.

Veamos primero el vídeo original, seguido del “remix” ochentero:

Con la inclusión de la música pocos se atreverían a dudar que el gorila tenía en la cabeza un tema musical y seguía los pasos, quizás el mismo Maniac y el animal se veía como la reencarnación de la mismísima Jennifer Beals. El problema en este caso (y en el de otros tantos animales) es que científicamente no se ajusta a la realidad. El gorila en realidad está jugando.

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Veamos otro vídeo, en este caso se trata de un gorila realizando movimientos similares en el zoológico de Calgary. La principal diferencia es que no está en una “piscina”, además cambiamos el temazo de Michael Sembello por una propuesta más acorde al “ritmo” del gorila:

Es posible que sigas pensando que en ambos casos los animales se están marcando una sesión que ya quisiéramos muchos, pero no es así y tiene una explicación científica.

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Cuando hablamos de bailar nos referimos al movimiento espontáneo en respuesta a un ritmo específico, y los primates no humanos no tienen el baile entre sus cualidades. De hecho, hace un par de años se llevó a cabo un estudio que trataba de analizar las especies animales para encontrar si existía o no ese patrón.

La lista de los animales que bailan

En el año 2007, el neurobiólogo Aniruddh Patel comenzó un curioso estudio donde demostró que el loro Snowball podía seguir el ritmo de las canciones. El vídeo, un bombazo en su momento en YouTube, nos muestra al bueno de Snowball siguiendo los pasos del tema de los Backstreet Boys, Everybody (Backstreet’s Back):

Lo más sorprendente era que hasta ese momento se pensaba que los loros no eran capaces de mantener un ritmo. En YouTube podemos apreciar como muchos animales “se mueven rítmicamente”; desde perros hasta gatos, delfines, loros… pero nunca se trata de un baile, al menos no como el baile que definen los científicos. Según explicaba Patel:

”Bailar” es una respuesta espontánea donde el animal se mueve sobre el ritmo, jugando con la música. El animal no puede entrenarse. No puede tener a un humano en la habitación para copiarlo. No puede pasar semanas expuesto a la misma melodía. Y cuando la música cambia, tiene que cambiar con ella, apegarse al ritmo. La “danza” es desencadenada por el sonido, pero los movimientos vienen desde el interior, desde circuitos profundos en el cerebro del bailarín.

En ese momento, Patel se preguntó: “¿Y si el baile, de hecho, no es algo que sólo pueden hacer los humanos?” Si los loros, con un cerebro muy diferente, pueden bailar, ¿quién más podría en la fauna animal?

Patel utilizó un programa para crear 11 versiones diferentes del tema de los Backstreet Boys. Todas con el mismo pitch, pero en ritmos diferentes, desde un 20% más lenta a un 20% más rápida que la original. ¿El resultado? Snowball “bailó” todas y cada una de las versiones, aunque a veces un tanto descompasado del ritmo que “tocaba” en cada tema.

Las conclusiones de aquel estudio fueron históricas. Snowball se convirtió en el primer “bailarín” no humano validado por la ciencia. Los científicos dijeron que mantener el ritmo más de un 25% del tiempo no era pura casualidad o un evento al azar. Desde luego, no era Michael Jackson, pero el animal había encontrado los beats por su propia cuenta.

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Tras el trabajo de Patel se planteó la siguiente pregunta.: ¿Quién más puede hacer esto? Entonces apareció el nombre de Adena Schachner, psicóloga en Harvard. Schachner recopiló más de 5 mil videoclips en YouTube de todo tipo de animales, todos supuestamente bailando.

El resultado fue un estudio que demostraba que 39 animales parecían moverse espontáneamente a un ritmo. Veintinueve de ellos eran loros, así que Snowball no era el único genio. De hecho, 14 especies diferentes de loros produjeron verdaderos bailarines. ¿El resto? Elefantes asiáticos.

La respuesta es realmente extraña. Uno pensaría que, si los seres humanos podemos hacer algo nuestros parientes más cercanos, los chimpancés y orangutanes, también serían los más propensos a hacerlo. Curiosamente no, mientras que los loros y algunos elefantes sí. [NPR, Quartz]