Diciembre del 2005. David Hanson se había levantado temprano para tomar el vuelo que le llevaría a Las Vegas. Cansado de unas semanas agotadoras presentando su proyecto, desde allí haría conexión a California, última parada hasta llegar a las instalaciones de Google. Hanson tomó ese primer vuelo acompañado de una maleta muy especial. En su interior se encontraba el esfuerzo de más de dos años, el motivo de ese encuentro tan especial con los de Mountain View. Cuando el hombre llega a Las Vegas y se monta en el siguiente vuelo se da cuenta de que le falta algo. Había perdido el maletín, en cuyo interior se encontraba la cabeza androide de Philip K. Dick.

Aunque pueda parecer el principio de una película de misterio o un relato de ciencia ficción, la historia es tan real que de la misma han salido libros y obras paralelas del género. Evidentemente Hanson no era un cualquiera y mucho antes de que Google se interesará por la cabeza robótica del prolífico escritor, el joven Hanson había comenzado un proyecto digno del mismísimo Dick.

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Todo comenzaría dos años antes, durante unas conferencias y un encuentro que daría origen a la historia.

El encuentro para crear un replicante

Imagen: fotograma de Blade Runner.

David Hanson es actualmente un diseñador e investigador en el área de la robótica, un tipo que ha ganado numerosos premios por su trabajo en el campo, considerado también uno de los creadores de humanoides/androides más realistas del mundo.

Junto a su interés por la robótica, Hanson también había estudiado escultura, de esta forma el hombre logró entender la forma en la que se deben trabajar los músculos de una cara, una conjunción perfecta para el desarrollo de una idea que llevaba tiempo queriendo realizar: el rostro de un androide de la forma más realista posible.

Así empezó con sus primeros proyectos mientras estudiaba en la University of Texas, así fue también como comenzó a labrarse un nombre con sus creaciones, aunque a todas le faltaba un detalle para ser más “realistas”. Por aquel entonces tenía muy poca experiencia con todo lo referente a la inteligencia artificial, y un robot sin “cerebro” perdía muchos enteros.

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Por ello debemos hablar del profesor Arthur Graesser. Se trata de una eminencia en Estados Unidos, un profesor y experto en IA de la Universidad de Oxford que ha publicado más de tres mil artículos y numerosos libros sobre ciencia, robótica y mente humana. Y quizá lo más importante, Graesser y varios colegas fundaron en 1985 el Institute for Intelligent Systems, desde entonces, un instituto pionero en el estudio de la inteligencia artificial en el campo educativo, siendo uno de sus trabajos más reconocidos el programa informático Auto-tutor.

Auto-tutor era un experimento innovador, una especie de sistema o IA que trataba de adaptarse con fines pedagógicos. El programa buscaba convertirse en una especie de tutor personal para los estudiantes de forma que estos aprendieran informática, física o incluso desarrollaran pensamiento crítico. Si ya cuesta imaginar en la actualidad algo así, imagínense hace unos años, pero lo cierto es que estamos ante uno de los primeros y más refinados de su clase.

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En el año 2003, durante la Cognitive Systems Workshop, los hombres que estaban destinados a “resucitar” la figura de Philip K. Dick se conocieron. Graesser había asistido a la presentación de la última creación de Hanson, una cabeza de robot bajo el nombre de K-Bot. Para ello, el diseñador había desarrollado una nueva piel sintética bajo el nombre de Flubber. El resultado había dejado impresionado al profesor. La piel del androide combinada con la experiencia de Hanson como escultor ofrecía una imagen tan realista que asustaba. Cuando terminó la presentación Graesser no se pudo resistir, se acercó a felicitar a Hanson y le dijo que estaría encantado de colaborar con él si se diera la posibilidad.

Al año siguiente, en el verano del 2004, Hanson acudió a las nuevas oficinas del FedEx Institute of Technology en Memphis. Allí iba a presentar una versión actualizada de su K-Bot bajo el nombre de Eva. Casualidad, durante su demostración Hanson acaba conociendo a Andrew Olney, un programador de gran talento que se encontraba haciendo su doctorado en el Institute for Intelligent Systems de Graesser.

Por último y antes de que la gran idea tomara forma, en la presentación de Eva también se encontraba David Dufty, el hombre que contaría en sus libros How to Build an Android: The True Story of Philip K. Dick’s Robotic Resurrection y Losing the Head of Philip K Dick-A Bizarre but True Tale of Androids, Kill Switches, and Left Luggage lo ocurrido por aquellas fechas.

Soñando con la cabeza de Philip K. Dick

Imagen: Philip K. Dick. Independent

Si tuviéramos que elegir a un personaje real para desarrollar una versión androide a imagen y semejanza, pocas personas más apropiadas que el señor Dick. Y no sólo por el número de clásicos de ciencia ficción que nos dejó el escritor. Si Philip K. Dick tuviera constancia de ello, podríamos apostar a que la simple idea le fascinaría.

