Islandia. NASA

Las llamadas Highlands, ese impresionante paisaje de película que podemos admirar en el mapa de Escocia, le podrían deber gran parte de su existencia a una enorme roca caliente que se encuentra bajo la superficie de Islandia. El gran secreto que mantendría a flote a las tierras originarias de William Wallace.

En realidad hablamos de lo que se denomina como pluma mantélica (o plumas del manto), columnas estrechas de material proveniente del manto (capa interior de la Tierra) bajo la corteza terrestre. Estas producen puntos calientes y en ocasiones lugares con vulcanismo anómalo.

Lo cierto es que la existencia de plumas del manto fue propuesta en 1971 por el geofísico William Morgan para explicar la aparición de puntos calientes. Las plumas propuestas por Morgan se originan en el manto inferior, aunque desde entonces se ha propuesto también la existencia de plumas de origen menos profundo.

Highlands. Wikimedia Commons

Por tanto, este fenómeno (cuyas observaciones sismológicas para verificar su existencia no son concluyentes) vendrían a ser las chimeneas que transportan roca caliente del interior profundo de la tierra. Dicen los investigadores que cuando se rompen a través de la superficie la actividad volcánica que generan puede alimentar la formación de islas, como en el caso del archipiélago hawaiano.

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Según explica Nicky White, de la Universidad de Cambridge, Islandia también debería su existencia a unas plumas del manto, aunque en este caso con una diferencia: el penacho de roca caliente es más irregular. De hecho y como apuntan los investigadores, se parece un poco a los pétalos de flores o una forma de estrella en la parte superior de una chimenea de roca caliente en ascenso.

Lo curioso es que nadie sabe cómo surge esa irregularidad y desde entonces ha formado parte de los grandes misterios de la naturaleza.

Escocia y los dedos de la roca islandesa

El trabajo de White con sus “dedos calientes”. Imagen: ScienceDirect

Un día, el señor White se fijó en un mapa particular del contorno de la pluma debajo de la superficie de la Tierra. De repente se le ocurrió cómo podría haber adquirido su forma irregular. El hombre recordó los experimentos de algunos de sus colegas en Cambridge.

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Ellos habían observado cómo los fluidos con diferentes viscosidades se mezclan en un espacio limitado, casi bidimensional, entre dos láminas apiladas de material rígido como el vidrio. Lo interesante es que estos trabajados hallaron que el efecto del líquido era capaz de formar un patrón radial intrincado de ramas (o de dedos).

Estos resultados fueron extrapolados por el investigador a la roca de Islandia. Su investigación asegura que el penacho se está comportando como los fluidos en los experimentos de laboratorio, aunque obviamente en una escala mucho mayor.

¿Cómo? A unos 100 kilómetros por debajo de la superficie de la Tierra se encuentra una capa llamada astenosfera, una zona de roca relativamente fluida sostenida entre dos capas horizontales de roca más rígida. La propuesta de White es que el penacho de Islandia inyecta roca caliente y líquida en esta capa y que ésta se extiende horizontalmente a través de la astenosfera, y lo hace en forma de dedos.

Highlands. Wikimedia Commons

Como decíamos antes, en experimentos de laboratorio los dedos forman una especie de patrón radial. Los dedos en el penacho de Islandia son mucho más asimétricos, probablemente porque la corteza rígida debajo de la Groenlandia más cercana es tan gruesa que actúa como una barrera, reduciendo la formación de dedos en el lado occidental de la pluma.

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Y ahora llega la parte más fascinante. Estos dedos en el lado este del penacho parecen estirarse sorprendentemente lejos, tanto como para alcanzar a Escocia e incluso a Noruega. Sorprendente, porque estos dedos calientes pueden incluso ayudar a explicar por qué Escocia y el oeste de Noruega se encuentran por encima del nivel del mar.

Dice White que la corteza terrestre bajo estas áreas es inusualmente delgada, lo que significa que ambas regiones deberían estar, en teoría, por debajo del nivel del mar:

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Algo más debe estar pasando para explicar por qué no están bajo el agua. Y esa otra cosa son los dedos calientes. Esto se debe a que la roca caliente es relativamente boyante, lo que podría compensar la delgadez de la corteza empujándola hacia arriba.

Aunque la idea de que la pluma de Islandia está influyendo en la geografía del noroeste de Europa no es nueva, el trabajo de White y su “dedo caliente” es el primer modelo que proporciona una explicación. De ser así, nos preguntamos qué opinaría el mismísimo William Wallace de esta extraña y sorprendente formación que acabaría uniendo a los escoceses con los islandeses. [ScienceDirect vía NewScientist]