El 5 de diciembre de 1980, hace hoy exactamente 35 años, se estrenaba en las salas de cine uno de los grandes fracasos comerciales de la época. Una obra a priori preparada para romper cifras donde se incluía a los mismísimos Queen en la banda sonora. Pero no, Flash Gordon nunca llegó a ser ese gran éxito.

Flash, te quiero, pero sólo tenemos catorce horas para salvar la Tierra

La frase no es gratuita, así se las gastaba el guión de esta megaproducción y quizás así también se puede entender el sonoro fracasó que constituyó. Aunque para ser sinceros, no todo fue terrible en la película, tuvo sus aciertos (enormes) y aún hoy cuenta con cientos de fans que la veneran y la elevan a la categoría de película de culto.

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Una producción que estaba dirigida por Mike Hodges y respaldada por el gran Dino de Laurentiis en labores de producción, con estrellas de la época como Sam J. Jones, Timothy Dalton, Ornella Muti y el gran Max von Sydow. Entonces, ¿qué pasó con Flash Gordon?

Flash Gordon, el cómic

Habría que remontarse varias décadas atrás, hasta un 7 de enero de 1934, cuando la figura del historietista estadounidense Alex Raymond lanzaría al mercado el cómic de ciencia ficción. Lo haría para el King Features Syndicate como página dominical, aunque luego y con el tiempo sería retomada por otros dibujantes y guionistas.

Un cómic un tanto surrealista y delirante, aunque es precisamente esa razón la que elevó la obra en el tiempo. Una Space Opera cuyo punto de partida es Flash Gordon, un jugador de fútbol americano famoso (de los New York Jets) que acaba con su chica en el planeta Mongo tras un giro de guión inexplicable donde nuestro héroe es capaz esquivar un meteorito saltando en paracaídas desde un avión para luego subirse en un cohete para salvar al planeta que le llevará hasta Mongo, el reino del malvado Ming.

Fotograma de la serie de Flash Gordon de finales de los 30.

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El paso de los años convirtió a Flash Gordon en una obra de referencia catapultando a un personaje “humano” en un (super)héroe. No sólo eso, los propios viajes espaciales y ese tono futurista del comienzo ayudaron a que con el tiempo se aceptará con mayor realismo la obra iniciada con Raymond, principalmente a partir de la década de los 60, momento en el que los viajes espaciales fueron una realidad.

Luego llegarían diversas adaptaciones en conjunto a los comic-books que retomó DC Comics. En el 36, 38 y 40 aparecieron tres seriales del personaje. En el 79 aparecía la serie animada basada en los cómics. Y ya en 1980 se estrenaría la película. Tras ella han seguido saliendo aventuras de Flash Gordon: un telefilm (1982) y dos series animadas (1986 y 1996). Además, el director Stephen Sommers cuenta actualmente con los derechos de cine del personaje.

Flash Gordon, la película

Llegados a 1980, las expectativas sobre Flash Gordon eran enormes. Un gran presupuesto, grandes nombres de estrellas de la época, un director al alza e incluso a Queen para la banda sonora. Un blockbuster que se recordará como uno de los más grandes fracasos de la época. Esto no quita que no tenga sus fans (muchos y entre los que me declaro fielmente) y que el tiempo la haya catalogado como una película de culto. Una obra cuyo conjunto, hilarante y surrealista, forma parte del imaginario de muchos jóvenes de los 80. Quizá podría valer como definición que se trata de una película tan mala y divertida, que acaba siendo buena.

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Unos años antes de estrenarse la película (y antes de hacer Star Wars) el propio George Lucas ya había pensado en la idea de llevar al personaje a la gran pantalla. Para ello preguntó al productor italiano Dino De Laurentiis por los derechos para hacer la película basada en la obra de Raymond. El productor italiano negaría a Lucas la posibilidad, y suponemos que Lucas se lo habrá agradecido toda la vida, porque entonces pasaría a otro proyecto, Star Wars.

Precisamente Star Wars fue un punto de partida para Laurentiis, quien había imaginado que su Flash Gordon plantaría batalla en la taquilla a la saga de Lucas. Laurentiis se reuniría con grandes directores para convencerles del proyecto, incluso Fellini fue contactado como posibilidad, aunque finalmente acabaría en manos de Mike Hodges.

Una vez en marcha el proyecto, la producción se disparó. Valga un ejemplo para entenderlo: ese mismo año se estrena El Imperio Contraataca con un presupuesto de 18 millones de dólares de la época, mientras que Flash Gordon casi lo dobla con nada menos que 35 millones de dólares. La taquilla no dejaría dudas, el film recaudó tan solo 27 millones de dólares.

Una lacra que evidenciaba que algo no funcionó para el gran público. Automáticamente se fueron al traste cualquier idea de una segunda parte (y eso que la película dejaba un final abierto). En cambio, los críticos profesionales de la época la situaban como una de las “grandes” llegando a obtener el reconocimiento a través de varias nominaciones a los BAFTA en el Reino Unido.

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Y es que posiblemente uno de los fallos que se le atribuye a la obra es su exceso a la hora de trasladar fielmente la estética de las historias. Esto no tiene por qué ser algo malo, pero en el caso de Flash Gordon (la película) quedaba patente que el barroquismo y ese look un tanto kitsch y pulp era excesivo, casi extravagante para el gran público. Quizá esta sea la gran diferencia con la Star Wars de Lucas, lo que en una obra era un universo perfectamente recreado, en la otra chirriaba y daba sensación de ligereza.

Lo mismo ocurría con los efectos especiales. Si bien en aquella época no eran malos ni mucho menos, hoy han quedado bastante desfasados. Más aún si volvemos a compararla con la saga de Lucas, cuyos FX en esencia han envejecido bastante bien y prácticamente tenía la mitad de presupuesto.

Con todo, Flash Gordon es una obra a la que personalmente le tengo un gran cariño y que además no está exenta de grandes aciertos. Los mismos efectos especiales de los que hablábamos forman parte de ese conjunto del que respira la producción, ligera, con toques cómicos y algo ingenua. A esto hay que añadir la figura de los grandes secundarios, es muy posible que ni Sam J. Jones (F. Gordon) ni Melody Anderson (Dale Arden) pasen a los anales de la historia por su interpretación, pero el gran Max von Sydow (Ming) o Topol (Hans Zarkov) están simplemente enormes y geniales. Lo mismo podríamos decir de las actuaciones de Ornella Mutti (Princesa Aura) y Timothy Dalton (Príncipe Barin), con unas actuaciones muy por encima que la de los dos protagonistas.

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Una obra que recomendamos encarecidamente a todos aquellos que no la hayan visto. En primer lugar porque no hay otra igual, con sus fallos (muchos) y sus aciertos (también bastantes). En segundo, porque se trata de un film con ese aire que tenían las películas de aventuras ochenteras, fáciles e ingenuas, pero también tremendamente divertidas. Y por último e igual de importante, porque Queen llevan a cabo la banda sonora.

Bonus: Flash Gordon como dibujo de Disney

En homenaje a la figura del personaje, el animador de Disney Robb Pratt, llevó a cabo este espectacular trabajo hace un par de años. Con una estética muy al estilo de los dibujos en los años 40 (tipo Superman) tenemos a Flash Gordon bajo el influjo reconocible de la factoría Disney. Brutal.

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