El pasado viernes 31, el Comité Olímpico Internacional dio a conocer la candidatura ganadora para los futuros Juegos Olímpicos de Invierno de 2022. Será, de nuevo, Pekin. La ciudad tiene algunas ventajas claras y un pequeño gran inconveniente que puede apreciarse en esta imagen: En Pekin no nieva prácticamente nunca.

La foto muestra la ubicación exacta en la que se supone que tendrán lugar las pruebas de esquí. La foto no está tomada en agosto, sino en enero de este año, o sea, en pleno invierno. No es que haya poca nieve, es que no hay nieve en absoluto.

Pekín ha superado a su candidatura rival (Kazajistán) por un estrecho margen de solo cuatro votos. La falta de nieve no parece preocupar al comité olímpico, que destaca en su informe los otros encantos de la ciudad china. Al haber albergado ya unos Juegos Olímpicos (en 2008), Pekín tan solo tiene que adaptar algunos de sus estadios para acoger gran parte de las pruebas que se celebran bajo techo. Es sin duda un punto importante a su favor.

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Respecto a la nieve, el gobierno chino se ha comprometido a desarrollar la infraestructura necesaria para que las regiones de Zhangjiakou y Yanqing esté estén cubiertas por un manto de nieve artificial para la fecha del evento. China tiene la tecnología y el poderío económico suficiente como para llevar esa promesa a la práctica, pero hay muchas otras dudas.

Para lograr toda esa nieve artificial van a ser necesarios muchos metros cúbicos de agua en una región en la que las precipitaciones naturales son muy escasas. De hecho, ya hay severos problemas de restricciones de agua en Zhangjiakou y Yanqing. La celebración de los juegos puede acabar trayendo no pocos problemas medioambientales y de suministro para las poblaciones cercanas. La elección de Pekin se ve cada vez más como el mal menor para unos juegos olímpicos que nadie quiere celebrar. [vía Guardian]

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