Cuando hablamos de Rasputín se juntan dos grandes leyendas: su muerte y su pene. Vamos a intentar esclarecer lo ocurrido hace ya bastante tiempo porque con el paso de los años Rasputín parece haber sobrevivido a la muerte tocando la guitarra con un miembro de nada menos que 30 centímetros. Y no todo es cierto.

Durante el mes de diciembre del año pasado se cumplían 100 años de la muerte de uno de los personajes que más historias, reales y ficticias, ha dado a la literatura. Grigori Yefimovich Rasputín, el monje loco de Rusia, el sanador místico, el tipo espiritual nacido en el pueblo de Pokrovskoe en Siberia, ejerció una enorme influencia sobre la familia real rusa, en particular con Alexandra, la zarina, quien buscaba a un sanador espiritual para curar a su hijo hemofílico, Alexei.

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La vida de Rasputín fue, sin ninguna duda, una vida extraña. Claro que ninguna de las historias y aventuras que se cuentan se acercan a las historias que rodean al día de su muerte.

Eso sí que fue extraño.

El día de la muerte de Rasputín

Rasputín. Wikimedia Commons

Lo que se sabe es que una noche Rasputín acudió al Palacio de Yusupov en San Petesburgo invitado por el príncipe Felix Yusupov. El cadáver congelado de Rasputín fue recuperado días después en el río Neva. Lo que ocurrió entre estos dos eventos ha dado lugar a toda una leyenda.

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Si hacemos caso al relato más famoso y conocido de los acontecimientos, entonces debemos acudir el mismísimo Príncipe Yusupov a través de sus memorias Lost Splendour. Ocurre que con el tiempo no han sido pocos los que han criticado el contenido de la misma, una obra que se acerca más a la historia de aventuras de un niño que a un documento histórico confiable, por tanto la duda es demasiado grande sobre la autenticidad de lo escrito.

Según Yusupov, cuando Rasputín llegó al Palacio fue llevado a la bodega donde le ofrecieron un pequeño banquete a base de pasteles y vino. En la sala que tenían encima se podía escuchar un gramófono, el cual debía engañar al monje para que pensara que había una fiesta.

El príncipe y sus cómplices lo habían planeado todo al detalle. Los pasteles ofrecidos a Rasputín tenían el suficiente cianuro de potasio como para matar a un monasterio lleno de monjes. La situación descrita por Yusupov no está exenta de momentos un tanto cómicos y surrealistas. Al parecer, mientras el príncipe observaba fijamente al monje a la espera de su muerte, Rasputín le sonreía mientras seguía engullendo un pastel tras otro.

Yusupov. Wikimedia Commons

Era increíble la supervivencia del monje, así que Yusupov decidió que había que hacer algo más y echó cianuro a una copa de vino y luego le entregó a Rasputín. En lugar de caer inconsciente sobre el suelo en cuestión de segundos, tal y como se esperaría de semejante cantidad de cianuro, el bueno de Rasputín continuó bebiendo y comiendo, si acaso un poco más feliz y risueño por el efecto del alcohol.

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Pero Yusupov no se venció. Volvió a echar cianuro en una segunda copa y se la volvió a dar al monje. Al poco tiempo y en vista de que no parecía hacerle efecto, el príncipe le pregunta a Rasputín que si se sentía mal, a lo que el monje responde:

Sí, mi cabeza la siento algo pesada y tengo una sensación de ardor en el estómago.

La tercera copa de vino con veneno le hizo el efecto contrario. Rasputín incluso se sintió mejor que con la segunda copa y se vino arriba (en este punto hay quien lo adereza con una guitarra y un par de notas de folclore ruso). Lo cierto es que después de haber ingerido todo el cianuro en poder del príncipe, el grupo de Yusupov se encontraba perdido, “¿Y ahora que hacemos?”, se decían. Todos comenzaron a tener serias dudas sobre si era cierto o no esa inmortalidad de la que hablaban en la calle.

