Foto: Juego de Tronos / HBO

Incinerar el cadáver de una persona es uno de los ritos funerarios más extendidos. La iglesia católica autorizó oficialmente la cremación desde 1963, pero ahora ha decidido matizar la práctica. Las cenizas del difunto no se podrán conservar en casa ni dispersar en la naturaleza.

La oficina doctrinal del Vaticano ha publicado un nuevo documento en el que no prohibe la cremación en todos los casos, pero recomienda el enterramiento. Si el feligrés insiste en ser incinerado, el Vaticano añade que las cenizas resultantes deben reposar en terreno sagrado, o sea, en un cementerio.

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La nueva doctrina prohibe que las cenizas se repartan entre los familiares, se guarden en una urna en casa, o se dispersen en lugares naturales como el mar o un bosque. Según el documento, estas prácticas favorecen ideas erróneas y New Age sobre la muerte como la idea de que es una aniquilación definitiva, o de que el ritual hace entrar al difunto en algún tipo de comunión con la naturaleza. Además, la iglesia ha tachado de sacrílegas prácticas más recientes como enviar las cenizas al espacio o comprimirlas para convertirlas en diamantes.

El Vaticano no se opone a la cremación y reconoce en el documento el valor ecológico y económico de la práctica, pero insiste en que enterrar al difunto (o a sus cenizas) es la mejor manera de mostrarle el debido respeto según la doctrina católica. Nada, en definitiva, de funerales vikingos. [The Guardian vía CNN]