Un ejercicio de precisión, de minimalismo, de diseño reducido a la esencia. El mismo nombre, MacBook, ya es toda una declaración de intenciones. No hay Air, ni Pro, ni ningún adjetivo detrás. Solo una pantalla, un teclado, un único puerto USB Type C y una pregunta en el aire: ¿es suficiente?

Steve Jobs sembró en el alma de Apple una visión de producto en la que por cada en su diseño hay 100 noes detrás. En ese sentido, el nuevo MacBook es la lista más larga de noes que Apple ha hecho nunca. La negación a todo excepto a lo esencial.

Y de algún modo, funciona. El nuevo MacBook no es ni mucho menos perfecto. No es ese producto redentor, casi mesiánico, que muchos esperan de una compañía como Apple. Es a la vez el portátil mas interesante que han firmado en años y el más imperfecto.

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Esa dualidad alberga una promesa. O una premonición, según se entienda. En dos, tres o cuatro años, es muy probable que la mayoría de portátiles del mercado se parezcan a esto. La negación a todo, excepto al alma misma de un portátil: pantalla, teclado, portabilidad. ¿Hace falta algo más?

Qué es

Es el último ordenador portátil fabricado por Apple. Un nuevo modelo que recupera el nombre “MacBook” (extinto con el MacBook unibody blanquito) y lo convierte en un portátil con una pantalla Retina de 12 pulgadas y alta resolución, un procesador Intel Core M a 1,1 o 1,2 Ghz, 8 GB de RAM, 256 o 512 GB de disco duro según el modelo, una batería que dura en torno a las 10 horas, un touchpad con la tecnología háptica de Apple llamada Force Touch, toma de auriculares y un único puerto, un USB Type-C que actúa al mismo tiempo como punto de carga y como puerto para periféricos.

Por qué importa

La última vez que Apple realizó una jugada parecida, en 2008, Steve Jobs se subió al escenario, sacó un sobre y de él salió lo que hoy conocemos como MacBook Air. Durante estos 7 años (¿7? el tiempo vuela), el MacBook Air ha crecido hasta convertirse en el mejor referente de lo que un portátil es hoy en día y el resto de la industria, con los Ultrabooks como bandera, ha seguido su trayectoria, su estela.

Para una compañía como Apple, esa maniobra no es nueva. El iPod, el iPhone y el iPad generaron todos movimientos similares. Pero usar esos productos sin embargo como argumentos para esgrimir que con el nuevo MacBook volverá a ocurrir lo mismo es falaz, y absurdo. La historia no siempre se repite, de lo contrario sería un ciclo. Los imperios caen, y los pasos en falso se toman a menudo.

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Hay, con todo, una serie de elementos en el MacBook que prometen ese futuro y dentro de sus virtudes, que ahora veremos, y sus defectos, que también, se esconde inquieto un balance que resulta demasiado prometedor como para ser obviado.

Diseño

Es espectacular. El portátil más bonito que Apple ha diseñado nunca. Supongo que no hay manera más simple y rotunda de decirlo.

En mi caso particular había visto el nuevo MacBook en fotos, en vídeos, en renders y en varias comparativas. Y aún así, la primera vez que lo tuve delante de mis ojos consiguió levantarme un wow mental de admiración. Es algo que no se entiende del todo hasta que tienes uno delante, una de esas sensaciones curiosas y a la vez tan propias de Apple.

Con 920 gramos de peso es ligero, muy ligero. Tanto que el exceso se convierte por momentos en defecto. Cuando lo he cargado en la mochila, han sido varias veces las que he tenido que parar a comprobar que efectivamente estaba ahí y no ha desaparecido por arte de magia o de algún ratero con buen ojo (los momentos en los que rebuscas hasta que lo encuentras son parecidos a un microinfarto).