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La mayoría conocerá la novela corta Do Androids Dream of Electric Sheep?, y los que no, probablemente conozcan Blade Runner, la adaptación (bastante libre) de Ridley Scott a la obra del escritor. En ella, una constante en el trabajo de Dick, se nos plantea un mundo donde los androides eran casi indistinguibles de los humanos.

Así que tomando como referencia el clásico, Hanson le propone a Graesser un proyecto irrechazable. El diseñador sabía que la creación de un androide del escritor deslumbraría a cualquier aficionado a la ciencia ficción, y de resultar un éxito, supondría una contribución al estudio de la IA impagable, probablemente además con la inyección de dinero externo.

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Graesser acepta. Su instituto construiría el cerebro y Hanson proporcionaría el cuerpo. Además, gracias a los contactos del profesor se suma al equipo Eric Mathews, el que al poco tiempo iba a ser el director del FedEx Institute. Con él llegaría una inyección de 30 mil dólares para la financiación del proyecto. Era muy poco dinero, pero pensaron que las ganas y el talento suplirían el resto.

Construyendo a PKD

Imagen: PKD. Getty

Con la idea de hacer el androide lo más realista posible el equipo encargado de añadirle diálogo desarrolló un programa personalizado mediante el uso de transcripciones de cientos de entrevistas del autor junto a pasajes de sus obras. De ninguna manera querían que el resultado final fuera un simple títere, la cabeza androide de Dick debía ser capaz de responder preguntas por sí solo.

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Según explicó Mathews, en aquella época era tremendamente difícil enfrentarse a la complejidad de muchos de los problemas. Ellos trataron de que el robot fuera capaz de escuchar, para, en base a ello, convertir la voz en texto, y a continuación y tras analizarlo, lanzar una serie de diálogos cuya respuesta respirara naturalidad.

PKD, como lo llamaron en el equipo de desarrollo, tenía dos modos. El primero era el modo chat bot, en esencia un modo interactivo con guión. Un ejemplo: al androide le podían preguntar ¿qué eres?, y PKD respondía: “soy Phil, la cabeza androide de Philip K. Dick, un retrato robot de Philip K. Dick, una máquina”.

El segundo modo era probablemente el más interesante. A través del uso de los registros masivos de transcripción del programa creado, el sistema era capaz de buscar palabras clave dentro del contexto de una pregunta. De esta forma podía formular respuestas a las cuestiones que le realizaban los científicos. En este punto y como contaron, en muchas ocasiones PKD respondía sin preguntar, pero en otras divagaba de forma semi-coherente de tal forma que parecía casi humano. Según explicó Andrew Olney (él creó el programa):

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Tuvimos momentos realmente auténticos. Teníamos un vídeo donde conversábamos con el robot sobre religión. Fue hilarante, pero jamás rehusó a cambiar de tema. Algunas de las respuestas fueron sorprendentemente plausibles.

Imagen: Philip K. Dick (androide). Hansonrobotics

Es posible que llegados a este punto alguno se esté preguntando qué opinaba de todo esto la familia del escritor. Tanto Hanson como Graesser tuvieron en cuenta desde el comienzo que necesitaban de la autorización de la familia. Primero por cuestiones morales, y en segundo lugar por los derechos de autor. Los hijos de Dick fueron testigos desde el comienzo del proyecto y dieron su visto bueno. De hecho le prometieron a Isa, la hija de Dick, que si en algún momento del desarrollo no les gustaba el camino que estaba tomando el trabajo tendría la potestad de detenerlo.

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Pocos días antes de que PKD fuera presentado en sociedad, Isa acudió al Instituto FedEx para conocer la cabeza androide de su padre. El equipo entero estaba expectante, la decisión de Isa podría acabar con el trabajo. Según explicó Mathews:

El momento del encuentro con el robot fue un momento decisivo. Ninguno de nosotros sabía lo que iba a decir PKD, mucho menos cómo iba a reaccionar su hija cuando escuchara a esta versión androide de su padre.

El encuentro de Isa con PKD fue más que extraño, pero la chica acabó aprobando el proyecto. Unos años después comentaría a Los Angeles Times:

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Cuando llegué a aquella habitación y lo vi se parecía mucho a mi padre. Cuando mi nombre fue mencionado comenzó un largo discurso sobre mi madre y la época en la que ella me cogió y lo dejó. Desde luego, no fue agradable.

De gira con un androide

Imagen: PKD en la Comic-Con. Rachel Lovinger on Flickr.

Tras la luz verde de Isa, PKD comenzó a presentarse en pequeños foros, grupos conocidos del equipo con el que podían perfeccionar el sistema. Llegados al año 2005, el cuerpo del robot debía ser fusionado con la cabeza en menos de una semana para poder ser presentado en el NextFest que organizaba la revista Wired. El medio había anunciado el evento con PKD como principal reclamo.

