Todo comenzó cuando me percaté de que había un bicho paseándose por el monitor de mi PC.

Uhm, pensé. Hay un bicho paseándose por el monitor de mi PC. Sacudí la mano para retirarlo y descubrí que no podía. Lo miré fijamente, sin entender lo que estaba ocurriendo. El bicho estaba ahí, pero no conseguía tocarlo. ¿Me habían hackeado? ¿Era esto algún tipo de malware?

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Finalmente concluí que no, que era un bicho de verdad, deambulando por detrás del cristal de mi pantalla. No sé cómo llegó hasta ahí, ni lo que esperaba lograr.

Avisé a mis compañeros de trabajo, que reaccionaron adecuadamente.

Entonces el bicho se salió de la pantalla (o eso pensé yo) y volví al trabajo.

Unos minutos más tarde, ahí estaba de vuelta. Decidí que necesitaba documentar lo que estaba pasando, aunque solo fuera para demostrarme a mí mismo que no estaba perdiendo la cabeza. Saqué el teléfono y grabé el siguiente video:

El ciclo se repitió durante una hora. El bicho se iba y volvía. No lo veía durante diez minutos, y entonces volvía paseándose por mi ventana de Slack como diciendo: “¿Te acuerdas de mí? Todavía estoy aquí. Dentro de la pantalla de tu computadora”.

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Voy a tener que pasar el resto de mi vida explicando lo que ocurrió después. Cuando el bicho estaba realizando su enésimo tránsito a través de mi pantalla, puse mi dedo sobre él y presioné.

No me paré a considerar las ramificaciones de esta acción. No googleé “bicho en la pantalla de mi monitor” antes de hacerlo. Ni siquiera esperé a que el bicho llegara hasta el borde de la pantalla. Apreté el dedo justo cuando estaba en el espacio más útil. Murió, dejando un pequeño cadáver negro pegado en el interior de la pantalla.

Inmediatamente después me di cuenta de que tenía un insecto muerto fijado en el interior de mi pantalla, donde permanecería permanentemente mientras yo tuviera ese monitor. Me entró el pánico e intenté golpear ligeramente el insecto, pensando que tal vez caería a una parte inferior y menos crítica de la pantalla.

En lugar de eso, explotó.

Ahora mismo hay una mancha de un centímetro de tripas de insecto ocupando el cuadrante centro-izquierda de mi monitor, una parte de la pantalla que mis ojos visitan aproximadamente seiscientas veces al día. Nunca seré capaz de no verlo, de ignorarlo, o de fingir que no está ahí. Nunca podré olvidar que su existencia es enteramente mi culpa. Me perseguirá para siempre.

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Una y otra vez, pienso en el momento en que extendí mi dedo y presioné. ¿Por qué? ¿Por qué lo hice? ¿Qué pensé que pasaría? Solo había una posible reacción a tal acción. Solo una.

Te traigo esta trágica historia con la esperanza de que, si alguna vez ves un pequeño insecto gateando por debajo de la pantalla de tu computadora, lo dejes solo. No seas como yo. Recuerda esta locura, y mi pérdida no habrá sido enteramente en vano.