Parece una de esas pruebas de concepto impresas en 3D, pero es capaz de resistir presiones 10 veces superiores a las que destrozarían un bloque de acero. Muy pronto podríamos verlo soportando puentes, sirviendo de aislante o en aplicaciones espaciales.

El material está, de hecho, impreso en 3D, pero en su composición, además del plástico típico de esta técnica, incorpora láminas de grafeno. Sorprendentemente, la clave de su resistencia no está tanto en el material de una molécula de grosor, sino en la estructura, que recuerda un poco al coral o a una especie de colmena.

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El ingeniero Zhao Qin y su equipo descubrió que, cuanto más finas son las paredes de la estructura, más difícil es deformarla. Al introducir las dos piezas en una prensa hidráulica, la de paredes más finas se deforma gradualmente, mientras que la otra cede mucho antes y de manera más violenta. Los modelos matemáticos de la pieza indican que podrían crearse aplicaciones muy resistentes en materiales que no tienen por qué tener grafeno en su composición.

El material es una de las pocas aplicaciones reales que se ha logrado hacer del grafeno, un material que lleva años siendo la eterna promesa por sus increíbles cualidades solo comparables a lo difícil que es de manipular. [Massachusetts Institute of Technology (MIT) vía Motherboard]