Al final de la edición especial de The Return of the Jedi se podían ver algunas escenas en las que muchos planetas de la galaxia Star Wars celebran la caída del Imperio. La nueva novela de Chuck Wendig, titulada Aftermath, se adentra en los acontecimientos tras el Episodio VI, y no es el final feliz que esperábamos.

Aftermath es la primera de las novelas que servirán de nexo de unión entre los acontecimientos de El Retorno del Jedi y la próxima película El despertar de la fuerza. Según el nuevo canon de Star Wars, entre uno y otra film transcurren 30 años, y Disney tiene muchos planes para cubrir ese período con varias novelas y cómics que saldrán a la venta antes de que el Episodio VII llegue a las salas de todo el mundo.

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Entertainment Weekly ha tenido acceso a un pequeño fragmento de Aftermath en el que se relatan las celebraciones por la muerte del emperador en Coruscant. Lamentablemente, una cosa es que el emperador esté muerto y otra que lo esté toda su fuerza militar, y no se toman muy bien la desobediencia civil, por muy festiva que sea.

Las cadenas repicaron a medida que se cerraban en torno al cuello del Emperador Palpatine. Pronto se les unieron decenas de cuerdas arrojadas a la estatua. La multitud lo celebraba a gritos mientras tiraban cada vez con más fuerza. La piedra comenzó a emitir un ronco quejido, como si se negara a ser desmembrada. Entonces, alguien fijó los extremos de las cadenas a un par de deslizadores de trabajo pesado. El trino de arranque de los motores se unió a los gritos de la multitud y todos tiraron al unísono una vez más.

Sonó como si un enorme hueso se hubiera fracturado. Una grieta apareció a los pies de la estatua, y la muchedumbre rompió a aplaudir cuando toda la figura se desmoronó.

La cabeza de la estatua se desprendió con un chasquido y rodó hasta la fuente provocando un enorme chapoteo. La multitud estalló en risas.

Entonces llegó el sonido de las sirenas y sus luces rojas. Tres deslizadores planearon desde las autopistas aéreas más arriba. Policía imperial. El brillo de las luces se reflejaba en sus cascos rojos y negros.

No hubo ninguna advertencia. Ninguna orden a la multitud allí congregada.

Los cañones láser en la parte frontal de cada deslizador comenzaron a disparar. Haces rojos atravesaron el aire y partieron en dos la multitud dejando una cicatriz de cuerpos caídos y cosidos a fuego.

La multitud congregada no se acobardó. Ya no era más una multitud. Ahora era una turba, y estaba furiosa. Comenzaron a recoger fragmentos de la estatua de Palpatine y arrojarlos contra los deslizadores. Uno de ellos se movió hacia un lado para evitar la lluvia de piedras y golpeó al otro vehículo, interrumpiendo su fuego. Los ciudadanos de Coruscant treparon por la espiral situada tras los dos deslizadores, un monumento de piedra grabado con los valores imperiales de orden, control y ley, y se lanzaron sobre los vehículos. Uno de los policías fue arrojado fuera del deslizador, el otro se arrastró fuera de la cabina y comenzó a disparar sus blasters hasta que una piedra le destrozó el casco, enviándole al suelo.

Los otros deslizadores tomaron altura y siguieron disparando.

Como se puede apreciar, el final feliz de El Retorno del Jedi dura aproximadamente cinco segundos, pero si realmente la Alianza Rebelde hubiera acabado con el Imperio en ese momento no habría necesidad para una nueva película ¿no? En el enlace a Entertaiment Weekly hay más texto de Star Wars: Aftermath para leer (en inglés). La novela sale a la venta el 4 de septiembre en Estados Unidos.. [vía Entertainment Weekly]

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