Solemos dar por sentado que lo que percibimos (vemos, sentimos, saboreamos, olemos o escuchamos) es nuestra particular realidad. Si sentimos frío, es porque la temperatura es baja. Si algo sabe a café, es café. Pero la realidad es que nuestros sentidos pueden ser vapuleados y engañados continuamente, la menta es un buen ejemplo.

Cada vez que saboreamos algo que tenga menta, o cualquiera de sus derivados como puede ser los que se encuentran en una pasta de dientes, ocurre un fenómeno curioso: sentimos frío. Un frescor en la boca que se acentúa cuando bebemos agua, por ejemplo.

Advertisement

La culpa la tiene un canal iónico presente en las células de la lengua, llamado TRPM8. Ese canal está relacionado con la sensación de frío y es el que, en bajas temperaturas, se activa y manda la señal de frío al cerebro. Algunos compuestos, como el mentol de la menta o el eucalipto, da la casualidad de que también activan esos canales iónicos generando un impulso que el cerebro interpreta como frío y que en realidad no existe.

Lo curioso es que no hay nada “frío”, el agua. Si bebes la mitad de un vaso de agua antes de tomar algo que tenga menta y algo después, la sensación será completamente distinta, pero el agua permanecerá a la misma temperatura. Es algo parecido a lo que ocurre con las ilusiones auditivas, que nos hacen escuchar cosas que en realidad no están ahí.

Ocurre un fenómeno parecido cada vez que ingerimos un picante como el chile y sentimos “calor”. En este caso el receptor es otro VR1 (Vanilloid Receptor 1) pero el mecanismo que hay detrás es muy similar.

Imagen: Aggie 11/Handmadepictures/Shutterstock

***

Psst! también puedes seguirnos en Twitter, Facebook o Google+ :)