La pieza visual que acompaña al texto nos muestra a una cobra real a punto de comer. Lo que vemos: al impresionante reptil en acción para cazar a su presa. Una escalofriante secuencia que muestra cómo actúa la serpiente venenosa más grande que existe.

Las imágenes muestran con toda crudeza el ritual de esta cobra antes de engullir a otra de su especie. Para que nos hagamos una idea, la Ophiophagus Hannah tiene un promedio de longitud de casi 4 metros (y algunas sobrepasan los 5 metros). Una serpiente delgada y letal cuya dieta principal son otras serpientes (sobre todo ratoneras y pitones reticuladas).

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Como vemos en el vídeo, la cobra hace uso de su veneno, un tanto diferente al de otras serpientes. El mismo se compone principalmente de neurotoxinas (conocidas como haditoxinas), aunque también contiene compuestos cardiotóxicos. Contrario a lo que pueda pensarse, la cobra real no suele enfrentarse. De hecho, esta especie no suele ser particularmente agresiva e intenta escapar y evitar la confrontación.

Cuando se alarma, se eleva un tercio de su cuerpo al extender el cuello para abrir su “capucha” en señal de amenaza, mostrando sus colmillos. Esto no implica que esté en situación de desventaja, de hecho, al levantar su cuerpo la serpiente puede seguir avanzando para atacar a larga distancia. Además, la cobra puede llevar acabo mordeduras múltiples en un solo ataque.

Esta especie es capaz de inyectar una gran cantidad de veneno, con dosis que puede incluir de 500 miligramos hasta 7 ml. Por cierto, aunque la mortalidad en humanos tras una mordedura de la serpiente puede variar según la cantidad de veneno, la muerte puede ocurrir en tan sólo 30 minutos. [Smithsonian]