Imagen: Smithsonian Institution

El 1 de enero de 1913, la oficina de correos de Estados Unidos comenzaba el servicio para enviar paquetes en el país. Se podía mandar casi cualquier cosa por correo siempre y cuando no fuera “peligrosa” o una amenaza para el resto de las piezas enviadas. También se podían enviar niños.

Aunque el envío y la entrega de paquetes se ha convertido desde hace mucho tiempo en una faceta de la vida cotidiana para casi todos los países desarrollados, en Estados Unidos no fue hasta esa fecha que comenzaron con el envío de algo más que cartas.

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De esta forma, la Oficina de Correos se convirtió en un servicio que resultó ser una gran ayuda para los negocios, ya que los agricultores, los fabricantes y los minoristas, ahora podían enviar muchos de sus productos directamente a los hogares de los consumidores.

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Hablamos del servicio postal que de la noche a la mañana permitió tener a millones de estadounidenses el acceso a todo tipo de bienes y servicios. Sin embargo, y al poco tiempo de iniciarse, también tuvo algunas consecuencias no deseadas: algunos padres trataron de enviar a sus bebés y niños pequeños por correo.

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Esto ocurrió antes de que la oficina implementara regulaciones específicas. En realidad, no fue una táctica regular ni un aspecto rutinario del servicio para que las personas envuelvan a niños, les peguen un sello y los envíen como paquetes, pero sí hubo varios casos documentados donde ocurrió.

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Por ejemplo, apenas unas semanas después de que comenzara el servicio, una pareja de Ohio envió a su hijo James, de 8 meses de edad, a su abuela que vivía a unos pocos kilómetros en Batavia.

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De acuerdo con la historiadora Jenny Lynch, el pequeño James no llegaba al límite de 5 kilos para los paquetes enviados a través del sistema, y su “entrega” le costó a los padres 15 centavos. La historia, de lo más extravagante, comenzó a aparecer en los periódicos, y durante los meses siguientes, otras historias similares saldrían a la luz, padres que enviaban a sus niños por correo, literalmente.

Algunas de las noticias en los medios demostraban que muchos estaban en el límite de la legalidad. Ya no eran envíos en una misma ciudad, también se enviaron niños por correo a través de rutas rurales. De hecho, hubo un caso que se hizo muy popular en aquella época.

El 19 de febrero de 1914, una niña de cuatro años llamada Charlotte May Pierstorff fue “enviada por correo” en tren desde su hogar en Grangeville, Idaho, a la casa de sus abuelos, a unos 120 kilómetros de distancia. Su historia se hizo muy popular porque resultaba más barato enviar un niño “por correo” que un billete de tren.

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Que nadie piense mal de los padres de May. La niña no estuvo en un vagón de mercancía dentro de un saco junto al resto de paquetes. La pequeña viajó acompañada por el primo de su madre, quién “casualmente” trabajaba en el servicio de correos ferroviario.

Finalmente, el 14 de junio de 1920, varios periódicos, entre ellos el Washington Post o el New York Times, anunciaban que el director de la Oficina de Correos había decretado oficialmente que los niños ya no podían enviarse como paquetes. Poco después dictaminaba oficialmente que los niños, debido al riesgo que podían sufrir, no podían enviarse por correo postal. [Awb, Smithsonian, Snopes]