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Así fue como le dispararon. Según el relato la bala parecía haber entrado en el cuerpo muy cerca del corazón, por tanto debía ser una muerte segura. Los hombres se acercan al cuerpo tendido del monje y ocurre un hecho insólito. Los ojos de Rasputín se vuelven a abrir y acto seguido reacciona violentamente. Rasputín ataca a Yusupov.

Cuarto donde Yusupov llevó a Rasputín la noche de su muerte. Wikimedia Commons

Entonces tiene lugar una lucha encarnizada cuerpo a cuerpo. En un momento dado el príncipe consigue librarse y huye escalera arriba. Rasputín le persigue (no olvidemos, con un bote de cianuro y una bala en el cuerpo). Yusupov accede hasta un patio y Rasputín llega poco después. En ese momento el monje recibe el impacto de cuatro disparos antes de caer al suelo.

Después de ver que Rasputín tenía más vidas que un gato y con el fin de cerciorarse de su muerte, los asesinos lo envuelven con telas, atan el cuerpo con un pedazo de lino, lo empaquetan y se dirigen a la isla Petrovski, espacio donde dejan caer el cuerpo desde un puente en el río Neva.

Y hasta aquí el relato fantástico de la muerte de Rasputín según el Príncipe Yusupov. Ocurre que la historia suena muy fantástica de principio a fin. Y aunque es verdad que el ser humano ha logrado hazañas físicas increíbles a pesar de tener heridas o lesiones terroríficas, lo que ocurrió con Rasputín era difícilmente verídico.

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Por ejemplo, han existido casos donde tras una pelea y posterior apuñalamiento directo al corazón, el herido se ha mantenido en pie durante un tiempo. Desde este punto de vista podría ser factible que Rasputín estuviera vivo después del primer disparo, e incluso capaz de una pelea malherido. Pero claro, ¿cómo demonios pudo sobrevivir al cianuro? ¿Es posible que alguien pueda sobrevivir a tal cantidad en su cuerpo?

Las cinco teorías sobre la inmunidad de Rasputín al cianuro

Cuerpo de Rasputín tras recuperarlo del río. Wikimedia Commons

La primera de las teorías que se suele repetir es la de que el príncipe o quien quiera que fuera el encargado de preparar el veneno, hizo un trabajo horrible, una basura vamos. Porque o bien no utilizaron el suficiente cianuro, o bien el stock que tenían del veneno era tan antiguo que había perdido parte de su toxicidad. Aunque esta teoría es plausible, hoy, más de un siglo después, seguimos sin saber si es cierta.

La segunda de las teorías es la más peliculera. En ella se dice que Rasputín, consciente de los frentes abiertos que tenía y de la posibilidad de que alguien tratara de matarlo (de hecho ya había sobrevivido a un asesinato), había decidido protegerse contra el veneno. Y no sería el primero.

Quizás estaba inspirado por el rey de Pontus en el primer siglo AC, quien, temeroso como Rasputín a un posible envenenamiento se inventó un antídoto o preventivo. Dicho de otra forma, esta teoría aboga porque Rasputín se dedicó a ingerir cianuro en pequeñas cantidades durante mucho tiempo para desarrollar inmunidad hacia el mismo. ¿Puede ser esto real?

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Es cierto que el cuerpo puede llegar a desarrollar una inmunidad natural o tolerancia a algunas sustancias tóxicas mediante la administración de dosis muy pequeñas durante un período de tiempo (obviamente que a nadie se le ocurra). Algunos de estos compuestos tóxicos incluyen, por ejemplo, veneno de serpiente, ricina y opiáceos. Pero desafortunadamente para los amantes del Rasputín más épico, el cianuro no se encuentra entre esas sustancias. Simplemente no puede acumular una tolerancia natural al cianuro usando este método.

Cuerpo de Rasputin con los agujeros de bala. Wikimedia Commons

La tercera teoría es muy simple: el señor Rasputín tenía una gastritis de caballo por culpa del alcohol, lo que puede conducir a tener menos ácido en el estómago. Sin ácido en el estómago el cianuro de potasio no puede ser convertido en cianuro de hidrógeno, y por lo tanto estaríamos ante una sustancia considerablemente menos tóxica.

