Apple no solo ha lanzado un nuevo laptop llamado MacBook (a secas). También ha actualizado el venerable MacBook Air, solo que no sabemos muy bien si considerarlo una actualización o un tratamiento paliativo para que no sufra mucho mientras agoniza.

La citada actualización es solo interna. El nuevo (es un decir) Air cambia su procesador por los chips Intel Core i5 e i7 de quinta generación. También actualiza su puerto a Thunderbolt 2, e incorpora un almacenamiento SSD mejorado un poco más rápido. Si eso no es una inyección de morfina para que el paciente terminal no sufra, que baje Jobs y lo vea.

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Hasta ahora, las principales razones para comprar un MacBook Air por encima de un Pro eran el precio, el peso y la duración de las baterías. Con la llegada del Nuevo MacBook, esas razones se han reducido a poco más que el precio. Los entusiastas del flaco de los Mac llevaban tiempo pidiendo una versión con pantalla retina. El deseo se les ha cumplido, pero de una manera un poco diferente a como esperaban: con un nuevo equipo que parte de los 1.299 dólares (casi 400 más que el nuevo MacBook Air básico).

Por su parte, el aumento de potencia no es un caramelo muy apetitoso porque los que compran un Air no lo hacen por potencia en primer lugar. Si queremos un laptop Apple potente, la elección lógica es el MacBook Pro. El Air se queda así en una especie de tierra de nadie entre el Pro, y el nuevo MacBook, una tierra de nadie en la que tendrá que sobrevivir con una resolución de pantalla de solo 1366 x 768 píxeles (para el modelo de 11) o 1440 x 900 (para el de 13). No tiene nada que hacer, ni contra sus propios rivales dentro de Apple, ni contra los convertibles y ultrabooks de la competencia. El MacBook Air nació en 2008. Eso es, por citar una referencia, un año antes que el iPhone 3GS. El tiempo no perdona ni siquiera a las leyendas.

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