El vídeo de un huevo de gran tamaño que, al romperse, revela otro huevo intacto se ha hecho viral estos días. El fenómeno, aunque poco común, es perfectamente natural. No es la única rareza que nos podemos encontrar al comprar huevos de gallina. Estas son las anomalías más conocidas.

Un huevo dentro de otro

En circunstancias normales, el huevo comienza como un ovocito y viaja por todo el tracto reproductor de la gallina hasta que desarrolla su cáscara en la recta final. En ocasiones, sin embargo, la gallina ovula otra vez cuando aún no ha expulsado un huevo que estaba en desarrollo. En estos casos raros puede suceder que el huevo que estaba más desarrollado ascienda de vuelta por el tracto reproductivo y sea absorbido por el huevo que baja, que lo envuelve formando un huevo más grande.

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El resultado es un huevo que, al romperlo, revela otro huevo completamente formado. Es muy raro, pero natural. Ambos huevos deberían ser perfectamente comestibles a menos que presenten otras irregularidades.

Huevos con dos yemas

Foto: Tjarko Busink / Flickr, bajo licencia Creative Commons

Los huevos con dos yemas ocurren cuando la gallina genera dos óvulos en el mismo proceso de ovulación. Es algo típico de las gallinas jóvenes que comienzan su ciclo reproductor y completamente natural. A medida que se hacen mayores, pierden esa capacidad. Si ese huevo fuera fecundado nacerían dos polluelos del mismo cascarón.

Manchas rojizas o marrones en el interior

Es una de las anomalías que más inquieta al consumidor. Al abrir el huevo aparece una pequeña mancha rojiza flotando en la clara o sobre la misma yema. Pueden deberse a una pequeña hemorragia en el proceso de ovulación o a la desescamación de los tejidos internos del aparato reproductor de la gallina. Hay algunas razas de gallina en la que estas motitas son más comunes (hasta un 40%). Por lo demás, son perfectamente normales.

Nubes blancas en la clara

Foto: Kumpei Shiraishi / Flickr, bajo licencia Creative Commons

Algunos huevos presentan un filamento blanquecino más denso flotando en la clara junto a la yema. No solo es normal, sino que indica que el huevo está muy fresco. Ese filamento o “nube” blanquecina se llama chalaza, y es una porción de proteína más densa cuya función es precisamente la de mantener la yema en suspensión en el centro del huevo. No es en absoluto necesario retirarla.

Grietas o agujeros en la cáscara

Foto: Steven Depolo / Flickr, bajo licencia Creative Commons

Los huevos son frágiles. Si encuentras uno que tiene una pequeña rotura o una grieta es porque posiblemente se haya golpeado en el proceso de llegar hasta tu hogar. Es recomendable que deseches estos huevos incluso aunque la grieta parezca perfectamente sellada. La función de la cáscara es proteger el interior de la entrada de microorganismos. Si se ha roto, mal.

Cáscara con rugosidades o estrías

La cáscara luce unas extrañas deformaciones apreciables a la vista o al tacto, como si tuviera arrugas u ondas. Su origen es variado. A veces es simplemente que el aparato reproductor de la gallina no está completamente formado cuando empieza a ovular. Otras se debe a que el animal tiene bronquitis, su dieta tiene un exceso de antibióticos o está estresado. También sucede cuando las gallinas ponen excesivamente hacinadas. Si te preocupa la salud de las gallinas, no es algo que quieras encontrar. Por lo demás es perfectamente apto para el consumo.

Motitas en la cáscara

Foto: Ervins Strauhmanis / Flickr, bajo licencia Creative Commons

Si el huevo tiene “pecas” puede deberse a diferentes factores. Las pecas blancas indican problemas como exceso de calcio en la dieta de la gallina o defectos en su conducto reproductor. Si no presenta más defectos, el huevo sigue siendo perfectamente apto para el consumo.

Cáscara áspera al tacto

La cáscara luce normal, pero es extremadamente aspera al tacto, como si fuera papel de lija. Esa textura se debe a la acumulación de depósitos de calcio y puede ser indicativo de gallinas viejas o sometidas a excesivo estrés. De nuevo, es perfectamente comestible, aunque no lo ideal.

Cáscara sucia (con heces o sangre)

Cerramos el repaso a defectos en la cáscara con la aparición de manchas de suciedad. Si el huevo está manchado de heces probablemente sea porque la gallina tiene problemas intestinales que manchan el huevo al salir. Los excrementos son demasiado líquidos por un desequilibrio electrolítico o un suministro de agua demasiado salina. En cuanto a la sangre, puede ocurrir si la gallina sufre alguna pequeña lesión al expulsar el huevo. En ambos casos no dice mucho de la higiene en la que se ha realizado la puesta. Este documento del Centro Europeo de Biociencia Alltech repasa todos los defectos posibles en la cáscara del huevo (en inglés).

Cómo saber si el huevo está fresco

Si no queremos romperlo, basta con sumergirlo en agua. La cáscara del huevo es porosa y, con el tiempo, deja salir el agua y entrar el aire. Por esa razón, los huevos frescos se hunden. Cuánto más arriba flota, peor. Si se queda en la superficie es mejor no comerlo.

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Al romperlos, los huevos frescos muestran una clara con dos densidades diferentes y chalaza visible. La yema puede ser de color amarillo o anaranjado más o menos intenso (El color lo determina la alimentación) pero se aprecia elevada. En los huevos frescos, el albumen más denso aparece también elevado. Si la clara es muy líquida, como aguada, es que el huevo está ya un poco viejo.