Imagen: Daniel Janzen y Winnie Hallwachs, University of Pennsylvania

Dicen que la naturaleza es sabia, y esta historia es el mejor ejemplo. En la década de los 90, un grupo de investigadores se embarcó en un curioso experimento con toneladas de residuos de alimentos en un terreno desolado. 20 años después, tuvieron que viajar dos veces al mismo lugar porque no lo reconocían.

Se trataba de un proyecto de conservación experimental. El plan nació en 1997 cuando los investigadores de Princeton, Daniel Janzen y Winnie Hallwachs, se acercaron al fabricante de zumo de naranjas de Costa Rica, Del Oro, con una oportunidad única.

Imagen: Daniel Janzen and Winnie Hallwachs, University of Pennsylvania

Si la compañía se comprometía a donar parte del terreno que bordeaba el Área de Conservación de Guanacaste al parque nacional, se le permitiría deshacerse de su cáscara de naranja desechada sin coste alguno en tierras degradadas del parque. La compañía de zumos aceptó el acuerdo y unas 12.000 toneladas de cáscara de naranja fueron transportadas a un paisaje estéril.

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¿Qué ocurrió? Que el diluvio de residuos orgánicos ricos en nutrientes tuvo un efecto casi instantáneo sobre la fertilidad de la tierra. Según ha explicado Timothy Treuer, de la Universidad de Princeton:

En unos seis meses, las cáscaras de naranja se habían convertido en este espeso suelo franco arcilloso.

Daniel Janzen and Winnie Hallwachs, University of Pennsylvania

Sin embargo, a pesar de este prometedor comienzo, el experimento de conservación no duró mucho. Un fabricante de zumo rival llamado TicoFruit demandó a Del Oro, alegando que su competidor había “contaminado un parque nacional”. El Tribunal Supremo de Costa Rica se puso de parte de TicoFruit, y el ambicioso experimento se vio obligado a terminar. El resultado fue que el sitio quedó prácticamente olvidado durante los 15 años siguientes.

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En el 2013, Treuer decidió evaluar el lugar mientras visitaba Costa Rica para otra investigación. Había un problema cuando llegó: no encontraba el terreno desolado. De hecho, el investigador cuenta que viajó dos veces a la misma región para darse cuenta de que el paisaje árido había sido transformado en una densa selva.

Estado actual de la zona. Daniel Janzen and Winnie Hallwachs, University of Pennsylvania

Al comparar el sitio con un área de control cercana que no había sido tratada con las cáscaras de naranja, el equipo encontró que la zona experimental proporcionaba un suelo más rico, con más biomasa por árbol y una diversidad de especies arbóreas mucho más amplia. ¿Cómo pudieron generar unas cáscaras semejante escenario? Según el investigador:

Esa es la pregunta del millón de dólares de la que aún no tenemos respuesta. Sospecho firmemente que se dio una cierta sinergia entre la supresión de la hierba invasora y el rejuvenecimiento de los suelos muy degradados.

Sea como fuere, mientras los investigadores estudian qué mecanismos llevaron a convertir un área estéril en un exuberante bosque, el equipo espera que el experimento inspiré a otros proyectos similares para la conservación, “sería el mejor legado”, finaliza Treuer. [Scientific American vía ScienceAlert]