Un ciervo de cola blanca. Foto: Andreas / Flickr

El doctor Mark Zabel es un inmunólogo de la Universidad de Colorado, no un loco pirómano. Sin embargo, él y sus colegas han publicado un estudio en el que proponen quemar bosques. Dicen que es la única manera de contener una horrible enfermedad que consume el cerebro de los ciervos.

La enfermedad no es nueva. Se llama Enfermedad de desgaste crónico del ciervo (EDC o CWD por sus siglas en inglés) o caquéxia crónica y sus síntomas no son agradables de ver. El doctor Zabel los describe así:

No es difícil distinguir un animal infectado en las últimas etapas de la enfermedad. Caminan sin rumbo con paso tembloroso y la mirada vacía. Su cabeza y sus orejas están caídas, y de su boca sale una enorme cantidad de baba. Parece una auténtica enfermedad zombie.

Un documento de la Comisión de Sanidad Animal de Texas añade algunas pinceladas más que no ayudan a mejorar un cuadro ya de por sí espantoso. Los animales afectados pierden peso visiblemente y sufren de temblores, sed permanente y micción excesiva. La enfermedad es degenerativa y letal en todos los casos. Afortunadamente, la EDC no afecta a los seres humanos y hace dos años se descubrió por qué. Las personas tenemos una serie de aminoácidos que impiden el avance de los priones de esta dolencia concreta, algo que no ocurre con la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, una encefalopatía que sí afecta a las personas.

Un cartel pidiendo que no se trasladen cadáveres de ciervo de un estado a otro. Foto: Province of British Columbia

La EDC se conoce desde 1967, pero tiene un período de “incubación” largo y con síntomas poco aparentes hasta su fase final. Ello ha contribuido a que se extienda como una plaga por 24 estados de Estados Unidos. Algunas de las manadas salvajes de ciervos y alces ya tienen al 50% de sus miembros infectados.

Proteínas que devoran el cerebro

La EDC es una enfermedad priónica. En otras palabras, no la causa un virus ni una bacteria, sino un prión. Los priones son proteínas patógenas transmisibles. Ni siquiera son portadoras de material genético, pero su estructura molecular es defectuosa (está mal plegada).

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Cuando entran en el organismo, ese error estructural se transmite a las proteínas sanas, provocando una lenta reacción en cadena que destroza el sistema nervioso. Literalmente, devoran el cerebro poco a poco, dejándolo lleno de agujeros como si se tratara de una esponja. Esa característica concreta es lo que les ha valido el nombre por el que son más conocidas: encefalopatías espongiformes transmisibles. Sí, el EDC es una variante de la popularmente conocida como enfermedad de las vacas locas.

Microfotografía de tejido encefálico en un animal infectado con EEB. Foto: Wikipedia

El problema es que, aunque se sabe qué la causa, no existe cura y lo que es peor, no se conocen con precisión todos sus vectores de contagio. El contacto directo entre animales es un vector obvio, pero el patógeno está presente en las heces, orina y saliva de los animales infectados, y permanece por largo tiempo en la vegetación. Basta que un ciervo sano coma hierba o beba agua infectadas para contraer la enfermedad.

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Ello sin embargo, no explica por sí sola la extensión de la enfermedad. Mark Zabel y su equipo en el Centro de Investigación de Priones de la Universidad de Coloreado apuntan a que en algunos casos, las proteínas responsables de la enfermedad se generan espontáneamente.

Estados Unidos lleva años tratando de frenar el avance de la EDC con limitado éxito. Por todo ello, la recomendación final de los investigadores en un estudio que saldrá publicado en el número de septiembre de la revista Microbiology and Molecular Biology Reviews es poco ortodoxa: matarlo con fuego.

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Zabel y sus colegas proponen quemar de forma controlada extensiones de bosque y matorral de Parques Nacionales en Colorado y Arkansas. Con esta medida tan extrema confían en destruir los priones que aún perviven en el medio ambiente y aislar los animales sanos para que no entren en las zonas aún infectadas. De momento la Administración de Parques Nacionales no se ha pronunciado al respecto de esta medida. [New York Times vía Mental Floss]