Los coches autónomos son el futuro. De eso queda poca duda. Sin embargo, es un futuro que sigue quedando muy lejos aún. El coche de Google, que es uno de los proyectos más prometedores en este sentido, suspendería el permiso de conducir antes incluso de haber salido del estacionamiento.

En MIT Technnology Review han analizado a fondo las cualidades y defectos del coche autónomo de Google, y hay una serie de problemas muy comunes en la carretera que el vehículo sencillamente no está preparado para afrontar. Algunos resultan tan comunes que son un recuerdo un poco absurdo del largo camino que aún nos queda por recorrer antes de descansar en el asiento trasero y dejar que el coche nos lleve a casa.

1) El clima

Los seres humanos conducimos coches en cualquier situación climatológica, sea adversa o no. Nuestro cerebro es perfectamente capaz de adaptarse a estas situaciones sobre la marcha con maniobras tan sencillas como esquivar placas de hielo, seguir las rodadas del coche anterior en la nieve, o simplemente tomar más precauciones al maniobrar.

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El coche autónomo de Google no ha sido aún debidamente puesto a prueba bajo lluvia intensa, y menos aún con nieve. Chris Urmsom, de Google, reconoce que el coche solo se ha probado con buen tiempo por motivos de seguridad.

2) Baches

Evitar un hueco en el asfalto no solo nos evita derramar el café. También previene daños en los neumáticos o la suspensión, y desvíos bruscos en la dirección. Urmsom explica que detectar y esquivar estos baches aún no está en la programación del coche autónomo.

3) Carreteras sin cartografiar

El coche de Google no conduce improvisando, sino que se basa en detalladísimos mapas previamente escaneados cuyo nivel de información es cientos de veces superior a Google Maps. El vehículo analiza estos mapas continuamente. Es la información que le permite calcular la ruta a seguir, los obstáculos que se va a encontrar, etc.

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Desafortunadamente, el número de vías que se han escaneado para que puedan ser recorridas por un coche autónomo es ridículo. Evidentemente, es una cuestión de tiempo que se vayan incorporando más y más calles y carreteras, pero eso no va a ocurrir de la noche a la mañana en Estados Unidos, y mucho menos en otros países.

4) Obras

Hasta ahora, el coche autónomo de Google no puede circular por carreteras con nieve, ni por vías llenas de baches, ni por caminos que no conoce, pero resulta que tampoco puede hacerlo por las calles que sí conoce, si estas están en obras. El coche es capaz de reconocer el entorno hasta cierto punto y reaccionar, por ejemplo a una señal de stop, un operario que corta el paso, o unos conos sobre el asfalto. Sin embargo, hay muchas otras situaciones en las que los trabajos de la vía resultan completamente inesperados para el sistema de sensores de a bordo.

5) El factor humano

Llegamos al mayor y más difícil obstáculo que deben superar los coches autónomos: las personas. Por poner un ejemplo sencillo pero muy ilustrativo. El coche de Google puede, hasta cierto punto, esquivar o detenerse ante un peatón que cruza inesperadamente la calle. Pero para los sensores, el peatón es un grupo de píxeles que forman un obstáculo no muy diferente de una columna. Un policía haciendo señas frenéticas de que pare desde la acera será completamente ignorado.

A día de hoy, el coche de Google no se lleva muy bien con ciclistas, peatones u oficiales de tráfico. Eso, evidentemente, va a cambiar, pero no va a hacerlo de la noche a la mañana.

6) No son una solución a los atascos

Algún día los coches autónomos serán capaces de superar estos problemas, pero incluso así, puede que no sean la solución a los atascos y tráfico congestionado que estábamos esperando. Los coches autónomos siguen siendo coches. Ocupan espacio en la vía, y necesitan un lugar donde estacionarse. Incluso aunque algún día puedan circular en una coreografía perfecta, mucho más cerca unos de otros y sin necesidad de semáforos, seguirán ocupando más metros cuadrados que un autobús.

Pero ¿serán más seguros?

Volvo ha asegurado que, para 2020, eliminará completamente en sus coches autónomos las muertes por colisión. Es una afirmación muy atrevida porque, incluso aunque descartemos los errores humanos, será complicado reducir el número de accidentes a cero. Si eliminamos el factor humano en las cerca de 33.000 muertes por accidente de tráfico que hay cada año en Estados Unidos, nos quedan 3.300 muertes por otras causas. La cifra sigue siendo 60 veces superior a las víctimas mortales en accidentes de autobús.

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Chris Urmsom, de Google, confía en que la tecnología de coche autónomo esté preparada para circular en condiciones reales para cuando si hijo tenga edad para sacarse una licencia. Tiene 11 años. Eso nos deja cinco años para lograr que los coches autónomos tengan, como mínimo, la misma habilidad que el desgraciado que se acaba de saltar un stop delante nuestro. [vía MIT Technnology Review]

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