Pesa solo 10 gramos y mide apenas media pulgada, pero se mueve por el agua como si se tratara de una manta-raya real. La diminuta criatura sobre estas líneas es un robot... o más bien un cyborg. Los límites son difusos en una creación que combina tecnología óptica con células vivas de rata cultivadas en laboratorio.

El robot es obra de un equipo de bioingeniros de la Universidad de Harvard y acaba de presentarse en la revista Science. Tan solo se compone de cuatro capas: dos capas de silicona impresas en 3D, un esqueleto de oro, y una capa de tejido muscular cultivada a partir de células cardíacas de rata cultivadas en laboratorio para que crezcan en la estructura deseada.

La clave del sistema son precisamente las células de rata, que han sido modificadas genéticamente para contraerse al recibir luz en una longitud de onda determinada. Diferentes pulsos sirven para hacerlo moverse y maniobrar, pero eso no es todo. También persigue por sí solo fuentes de luz esquivando incluso objetos.

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Las 200.000 células se alimentan de nutrientes que flotan en la solución acuosa en la que nada. En los primeros experimentos han logrado que el robot siga nadando con el 80% de sus células aún vivas después de seis semanas.

El sistema tiene sus limitaciones. Para que nadara fuera de un tubo de ensayo probablemente habría que dotar al robot de más mecanismos que protejan las células vivas del entorno, como una especie de sistema inmunitario. Con todo, abre la puerta a una nueva generación de robots en los que algunos actuadores electrónicos puedan sustituirse por tejido vivo. ¿Alguien ha dicho Terminator? [Science vía Popular Mechanics]


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