Durante mucho tiempo un pueblo perteneciente al municipio de Tarsdorf tuvo que lidiar con un problema de difícil solución. Cuando algún visitante entraba en el pueblo no había señal de entrada al mismo. Se había convertido en la señal más robada de la historia. Ni rastro de bienvenida a las tierras de Fucking.

Puede que los fuckers, los habitantes de la encantadora Fucking, no entendiesen la razón por la que la gente estaba obsesionada con dicha placa. O quizás sí. Y entonces quizás también, la palabra de la que proviene tenga mucho que ver con el devenir de la historia de esta pequeña aldea.

El origen de F…

WTF. Wikimedia Commons

Para bien o para mal, pocas palabras han dado tanto que hablar. Probablemente, y por mucho que se reniegue de ella, la palabra fuck es una de las más vulgares, obscenas o groseras del lenguaje anglosajón (aunque hoy común en situaciones informales o familiares) forma parte de eso que llamamos cultura popular.

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Cineastas, músicos, escritores, comediantes… todos han contribuido a elevar hasta los altares una palabra que, con el paso del tiempo, ha dado lugar a todo un conjunto de acrónimos conocidos y posteriormente santificados en los nuevos lenguajes que llegaron con la red. Desde el universal what the fuck (WTF) al no menos mítico fuck you (FU), el get the fuck off (GTFO) o el shut the fuck up (STFU) que tanto gustaba a Tony Soprano.

Una palabra cuyo origen se refiere al acto de tener una relación sexual, aunque más tarde pasó a utilizarse también como un exabrupto o como un elemento lingüístico con el que se denotaba cierto desdén. De origen ciertamente difícil de descifrar con exactitud, lo que sí sabemos es que su uso moderno, tanto de fuck como de sus derivados (fucker o fucking por ejemplo), se puede utilizar como un sustantivo, un verbo, un adjetivo o un adverbio.

Si acudimos al diccionario de Oxford este sugiere que aunque la etimología final es incierta, es muy probable que provenga de una serie de palabras germánicas nativas. Por tanto, aquí tenemos la primera semejanza y parentesco con la maravillosa aldea austriaca. Un caso digno de estudio, probablemente a la altura del ex futbolista brasileño Argel Fucks, aunque esa ya es otra historia.

Bienvenidos a las tierras de Fucking

Letrero en Fucking. Getty

A 33 kilómetros al norte de Salzburgo, 4 kilómetros al este de la frontera alemana, se encuentra una pequeña aldea austríaca de poco más de un centenar de habitantes que responde al nombre de Fucking. Se cree que el asentamiento fue fundado en el siglo VI por Focko, un noble bávaro, aunque la existencia de este pedazo de tierra fue documentada por primera vez en el año 1070. Dos décadas más tarde aparecen los primeros registros históricos con el lord que respondía al nombre de Adalpertus de Fucingin.

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Lo cierto es que la propia ortografía del nombre ha ido evolucionando con el paso de los años. En este sentido su primer registro en fuentes históricas aparece como Vucchingen (1070), más tarde pasa a ser Fukching (1303), Fugkhing (1532) para acabar en el actual y épico Fucking a partir del siglo XVIII.

Ahora bien, que nadie se confunda. Fucking no significa el Fucking que estás pensando. La terminación en “ing” es un antiguo sufijo germánico que indica a las personas pertenecientes a la palabra raíz a la que se adjunta. De esta forma Fucking significa “(lugar de) la gente de Focko”.

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Desgraciadamente, con el paso de los años y los nuevos tiempos fuck y sus derivados pasaron a ser un lenguaje universal. Y con ello comenzaron a llegar los problemas para los hasta entonces felices fuckers de Fucking (de hecho, desde entonces existe la leyenda que atribuye a los fuckers el origen del acrónimo FML, es decir, fuck my life).

WHAT THE FUCK

Turistas en Fucking. Getty

Si hay un pueblo que ha acogido como suyo a la pequeña aldea de Fucking, esos son sin duda los británicos. Sin ir más lejos la primera pista de ello la encontramos en el slogan utilizado por los guías locales de la zona, quienes vienen a explicar lo siguiente:

Mientras que los alemanes vienen a ver la casa de Mozart en Salzburgo, los estadounidenses quieren ver dónde se filmó The Sound of Music, los japoneses quieren observar el lugar donde nació Hitler… pero los británicos… para los británicos todo gira en torno a Fucking.

