Soldado ruso en un puesto de lanzamiento de misiles antiaéreos soviético. AP

Hace más de 30 años, un hombre estuvo a punto de cambiar de manera drástica la historia de nuestro planeta. Sentado en su lugar de trabajo, Stanislav Petrov decidió en cuestión de minutos no hacer nada, y resultó ser un éxito. Ahora sabemos que este héroe anónimo murió hace meses sin que nadie lo supiera.

Ocurrió el 26 de septiembre de 1983. Ese día, el teniente coronel en las Fuerzas de Defensa Aérea Soviética, Stanislav Petrov, estaba de servicio en Serpukhov-15, un bunker secreto a las afueras de Moscú. El trabajo de Petrov era tan simple como importante: realizar un seguimiento de Oko, el sistema de alerta temprana de la Unión Soviética para un posible ataque nuclear.

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Aquel día, Petrov acababa de pasarle las alertas a sus superiores. Poco después de la medianoche, empezaron a sonar las alarmas. El teniente notó que algo le subía por todo el cuerpo: si lo que había entrenado era verdad, uno de los satélites del sistema había detectado el lanzamiento de cinco misiles balísticos por parte de Estados Unidos. Todos se dirigían hacia la URSS. Entonces los mapas electrónicos comenzaron a brillar, las alarmas se dispararon, y una pantalla roja iluminada parpadeaba con la palabra fatal e inequívoca: “LANZAMIENTO”.

Petrov en el 2016. Wikimedia Commons

Que Estados Unidos lanzara misiles contra su contraparte soviética no era, por supuesto, algo imposible, sobre todo en este momento de la historia. Tres semanas antes, los rusos habían derribado un avión surcoreano que había entrado en el espacio aéreo soviético. La OTAN había respondido con una serie de ejercicios militares. La Guerra Fría, incluso a principios de los años 80, continuaba creciendo. La amenaza de una posible guerra nuclear se cernía sobre el tramo de tierra y mar que caía entre Washington y Moscú.

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Sin embargo, Petrov tenía un presentimiento, “una sensación de cosquilleo en mi intestino”, recordaría más tarde, de que la alarma que sonaba a través del bunker era falsa. Era una intuición que se basaba en el sentido común del hombre: la alarma indicaba que tan sólo cinco misiles se dirigían hacia la URSS. Sin embargo y según Petrov, si Estados Unidos hubiera lanzado un ataque nuclear, sería una cantidad misiles mayor que cinco.

Mientras tanto, el radar terrestre soviético estaba fallando a la hora de recoger pruebas que corroboraran los supuestos misiles entrantes, incluso después de varios minutos desde la alarma. Pero por encima de todo, el asunto más importante era que Petrov no confiaba por completo en la exactitud de la tecnología soviética cuando se trataba de la detección de bombas. De hecho, posteriormente describió el sistema de alertas como “básico”.

Estatua commemorativa del misil balístico soviético SS-17. AP

Sea como fuere, tenía que tomar una decisión. ¿Qué hizo? Veamos, el hombre estaba sólo en un bunker con las alarmas sonando y todas las luces del sistema Oko parpadeando. Por otra parte, Petrov tenía el conocimiento adquirido por su entrenamiento, además de su propia intuición. Sólo había dos opciones: seguir el protocolo o confiar en su sentido común. A todo esto, el mundo probablemente dependía de su elección.

Petrov optó por confiar en sí mismo. Y sí, informó de la detección del satélite a sus superiores, pero lo hizo como una falsa alarma. Y acertó.

Efectivamente, Estados Unidos no había atacado a los soviéticos. Luego se supo que era una falsa alarma causada por una rara alineación de la luz solar que se reflejaba en las nubes, la cual fue confundida con un lanzamiento de misiles. Una falsa alarma que, si no hubiera sido tratada como tal, pudo haber provocado un ataque nuclear en represalia contra Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Las consecuencias posteriores las dejamos a la imaginación de cada uno, pero posiblemente no serían nada buenas.

Imagen: AP

Años después, cuando Petrov ya estaba retirado y vivía en un pueblo cercano a Moscú, contó en algunas entrevistas que él no se sentía un héroe, “ese era mi trabajo, simplemente tuvimos suerte de que estuviera yo en el turno de esa noche”.

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Lo cierto es que la historia de Petrov vio la luz gracias a Karl Schumacher, un activista político de Alemania que ayudó a que la noticia de su heroísmo alcanzara reconocimiento mundial hace casi dos décadas.

El pasado 7 de septiembre, Schumacher, quién se mantenía en contacto con Petrov cada cierto tiempo, le telefoneó para desearle un feliz cumpleaños, pero al otro lado de la línea apareció el hijo de Petrov, Dmitry. Así fue como Schumacher se enteró de que el oficial jubilado había muerto el pasado 19 de mayo en su casa.

Al igual que ocurrió con los acontecimientos del 26 de septiembre de 1983, Schumacher volvía a ser la persona que anunciaba al mundo la historia de Petrov. En este caso la fatídica noticia de la muerte del hombre que, posiblemente, hizo que el mundo continuara el 27 de septiembre de 1983. [RT, BBC, Wikipedia]