Los tarros de cristal de alimentos envasados al vacío pueden ponernos en un aprieto si se niegan a abrirse. Un equipo de investigadores de Japón ha llegado a la conclusión de que la culpa de esa resistencia no está en la tapa propiamente dicha, sino en la forma del tarro.

Noriko Hashida, profesor en el Instituto Tecnológico Shibaura, ha buscado una manera de mejorar la accesibilidad de los envases de cristal junto al fabricante de vidrios Hakuyo Glass. El resultado de sus investigaciones es que la forma redonda es la menos indicada. En su lugar, propone un envase cuya planta tiene forma de paralelogramo romboide con las esquinas redondeadas.

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Esta forma permite al usuario aplicar mucha más fuerza para abrir la tapa sin tener que hacer esfuerzo para mantener el envase inmóvil. Hashida probó el nuevo envase con sujetos de entre 20 y 80 años, y la forma irregular es más accesible para las personas con menos fuerza, como los ancianos. El nuevo envase ya está patentado y en producción. [vía Tech-on!]

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