Un oso Grizzli en Alaska. Foto: Princess Lodges / Flickr, bajo licencia Creative Commons.

Se acerca el otoño, y miles de osos en todo el mundo ya están buscando una cómoda cueva en la que echar una siesta que durará nada menos que seis meses. En todo ese tiempo ¿Salen en algún momento para responder a la llamada de la naturaleza? La realidad es incluso un poco más desagradable de lo que imaginas.

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Los osos pertenecen a las especies de mamíferos que duermen durante el invierno, pero no se consideran auténticos hibernadores en el sentido de que no interrumpen por completo sus funciones vitales. Algunas ardillas del ártico, por ejemplo, hibernan hasta el punto de que su temperatura corporal desciende por debajo del punto de congelación. Los osos en cambio permanecen más despiertos precisamente para estar alerta en caso de peligro. Por esta razón algunos investigadores los consideran como superhibernadores mientras que otros estiman que no se puede hablar de auténtica hibernación.

Uno de los agujeros donde los osos hibernan. Foto: Shutterstock

Lo llamen como lo llamen, los osos logran cifras durante su reposo invernal que resultan inconcebibles para un ser humano . Su corazón pasa de unas 90 pulsaciones por minuto a solo 8. El ritmo respiratorio desciende de diez ciclos de inspirar y expirar por minuto a uno cada 45 segundos. Su ritmo metabólico desciende un 53%.

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¿Y las visitas al retrete del bosque? Simplemente no van. Al no beber líquido alguno, el problema de orinar está resuelto. En cuanto a las heces, la solución que ha encontrado el organismo de los osos es un tanto sucia pero muy conveniente. Se llama tapón fecal.

Durante los meses invernales, el intestino de los osos va acumulando las heces que pueda generar, las comprime y las deshidrata completamente formando un tapón. El resultado es un material duro y completamente seco que se acumula en la parte final del recto. Cuando quedan pocas semanas para salir completamente de la hibernación, el oso sale brevemente para deshacerse del tapón, que para entonces ha alcanzado un tamaño de entre 17 y 38 centímetros de longitud, y de entre 4 y 6 de diámetro dependiendo de la envergadura del animal.

La gran cantidad de pelo y materia vegetal en estos tapones hizo a los biólogos pensar que los osos seguían algún tipo de dieta especial para ayudar a su formación, pero se trata de simple casualidad. Los osos pasan largo tiempo lamiéndose el pelaje en su cueva. Durante esos períodos de acicalamiento ingieren grandes cantidades de pelo y hojarasca que ellos mismos han acumulado en el suelo de la cueva o el agujero donde hibernan. La próxima vez que tengas problemas cuando visitas el baño después de dormir demasiadas horas, piensa en los osos. [North American Bear Center vía Science Alert]

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