Sin información sobre cómo funciona la gramática, sin tener ninguna base de datos de vocabulario y sin conocer los tipos de palabra que existen, Annabell aprendió a hablar. Como los humanos, Annabell aprendió el lenguaje conversando con otros. Pero Annabell no es humana, es una inteligencia artificial.

Se trata de una red neuronal programada para el aprendizaje automático de idiomas. Interactúa con los humanos a través de una interfaz de texto; así aprende sustantivos, verbos, adjetivos y pronombres que luego consigue usar en el lenguaje expresivo. Ahora tiene la fluidez de un niño de cuatro años, pero su conocimiento es incremental y no tiene un tope.

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Para demostrarlo, sus creadores le introdujeron 1.587 frases sacadas de la literatura infantil. En una conversación con un adulto, Annabell consiguió producir 521 oraciones básicas. A preguntas como “¿es tu amigo más joven que tú?”, la inteligencia artificial contestaba “no, es mayor”. También aprendió a contar, el concepto de amistad y la edad que tenía.

Al principio, Annabell sólo sabía contestar con frases aleatorias, pero a partir de las reacciones de los humanos (“me gusta lo que dices”) fue aprendiendo qué respuestas eran correctas en cada caso. Todo está publicado en la revista Public Library of Science One. Los padres de Annabell son investigadores de las universidades de Sassari, en Italia, y Plymouth, en el Reino Unido.

En una entrevista con Quartz, el director del proyecto explica que las redes neuronales, basadas en nuestro cerebro, nos ayudan a entender mejor nuestro propio aprendizaje. “Annabell respalda la idea de que lo que aprendemos es el resultado de nuestras experiencias, en particular de nuestras interacciones sociales”. [vía Quartz]

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Imagen: ISchmidt / Shutterstock

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