Llegó el día de la conferencia. El equipo estaba preocupado por una serie de problemas referentes al sonido. Las orejas del robot (micrófonos avanzados en el interior de la cabeza) tuvieron que ser afinadas para que el androide no perdiera el hilo en el momento en el que el interlocutor terminaba de hablar. A pesar de haber añadido un sistema para reducir el sonido ambiental, el equipo no las tenía todas consigo, principalmente por el ruido de los asistentes, el cual podría confundir al robot.

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La sala donde tuvo lugar la conferencia (el teatro de la Universidad), había sido insonorizada. El set donde aparecía PKD era una reconstrucción del salón de la casa de 1970 del escritor en California. De hecho, los hijos de Dick donaron algunos efectos personales del autor para darle mayor realismo al espacio, también contribuyeron con ropa original de su padre, de modo que estaban ante la reproducción más realista del verdadero Philip K. Dick.

Finalmente la puesta de largo fue todo un éxito de público. Asistieron miles de visitantes, todos queriendo interactuar con el androide. Según explicó Mathews:

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La gente esperó horas para hablar con él. Podías ver una cola tremenda por toda la sala de conferencias. El problema fue que debíamos parar cada 45 minutos, abrir todas las ventanas, y dejar que nuestro PKD descansara y se enfriara.

Tras la conferencia los periodistas asistentes escribieron maravillas sobre el androide. David Hanson se convirtió en una estrella de la robótica y el equipo entero ideó todo un tour para llevar a PKD por diferentes conferencias académicas. El androide llegó a aparecer en la Comic-Con con motivo de la presentación del film A Scanner Darkly (de Dick), aunque su presencia fue decepcionante debido a las condiciones del enclave. Sin insonorización o posibilidad de “enfriar” a PKD, su comportamiento fue demasiado errático e incoherente.

¿Dónde está la cabeza androide de Philip K. Dick?

Imagen: PKD antes de perderse. Eric Mathews (Slate)

Y así, entre conferencias y presentaciones, fue como Google llamó a la puerta de Hanson. Los de Mountain View se habían puesto en contacto con el equipo de PKD para ver si podían llevar a cabo una muestra en el campus de la compañía. Hanson era el encargado de transportar la cabeza y según contó, estaba extenuado de tantos viajes en tan pocos días.

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Debía llegar a California previa escala en Las Vegas. Durante el primer vuelo se quedó profundamente dormido. Cuando se despertó el avión acababa de aterrizar. Medio dormido, sale del avión y toma el siguiente vuelo con dirección a California. Una vez en el aire el hombre se percata de su error: había olvidado la cabeza de Philip K. Dick en el compartimento de equipaje del vuelo anterior.

Al llegar a California acude al puesto de la compañía aérea para localizarla. No queda muy claro de qué forma nuestro hombre explica a una compañía aérea que se ha dejado la cabeza de Philip K. Dick en el compartimento, pero lo cierto es que la encuentran y le comunican que la enviaran a California.

Sin embargo la cabeza nunca llegó. Unas semanas más tarde la noticia saltaba a los medios de comunicación. El mismo New York Times titulaba con un elocuente: “A Strange Loss of Face, More Than Embarrassing”. Con la pérdida llegaron decenas de cancelaciones previstas para presentar a PKD, también cientos de horas de trabajo y el fin de una epopeya que había capturado la imaginación del mundo de la ciencia y la tecnología.

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En vista de que PKD no aparecía, Hanson decide llevar el tema a los tribunales demandando a la compañía aérea. Y aunque el juez obviamente falló en contra de la demanda de Hanson, la decisión del juez terminó con un épico discurso al nivel de la odisea de Hanson y de la obra del escritor:

La corte debe otorgar la moción del demandante, pero lo hace con la esperanza de que la cabeza del androide del señor Dick se encuentre algún día, tal vez en un campo Elíseo del Condado de Orange (California), la tierra natal de Philip K. Dick, eligiendo soñar con ovejas eléctricas.

Aunque habría sido posible reconstruir el androide, tanto el coste como el tiempo empleado terminaron por derrumbar tal posibilidad. Hanson siguió su carrera y creó la compañía Hanson Robotics junto al desarrollo de otro pequeño hito, la cabeza de Albert Einstein con el cuerpo de un pequeño robot astronauta, el conocido como Albert Hubo. En el 2011 Hanson anunció una versión de PKD, la versión 2.0, que traía de serie nuevos motores faciales y un software mejorado. Pero ya no era lo mismo.

Nunca más se supo de la cabeza androide de PKD original y posiblemente la imaginación de cada uno sobre su paradero pueda ser más fascinante que la realidad. Lamentablemente también, el robot no pudo explicar si los androides, efectivamente, sueñan con ovejas eléctricas. Hanson y su equipo no encontraron una respuesta a la pregunta.