Deepsea Challenger / James Cameron

Cabe esperar que el punto más profundo del océano y de toda la corteza terrestre sea un lugar tranquilo, pero nada más lejos de la realidad. Las primeras grabaciones del abismo de Challenger —la parte más baja de la fosa de las Marianas— demuestran que a 10.971 metros de profundidad tampoco existe el silencio.

No sabemos mucho acerca del fondo marino de la fosa de las Marianas debido, claro, a su profundidad extrema. Allá abajo reinan la oscuridad, las temperaturas gélidas y una altísima presión que complica los intentos de estudiarlo. “La acústica es la mejor manera de obtener una buena visión del entorno” explica Bob Dziak, oceanógrafo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica.

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La fosa de las Marianas, cerca de la Micronesia

Dziak dirigió la investigación que ha obtenido las primeras grabaciones de audio del abismo de Challenger. Su equipo tuvo que diseñar y construir un instrumento que pudiera resistir la brutal presión de más de 1.000 atmósferas de la fosa —y un sistema de amarre a juego lo suficientemente lento para no dañar el dispositivo durante la acumulación de presión del dramático descenso.

Así fue como un hidrófono recubierto de titanio acabó en lo más profundo del océano y grabó, durante 23 días, el ruido de ambiente del abismo de Challenger. Las grabaciones son un poco más inquietantes de lo que podrías pensar. Se puede oír el canto de las ballenas barbadas o el sonido de los barcos que llega desde la superficie. También pudieron captar un terremoto de magnitud 5 con epicentro cerca de la fosa de las Marianas.

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El motor de un barco que pasa por encima del abismo de Challenger

El canto de una ballena barbada

Sonidos de los odontocetos y las ballenas barbadas

Un terremoto de magnitud 5 con epicentro cerca de la fosa, del 16 de julio

Dziak espera volver al abismo de Challenger para capturar más sonidos en un futuro. También le gustaría usar su hidrófono de alta presión para explorar otras aguas desconocidas, como las zonas más remotas de las profundidades del océano Ártico, que justo por esta época empiezan a abrirse a los buques con el derretimiento de las capas de hielo.

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