Castillo de arena. Wikimedia Commons

Independientemente de que prefieras los deportes acuáticos o relajarte con un buen libro, ¿quién no ha construido alguna vez un castillo en la playa? Para ser más precisos, es posible que debamos hablar de “intentar”, porque el noble arte de hacer una construcción de arena no es tan sencillo. Esto dice la ciencia.

Sí, la ciencia también tiene una fórmula para hacer castillos de arena. Quizás porque los investigadores también tienen vacaciones, y en vez de hacer surf o leer algo, algunos se dedican a sacarle provecho a la situación con el estudio de estas edificaciones de la Eda Media, en su versión de arena.

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La fórmula para convertirte en un arquitecto medieval en la playa que ya quisiera Calatrava la ofrece el investigador Matthew Robert Bennett. El hombre, geólogo de profesión experto en sedimentología, es decir, en el estudio de los fragmentos de roca, recibió una curiosa proposición por parte de una empresa de vacaciones: un trabajo sobre los secretos para construir un majestuoso castillo de arena que resista al tiempo.

Castillo de arena. Wikimedia Commons

Bennett comenzó a estudiar qué tipo de espacio funcionaría mejor. Para ello, comparó la arena de diez de las playas más populares en Reino Unido. De todas ellas escogió aquella cuya arena era el lugar perfecto. Según el investigador:

A partir de aquí se trata de una cuestión de gusto más que de reglas estrictas. Algunos podrían preferir un lugar cerca del aparcamiento, con fácil acceso cuando llega la lluvia, mientras que otros pueden querer quedarse al lado de una cafetería. Otros podrían anhelar pequeñas calas de la playa, quizás protegidos por rocas que mantienen a raya el viento cortante.

Bennett explica que para mantener un castillo “en alto” necesitamos arena fuerte. La fuerza depende de las propiedades de sus granos individuales y del agua que exista entre ellos. Cuanto más angulares sean los granos, mejor se mezclarán juntos. De la misma forma, cuanto más trabajamos un grano, más redondeado se vuelve. Además, cuanto más finos sean los granos, más capacidad de mantener el agua tienen. Y el agua importa mucho para nuestro castillo. Según el investigador:

Castillo de arena. Wikimedia Commons

Si hay demasiada agua la arena fluirá, y en muy poco tiempo se desmoronará. Debemos hacerlo bien para que el castillo se mantenga y dure. Todo depende de la tensión superficial del agua: lo que le confiere esa “piel” a un vaso de agua y sostiene ese vaso cuando se coloca en una parte superior de la barra de un bar. La película de agua entre los granos de arena individuales es lo que da a la arena su fuerza, demasiada es capaz de lubricar un grano sobre el otro, pero la justa los une fuertemente.

Castillo de arena. Wikimedia Commons

El experimento del geólogo sugirió que el castillo de arena perfecto requiere de un cubo de agua por ocho cubos de arena seca. Si tuviéramos que trasladarlo a una fórmula sería “Agua=0,125 x arena”. Además, el lugar donde debemos realizar el castillo debe situarse justo por encima de la línea marcada por la marea alta, es decir, aquella que generalmente deja restos de algas (o la línea más alta donde se divisa la arena “seca” de la “mojada”. La siguiente sugerencia tiene que ver con la calidad de las herramientas:

En mi experiencia, hay una correlación directa entre la edad del “albañil”, el tamaño de la pala y la velocidad a la que llega el aburrimiento. Una selección correcta de herramientas mantendrá la mano de obra en armonía. El cubo también tiene que ser del tamaño y forma perfectos. Los mejores cubos son los redondos y simples.

Por último, Bennett habla del tamaño, cuanto más grande mejor. Y no olvida recordarle a la gente que, aunque no tengan la maña y el “arte” de algunas personas, lo más importante a la hora de construir un castillo de arena es divertirse. [Phys]