Viene en 3 colores: Oro, Plata y Gris Espacial. Sí, son los mismos que en el iPad Air, el iPad mini y el iPhone. Indagando aquí y allá y hablando con algunos empleados de Apple, parece que la compañía está promoviendo a nivel interno el concepto de “unidad” y “continuidad”. Lo está haciendo todo el rato, y de manera agresiva. Forma parte de ese Continuity que pretende difuminar los límites entre OS X y iOS. Mi apuesta personal: estos colores pronto complementarán al gris actual en los sucesivos modelos de MacBook Air y MacBook Pro.

Los colores llegan, por cierto, con un (pequeño) compromiso. Ya no hay manzanita retroiluminada, se sustituyen por otra de aluminio bruñido que va con el color en cuestión de la carcasa. Ignoro si es una característica localizada de este MacBook concreto pero cuesta decir adiós a algo tan icónico como la manzana iluminada.

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Un último detalle: el diseño está tan bien conseguido que a pesar de lo ridículo de su peso sigue siendo posible abrir la tapa con un solo dedo mientras el MacBook reposa en la mesa completamente estable, sin bamboleos o movimientos.

Usando el MacBook: futuro con compromisos

Cuando comienzas a usar el MacBook hay dos detalles inmediatos que saltan cual alarma nuclear: la pantalla y el teclado.

Comencemos por la pantalla. Parte de ese wow mental que refería antes tiene su razón de ser en ella. Es Retina, 2304x1440 pixeles que se encargan de brillar en toda su gloria. La pantalla es la responsable, por sí misma, de llamar la atención por encima de elementos del MacBook. Es un imán de miradas. Usándola, los principales beneficiados con evidentemente películas e imágenes pero también brilla cuando navegamos por páginas webs. La pantalla me parece, a simple viste, algo mejor que el respectivo panel Retina del MacBook Pro, aunque probablemente la diferencia sea mínima.

Un teclado ajustado

Con respecto al teclado, Apple ha tenido que rediseñarlo por completo para adecuarlo al grosor mínimo del dispositivo. Por un lado ha hecho las teclas más grandes, un 17% en total, por otro lo ha adelgazado al máximo. Eso implica que el tradicional mecanismo con forma de tijera que soporta las teclas de la mayoría de sus teclados se ha sustituido por otro en forma de alas de mariposa y que minimiza notoriamente el grosor necesario para que cada tecla individual funcione.

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En cuanto al rediseño físico de la disposición de las teclas, acostumbrado durante años al resto de teclados de Apple, el periodo de adaptación llevó un par de horas, pasadas las mismas mis dedos se movían sobre las teclas con la misma velocidad de siempre.

La magia, sin embargo, se acaba aquí. El rediseño en el mecanismo de cada tecla viene con un precio a pagar: el recorrido de cada pulsación es demasiado corto. Me explico: cuando usas un teclado “normal”, aunque sea de manera imperceptible el resorte de cada tecla amortigua parcialmente el impacto de tus dedos contra el teclado. Esa particularidad tiene como consecuencia principal que la fatiga al teclear durante periodos largos de tiempo aparece más tarde, o incluso desaparece por completo. Es, en esencia, lo que hace a los teclados mecánicos tan atractivos.

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Eso no ocurre con el MacBook, como el recorrido que tiene cada tecla una vez pulsada es tan corto (porque no hay espacio para ello, básicamente), la sensación final se parece mucho mas a percutir tus dedos contra una superficie rígida que contra una serie de mecanismos accionables. En mi experiencia, y después de escribir fragmentos moderadamente largos de texto durante unas horas, como este, mis dedos estaban pidiendo tiempo muerto.

Force Touch

El MacBook tiene una pequeña genialidad escondida en su touchpad: el mismo motor háptico que Apple ha diseñado para el Apple Watch y que proporciona varios niveles de respuesta según lo mucho o lo poco que apretemos. Se aplica en varias partes del sistema operativo, aunque en mi opinión no en las suficientes.