Sí, puede que sea el humor pueril que encumbró a Benny Hill. Así parecen confirmarlo también sus habitantes. Augustina Lindlbauer, la gerente de una casa de huéspedes de la zona, señalaba en los medios hace varios años que la zona tiene una belleza espectacular con sus lagos, sus bosques y sus vistas de postal, un marco incomparable que vale la pena visitar, aunque nada de eso era importante para los británicos, quienes “tienen una obsesión con Fucking”. Para Lindbauer y el resto de habitantes, han sido años confusos, donde un día sí y otro también, había que recordarles a los turistas británicos que no había “Fucking postcards” para llevarse de recuerdo.

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Aunque si hay que nombrar un problema que perduró demasiado tiempo, sin duda fue el robo de las señales de tráfico. Durante años fue el objeto de deseo de los ingleses, el “souvenir” que se llevaban como recuerdo. Un problema para una aldea que tenía que hacer frente al reemplazo de la entrada a Fucking, coste que se reflejaba en los impuestos que pagaron los fuckers religiosamente hasta el mes de agosto del 2005.

Fucking Street Map. Wikimedia Commons

Ese año y hartos de tanto robo, las señales fueron reemplazadas por unas más sofisticadas con sistema antirrobo, soldadas y aseguradas para prevenir el hurto. Fue un día muy celebrado donde el propio alcalde dijo que amaban a los turistas y el dinero que traían a la zona, pero estaban cansados del robo continuado. Con las nuevas instalaciones los turistas ingleses tardarían una noche entera en robar una señal. Desde ese día las “Fucking signs” jamás volverían a desaparecer.

Sin embargo y debido al auge y repercusión de Fucking, comenzaron a llegar problemas de otra índole. Un residente de la aldea, Josef Winkler, intentó sacar provecho de la fama del pueblo creando la página web www.fucking.at. Allí comenzó a vender camisetas con las ya míticas señales de bienvenida bajo el lema “I like Fucking in Austria” impreso en las camisetas. El negocio de Winkler llegó a crecer de tal manera que incluso la revista Maxim se interesó por llegar a un acuerdo con el hombre.

Winkler puso fin a su pequeño periplo empresarial después de que sus vecinos le increparan varias veces e incluso le amenazaran por las calles de Fucking. Según contaría a los medios, “aquello fue un divertimento para mí y no quería herir sentimientos, pero en esta zona no puedes hacer algo así, la gente es muy tradicional”.

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En julio del 2009 el pueblo puso fin a otra de las grandes lacras que se habían estado reproduciendo con cierta asiduidad. Se instalaron cámaras CCTV en un intento de persuadir de una vez por todas a los turistas que con la llegada del verano y el buen tiempo aprovechaban las señales del pueblo para hacerse fotos teniendo relaciones sexuales frente al letrero de Fucking.

Ciclista en Fucking. Getty

Desde entonces el pueblo vive dividido entre quienes quieren que los dejen en paz y preferirían no aparecer más en la prensa y aquellos que apuestan por una zona que puede aprovecharse de los réditos del turismo. Un problema, el de tener un nombre “desafortunado”, que no es propiedad de Fucking.

De hecho y como afirmaba el medio TZ, se da la circunstancia de que numerosos pueblos y aldeas en la frontera en Alemania tienen nombres que incluso son desafortunados en alemán, nombres tales como Affendorf (pueblo de los monos), Faulebutter (mantequilla podrida), Himmelreich (reino de los cielos), Katzenhirn (cerebro de gato), Plöd (estúpido), Regenmantel (impermeable), Sklavenhaus (casa de esclavos), Unterkaka (caca baja) o Warzen (verrugas).

Sea como fuere, los fuckers de Fucking continúan viviendo con orgullo y contra viento y marea su peculiar denominación. Incluso tras el bulo que corrió en el 2012 cuando varios medios de comunicación en el que se incluían The Guardian, The Huffington Post o el Daily Mirror se hicieron eco de la noticia falsa de la web satírica The Spoof! donde afirmaban que habían votado por cambiar su nombre.

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Tuvo que salir una vez más el alcalde para desmentirlo y afirmar con solemnidad que el nombre se mantenía tal y como había existido durante siglos:

Aquí todos sabemos lo que significa en inglés, pero para nosotros Fucking es Fucking. Y se va a quedar como Fucking.