Aún hoy, los arqueólogos encuentran restos de cuerda en las excavaciones de antiguos asentamientos vikingos. Las cuerdas que fabricaban estos guerreros del norte se cuentan entre las más resistentes del mundo. El proceso para tejerlas no era precisamente sencillo.

Lo primero es seleccionar el árbol adecuado. El más utilizado es el tilo. Se cortan varias ramas y se espera a que la savia comience a brotar para arrancar trozos longitudinales de corteza.

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Lo siguiente es agrupar esos trozos en fardos y atarlos a una piedra u otro objeto pesado porque hay que sumergirlos en agua de mar durante un plazo de entre tres y cuatro meses. El agua salada ablanda la corteza y separa las capas de la madera creando láminas flexibles y fáciles de trabajar.

Lo siguiente ya solo es secar las láminas y retorcerlas para ir formando la primera cuerda. La maroma definitiva consta de dos cuerdas simples retorcidas en sentido inverso y una tercera añadida después. Sarah Sjøgreen lleva años fabricando cuerdas artesanales mediante esta técnica. La madera de tilo repele el agua, y esa es la razón por la que dura cientos de años sin pudrirse. Lleva tiempo y paciencia, pero si sabéis localizar un tilo, tenéis una de las mejores cuerdas del mundo al alcance de la mano. [vía S Ensby]