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Y sí, también es muy plausible, pero hasta donde dicen los libros de historia, Rasputín jamás se quejó de sufrir algo parecido.

La cuarta teoría es aquella que dice que sus asesinos le dieron involuntariamente el antídoto junto con el veneno. Los estudios han demostrado que las ratas que reciben azúcar con cianuro funcionan mejor que aquellas alimentadas sólo con cianuro. La teoría, aunque no probada, es que el azúcar se une al cianuro de una manera que permite su excreción antes de que pueda ser totalmente absorbido en el cuerpo. Si esto es verdad, entonces los asesinos escogieron el peor menú posible para el cianuro: los pasteles azucarados y el vino.

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Por último tenemos la teoría que dice que el Príncipe Yusupov le dio el veneno y que en muy poco tiempo y debido al nerviosismo, acabó disparándole antes de que el veneno le hiciera el efecto deseado. Claro que esta teoría pierde toda la épica del personaje, y quizás, quien sabe, es la que más se ajusta a la realidad.

La verdad sobre el legendario pene de Rasputín

El pene de ¿Rasputín? en el Russian museum of erotica. Alexander Drozdov

Sin embargo y una vez que Rasputín ya estaba muerto, una parte de su cuerpo seguía dando que hablar. De hecho si uno se acerca al Russian Museum of Erotica de la ciudad de San Petersburgo podría admirar (no sé si es la mejor palabra) una de las adquisiciones que guardan con mayor celo: el pene de Rasputín.

No son pocas las perturbadoras y grotescas imágenes que nos podemos encontrar en Internet con toda clase de jóvenes y no tan jóvenes fotografiándose con el supuesto miembro del “monje loco”. Lo cierto es que parece un pene pero, ¿humano? ¿es de verdad el pene de Rasputín? ¿El mismo al que según cuenta la leyenda medía más de 30 centímetros?

Es curioso, con Rasputín todo se convierte en místico. Y las historias sobre su miembro no iban a ser menos. Dicen que el día de su muerte una criada del Palacio encontró el miembro cortado en la escena del crimen, y la mujer lo guardó. En los años 20 un grupo de mujeres rusas que vivían en París lo habrían adquirido (o así lo creyeron) y lo mantuvieron como una especie de altar y reliquia santa escondido en un ataúd de madera.

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Años después y al llegar a oídos de la hija de Rasputín, Marie, esta exigió a las mujeres que devolvieran el miembro a la familia (tal cual). Presumiblemente la hija se quedó con el pene del padre hasta que murió en California en 1977. A continuación al pene se le perdió la pista hasta que casualmente acabó en manos de Michael Augustine, quien dijo haberlo encontrado en una bolsa de terciopelo junto a algunos manuscritos de Marie Rasputín que compró en una tienda de segunda mano. Augustine vendió el pene a la casa de subastas Bonham, quienes acabaron descubriendo que... el pene era en realidad un pepino.

Por tanto, el supuesto pene del monje se perdió en algún punto entre la hija y la casa de subastas… hasta que en 1994 el Russian Museum of Erotica afirmó tener en su poder el miembro del mítico monje. El doctor Igor Knyazkin, director del mismo, afirmaba haberlo comprado a un anticuario francés por 8.000 dólares.

¿De donde sacó el anticuario el pene de Rasputín? ¿No es una casualidad enorme que lo encuentre el director de un museo erótico en Rusia? O quizá más intrigante, ¿por qué demonios lo conservan en líquido?

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Existe una segunda teoría sobre el miembro viril del monje. Rasputín fue enterrado con todas sus extremidades y todo lo demás es mentira.

Pero llegados a este punto, lo mejor será disfrutar de la historias y la inventiva humana. Donde quiera que esté, larga vida a Rasputín.

Y a su (legendario) miembro.