Lo hemos visto en innumerables películas de ciencia ficción pero, ¿qué ocurriría si realmente un astronauta sufre algún tipo de brote psicótico en una misión espacial? Unos documentos filtrados de la NASA ofrecen la respuesta. Un manual de instrucciones para neutralizar a un astronauta “suicida” en el espacio.

No son pocas las películas del género que han tratado la aparición de un conflicto humano en el espacio que se resolvía de una u otra manera, a menudo bastante inverosímil. En la vida real podría ocurrir algo parecido, al igual que hay pautas ante un posible crimen en misión espacial, también existen una serie de procesos a seguir en caso de que un miembro de la tripulación arrastre algún problema con el que el resto de la tripulación o la misión pueda estar en peligro.

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Medidas de prevención y procedimiento a seguir según la NASA

La primera de las respuestas a la pregunta la encontramos a través de Jared Olson, instructor y controlador de vuelo del Centro Espacial Lyndon B. Johnson de la NASA, lugar donde la agencia lleva a cabo los entrenamientos y prácticas de los astronautas, también es el centro de control donde se coordina y supervisan todos los vuelos tripulados de Estados Unidos.

Antes de que se diera una situación como la que planteamos, Olson apunta que en el centro se siguen unas estrictas normas, medidas de prevención para que la probabilidad de que se dé esta circunstancia sea remota. Serían tres puntos:

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  • En primer lugar existen unos parámetros muy estudiados para elegir a los astronautas en base a su historial y a ser capaces de desempeñar bien todo tipo de situaciones bajo una gran presión.
  • En segundo lugar apunta que todos los astronautas deben y están capacitados para lidiar con el estrés.
  • En tercer lugar explica que durante las pruebas y entrenamientos se les instruye para que aprendan y entiendan que en las misiones nunca estarán solos. En este sentido se trata de que una vez comienza la misión, todos forman parte de un equipo en el que se pueden apoyar unos a otros, además de contar con el apoyo de la familia y de la propia base control desde la Tierra. En concreto los astronautas pueden llamar y hablar en privado con el director de vuelo acerca de cualquier preocupación, además cuentan con conferencias médicas privadas de manera regular donde pueden hablar sobre primeros síntomas de carácter médico o psicológicos.

¿Y si los métodos de prevención no valen porque el astronauta ya está fuera de sí? En este caso Olson explica que también existen procedimientos para tratar de ayudar y lidiar con un miembro de la tripulación que se haya vuelto violento o cuyo comportamiento haya cambiado. En el caso de que fuera necesario y fuera una amenaza para el resto de la tripulación, existe también un “manual”, que no es otra cosa que intentar contenerlo y/o sedarlo hasta que pudieran hablar con expertos en el terreno que les ayudarán a lidiar con la nueva situación durante la misión.

¿Y en el caso de que ninguna de las anteriores fuera válida? Si la situación, por la razón que sea, fuera insostenible, en ese caso la tripulación estaría obligada a volver a casa, la misión se habría abortado sin terminarse.

Documentos revelados de la NASA: cómo neutralizar a un astronauta “loco”

Años antes de que Olson y otros miembros hayan ofrecido las instrucciones oficiales de actuación, en el año 2007 salieron a la luz unos documentos internos obtenidos por The Associated Press.

Venían a ser una serie de pasos protocolarios a seguir mucho mas “serios”, relatando a las claras lo que debía hacer una tripulación si por ejemplo un astronauta ha “perdido la cabeza” e intenta destruir el sistema de oxígeno de la nave o trata de abrir la escotilla para matar al resto de la tripulación.

Bajo estas circunstancias los documentos que se obtuvieron describían un método no muy diferente al que podríamos ver en la Tierra. Resulta que la NASA en su documento apremia a que el resto de la tripulación inmovilice al astronauta “alterado” uniendo sus muñecas y tobillos con una cinta adhesiva que se incluye en el vuelo. Luego deberán amarrarlo con una cuerda de plástico. Finalmente y si fuera necesario, se le inyectaría tranquilizantes.

El documento también especificaba, aunque parece obvio, que no podría existir ningún tipo de arma en el espacio. En este sentido parece claro pensar que la contención del astronauta dependerá única y exclusivamente de la fuerza del resto de la tripulación para controlarlo.

En el caso de que estuviera sedado, tras volver a estar consciente se especifica que la tripulación deberá administrarle tranquilizantes o anti-depresivos para combatir la posible ansiedad o medicación ante brotes psicóticos, dependerá de la condición del astronauta. En el caso de que se negara a tomar los medicamentos se aprueba el uso de la fuerza.

Estas son los pasos que la NASA tenía, al menos hasta el 2007, momento en el que los documentos vieron la luz. Tras la publicación de los mismos la agencia dejó claro a través de su portavoz James Hartsfield que hasta ahora jamás habían tenido que recurrir a ninguno de estos procedimientos.

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