Por ejemplo: podemos avanzar o rebobinar un vídeo con mayor o menos intensidad según apretemos con más o menos fuerza, o podemos realizar un segundo clic sobre una palabra en Safari para abrir el diccionario.

En realidad, el clic es el mismo, basta pulsar el touchpad con el MacBook apagado para darse cuenta. Pero el feedback físico del dispositivo, la sensación que viene de vuelta, cuando está encendido, es completamente distinta, como si hubiese varios intervalos de “clics” recogidos en uno solo.

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¿Es útil? Sí, es muy útil, pero por desgracia está limitado sólo a unas cuantas aplicaciones nativas del sistema: Safari (que es mi navegador principal), Quicktime (que rara vez uso), Calendario, Agenda y Mapas (más de lo mismo). Hay, eso sí, un SDK público para que los desarrolladores monten sus propias interacciones del sistema. La de Pixelmator es bastante inteligente: el grosor del pincel aumenta o disminuye según apretemos con mayor o menor fuerza.

Un único puerto para dominarlos a todos

El MacBook sólo tiene un puerto, un USB Type C, que cumple al mismo tiempo la función de puerto de carga y de punto de conexión de periféricos. ¿Una locura? En mi opinión, no.

El mejor ejemplo es el siguiente: junto a la unidad de prueba, Apple adjuntó un adaptador de USB Type C a USB normal. Me pareció un buen detalle así que lo dejé en la mesa, en su caja original, pensando que lo abriría cuando me fuese necesario y... eso fue todo.

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Eso fue todo. En serio. Ese es el ejemplo. Cuando me senté a escribir la reseña me di cuenta de que el accesorio seguía ahí, impertérrito, simplemente porque durante varios días utilizando el MacBook como mi máquina de trabajo principal no había sentido en ningún momento la necesidad de conectar un USB tradicional hasta el punto de olvidar por completo de la existencia del accesorio en cuestión.

Es un caso personal, y tiene que ver con la manera en la que yo trabajo y en el uso que yo le doy al MacBook, pero sospecho que no soy el único. Hace años que no utilizo una memoria USB de manera regular (y aunque quisiese hacerlo servicios como Dropbox, OneDrive o Infinit son más efectivos en la tarea). Al resto de dispositivos susceptibles a ser usados mediante USB, como ratones o impresoras, ya tengo conexión por vía inalámbrica en la mayoría de los casos.

No es un drama. Aunque lo parezca, aunque choque, aunque sorprenda. Es un paso necesario. El mismo paso que Apple dio en 1998 cuando no incluyó la unidad de diskettes en el iMac, el mismo que dio Apple cuando eliminó el puerto Ethernet del MacBook Air o cuando eliminó el lector de CDs del iMac. Es el paso que simboliza bien cómo estaremos utilizando la electrónica de consumo en unos años: sin cables, sin intermediarios, sin ataduras.

El puerto USB Type C tiene además otras ventajas. Empiezan en el mismo cargador. Se parece mucho al de un iPad pero el cable tiene una entrada USB Type C en ambos extremos. Es el primer Mac de la historia que no incluye un cargador propietario. Implica que podremos cargar el MacBook con accesorios de terceros e implica que cuando el USB Type C deje de estar en el reducido nicho en el que se encuentra ahora podremos cargar el móvil y el portátil con el mismo cable. Es una sensación curiosa.

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Es la misma sensación curiosa que durante estos días hizo que el MacBook me recordara mucho más a un iPad con teclado que a un portátil convencional. Ahí está, quizá, la clave de todo. Se carga como un iPad, incluso suena como un iPad cuando conectamos el cargador. El icono que aparece cuando está sin batería es idéntico al de un iPad y al de un iPhone. La duración de la batería es casi idéntica. Ni siquiera suena, porque no tiene ventilador, como el iPad, como el iPhone.

