Imagen: Marco Uliana / Shutterstock

La venus atrapamoscas tiene un agradable aroma afrutado y las hojas abiertas para dar la bienvenida a los insectos más desprevenidos. Es la más conocida de las plantas carnívoras: cuando no obtiene suficientes nutrientes del suelo, caza insectos y arañas para sobrevivir. Pero lo más fascinante es su modus operandi.

La atrapamoscas cuenta con unos pelos ultrasensibles al tacto llamados cilios detectores. Cuando la presión es suficiente para doblar esos cilios, las hojas se cierran bruscamente atrapando a la presa en el interior. El movimiento desesperado del insecto estimula la secreción de jugos digestivos, y unas espinas en los bordes de la trampa impiden que el animal se salga. Una vez digerida la presa, la hoja se desprende de su tallo para dar lugar a una hoja nueva.

Advertisement

Pero ¿cómo distingue una planta carnívora entre un insecto y una falsa alarma? ¿Cómo sabe que lo que ha caído entre sus pinzas es una mosca y no una gota de agua o una pequeña piedra? Aquí viene la parte fascinante: la atrapamoscas sabe contar. La planta no cierra su trampa inmediatamente, sino cuando un insecto roza al menos dos de sus cilios en un lapso máximo de cinco segundos. De esta forma no desperdicia energía cerrándose cuando no hay comida en su interior.

Puedes hacer la prueba. Intenta alimentar a una venus atrapamoscas con un insecto muerto, y verás que no se cierra a menos que imites los movimientos de una presa viva. El mecanismo fue descrito por investigadores de la Universidad de Wurzburg en la revista Current Biology. Los científicos hicieron exactamente eso: imitaron los movimientos de los insectos con pulsos mecanoeléctricos y observaron las respuestas de la planta. Encontraron que el primer estímulo sirve para que la planta se prepare, pero solo el segundo hace que se cierre.

[Current Biology vía Science]