Luis XIV, uno de los reyes más destacados de Francia y estandarte de la monarquía absolutista, se encontraba incómodo en 1686. Le había salido un bulto en el trasero que le molestaba hasta el punto de no poder sentarse. Lo que ocurrió a finales de ese año cambiaría la historia de su país, de la música y de la medicina.

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El llamado “Rey Sol” (1638 – 1715) sufría de una fístula anal. Gracias a las pormenorizadas crónicas de sus cortesanos sabemos que las deposiciones reales se volvieron severamente dolorosas. Los médicos de la corte intentaron remediarlo sin éxito con ungüentos, lociones, enemas y dieta estricta. El rey no podía ejercer sus actividades con normalidad y se desataron rumores contradictorios: Luis XIV está enfermo, está mejor, está a las puertas de la muerte, ha sanado con sus manos a miles de escrofulosos, ha fallecido.

Herramientas utilizadas por Félix y exhibidas en el Palacio de Versalles

Luis XIV estaba vivo, pero dolorido. Y cuando fracasaron todas las pociones excéntricas de la época, fue forzado a buscar ayuda en la cirugía —una opción que no era de su agrado. La cirugía del siglo XVII conducía habitualmente a una sepsis o a la muerte. Sus practicantes eran conocidos por los ingleses como cirujanos barberos, pues la única habilidad requerida era la de cortar cosas. Incluso reutilizaban instrumentos sucios de un paciente al siguiente.

Herramientas utilizadas por Félix y exhibidas en el Palacio de Versalles

Charles-François Félix, cirujano real, no había tocado una fístula anal en su vida. Muerto de miedo, le dijo al rey que estaría dispuesto a operarlo si le daba unos meses para preparar el procedimiento. Pidió que enviaran a París a otros enfermos del mismo mal y practicó con ellos, a veces escapándose por las noches para enterrar sus intentos fallidos. También diseñó un bisturí especial, el bisturí real, que fue fabricado en plata. Seis meses después, en la mañana del 18 de noviembre de 1686, Félix se dispuso a operar a Luis XIV en un sofá de Versalles. El rey, en una postura poco palaciega y sin anestesia, dijo “Dios mío, me pongo en vuestras manos”.

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Charles-François Félix no solo no mató a Luis XIV, sino que logró repararle la fístula. El rey recibió embajadores al día siguiente y pudo reanudar su vida con relativa normalidad. En la primavera del año siguiente ya estaba curado y pudo montar a caballo de nuevo. Los cortesanos se encontraban anonadados, toda Francia se sorprendió de su rápida recuperación La cirugía fue tan exitosa que se celebró en todo el país. En Versalles declararon 1686 “el año de la fístula” (l’année de la fistule) y Jean Baptiste Lully, uno de los mejores músicos de la época, compuso para festejarlo la canción Grand Dieu sauve le Roi, que por casualidades de la vida acabó convirtiéndose en el himno del Reino Unido:

Entonces empezó a ponerse de moda entre la aristocracia operarse de una fístula anal, aunque no se tuviese ninguna. Algunos cortesanos acudían al doctor Félix, que les dejaba el ano dolorido e incontinente, y otros se paseaban por palacio con sus culos sanos envueltos en vendas, fingiendo que habían sido operados. Pero el acontecimiento de mayor importancia histórica de todo aquello fue el cambio que causó en la visión de la gente sobre la cirugía. Hasta ese momento, los cirujanos eran percibidos como comerciantes. Después del “año de la fístula”, la cirugía se convirtió en una profesión respetada, que requería inteligencia y conocimientos. [Polyrad]

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