En muchos sentidos, el MacBook se siente más como un iPad glorificado que como un portátil ajustado. Es el alma del dispositivo, lo que lo define, y la primera consecuencia de ello es el rendimiento. El rendimiento del MacBook no es ni mucho menos malo pero tampoco es óptimo. El del mejor modelo, con el Intel Core M a 1,2 Ghz, está por debajo del Air más básico. Es el equivalente, según la propia Apple, al funcionamiento de un Air de hace unos 2 o 3 años.

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Eso implica que funcionará impecable cuando lo utilicemos para navegar, ver fotos, escribir en Word/Pages y realizar tareas de ofimática ligera. El uso en definitiva, se crea o no, que el 90% de los mortales le da a un portátil. Pero se atascará algo más si empezamos a abrir pestañas a chorro, a cargar páginas en Flash o ejecutar programas pesados. He podido jugar sin problema a juegos ligeros como Hearthstone, Minecraft o League of Legends, pero eso es todo. No puede ir más allá.

Una vez más, toca acordarse irremediablemente de aquel Air de 2008: no era potente en el sentido estricto de la palabra, renunciaba con fuerza a varias elementos comunes de los portátiles de la época como una conexión Ethernet o un lector de CDs. Era una promesa. Y el tiempo le dio la razón.

Nos gusta

  • La pantalla: Es increíble. Es la mejor pantalla que hay en un portátil. Su tamaño, que se sienta cómodamente entre las 11” pulgadas del Air más pequeño y las 13” del más grande, para mí también es ideal.
  • Colores: Mi favorito particular es el Gris Espacial, pero el Oro y el Gris también son espectaculares. Mi creencia es que llegarán pronto al resto de líneas de MacBook.
  • USB Type-C: Sorpresa o no, el único puerto entra dentro de las cosas que me gustan antes que en las que no me gustan. Me deja cargar el portátil con la misma facilidad que un teléfono o una tablet, ocupa poco, es reversible y si necesito accesorios, como es un estándar, puedo comprarlos en internet a una fracción de precio de los originales.
  • El Intel Core M no hace ruido: porque no tiene ventilador. Es glorioso.

No nos gusta

  • Teclado: puede que sea sólo un primer paso hacia teclados mejores, pero el de ahora es, cuanto menos, algo justo. Especialmente para teclear durante largos periodos de tiempo.
  • Batería: No es mala, de unas 8 a 10 horas, pero acostumbrado a las dulces mieles de los últimos MacBook Air el salto a la baja se nota, quizá demasiado.
  • Cámara frontal: es de 480p. WTF. Utilizarla para llamar por FaceTime o por Skype es algo parecido a recrear un Van Gogh difuso con tu cara. Si la habitación está en penumbra o no hay mucha luz el resultado es aún más tenebroso. En 2015 y con el resto de la familia MacBook montando cámaras de 720p es una decisión que me cuesta entender.

¿Me lo compro?

Sí y no. El MacBook es un producto increíble, pero no es de ningún modo un producto para el público masivo. Es una promesa. Un primer paso. Un pionero. Como quieras llamarlo pero si quieres comprarlo entiende antes, a razón de lo expuesto sobre estas líneas, sus fortalezas y sus virtudes.

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El MacBook es el mejor recuerdo de aquel Air de 2008, otra vez. Una primera pista del camino que Apple quiere recorrer en términos de portátiles. El MacBook es la unión, la ligadura todavía imperfecta, entre el iPad Air y el MacBook Air, el punto intermedio en el que se dan la mano. Conforme pase el tiempo, el iPad será más MacBook y el MacBook será más iPad. Entre medias estará esto.

Si eres estudiante (con dinero), desarrollador, o viajero frecuente es posible que el MacBook tenga un hueco para ti. Cuesta $1299 dólares o 1449€ en su versión más básica, $1599 o 1799€ en su versión más avanzada. Para cualquier otro uso más avanzado o que requiera de software más exigente en cuanto a recursos, toca esperar. Y el Air o el MacBook Pro Retina siguen siendo opciones válidas, al fin y al cabo.

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