Imagen: Vanity Fair

La historia tiene todos los elementos de una producción de Hollywood: un dictador norcoreano, un secuestro y Godzilla. Pero esto no es una película, sino la verdadera historia de cómo el amor por el cine llevó a Kim Jong-il a secuestrar un director para crear películas norcoreanas de las que sentirse orgulloso.

Kim se convirtió en un apasionado del cine cuando tenía 19 años. Visitaba los estudios de Pyongyang para ver películas y visitar sets. Hasta se enamoró de una actriz, según algunas fuentes, la cual obligó a dejar a su esposo para vivir con él. En su vida coleccionaría más de 20.000 copias de películas de todo tipo, desde Elizabeth Taylor a James Bond, que solamente él estaba autorizado a ver.

Cuando Kim se convirtió en uno de los jefes de propaganda y agitación en los años 60, el cine se convirtió en algo más, una forma de propaganda para educar a las personas del país.

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“El cine ocupa un lugar importante en el desarrollo general de arte y literatura”, escribió Kim en un ensayo publicado en 1978. “Por lo tanto, es un arma ideológica poderosa para revolución y construcción”.

El secuestro

Kim Jong-il con la actriz Choi Eun-hee and el director Shin Sang-ok. Imagen: WBFO

A finales de los años 70, Kim no estaba contento con el cine de su país. En 1978, ordenó el secuestro del director más famoso de Corea del Sur, Shin Sang-ok, y su ex-esposa, la actriz Choi Eun-hee. Kim mantuvo a Choi a su lado en Pyongyang, pero Shin fue encarcelado cuatro años por intentar escaparse.

De repente, después de cuatro años en prisión, el director fue liberado y reunido con Choi. En un gran evento del gobierno, Kim les reveló el motivo por el que habían sido traídos. Estaba insatisfecho con los directores de su país porque consideraba que estaban realizando un trabajo superficial.

Por lo tanto, el entonces ministro de cultura tenía un trabajo para los surcoreanos: quería que crearán películas buenas que promoverían la imagen de una Corea del Norte exitosa. Tendrían dos cosas que pocas personas tenían en Corea del Norte: acceso a Kim y el derecho de hablar honestamente con él. Shin atribuyó la libertad a su nacionalidad surcoreana.

“Aunque criticamos algunas cosas, él quería que fuéramos honestos. A otros les hubieran matado por hablar con tanta honestidad”, expresó el director en 2003.

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Mientras estaban en Corea del Norte, ambos tenían que afirmar que habían ido al país voluntariamente. Kim les permitía salir del país de vez en cuando para convencer al mundo de esto. Quería desacreditar los “rumores maliciosos” que decían que habían sido secuestrados.

La Godzilla norcoreana

Imagen: Daily Mail

Kim le dio al director todo lo que necesitaba para hacer sus películas. Tenía dinero, actores, tecnología y hasta especialistas fuera del país a su disposición. Estableció su propio estudio de cine, Shin Films, en Pyongyang. En un momento, Shin tenía a 700 personas trabajando en su estudio. Los surcoreanos produjeron siete películas para Kim.

Tenía cierta libertad para escoger los temas de sus películas e incluso introdujo el primer beso en el cine norcoreano. Kim también trabajó como productor en algunas de las películas. En 1985, Shin estrenó Pulgasari, de la cual Kim era productor ejecutivo. El futuro dictador declaró Pulgasari, la última película que Shin produciría en el país, una obra maestra.

Para realizar la película, Shin contrató a los miembros de la película original, que era japonesa, a venir a trabajar en ella. Algunos dicen que los japoneses fueron engañados para trabajar en la película y que realmente pensaban que iban a China cuando llegaron a Corea del Norte. Otros cuentan que fueron voluntariamente después de que Kim garantizara su seguridad.

La película se centra en Pulgasari, un monstruo creado de unos granos de arroz por un herrero. El pueblo está hambriento bajo el control de un rey malvado. Mientras tanto, Pulgasari está comiendo hierro y creciendo. Lidera un ejército de granjeros en un ataque contra el rey. Cuando el rey utiliza un misil diseñado específicamente para matar a Pulgasari, este se lo come. Poco después, el rey muere.

Sin embargo, la película sigue con un giro interesante. Pulgasari, que se alimenta del hierro, sigue con hambre y empieza a comerse las herramientas de la gente del pueblo. La hija del herrero que le creó le ayuda a reconocer su error, lo que hace que explote. El final de la película termina con el renacimiento de Pulgasari.

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La película fue un éxito en Corea del Norte. Después del estreno, Kim permitió que Shin y Choi viajaran a Viena para negociar una acuerdo de distribución para la película. Fue ahí cuando se escaparon de sus guardaespaldas norcoreanos y pidieron asilo en la embajada americana. Nunca regresaron a Corea del Norte.

El futuro de Pulgasari

Después de su fuga, Kim retiró todas las películas de Shin. Ninguna, hasta la gran obra Pulgasari, se podía ver. En 1998, la película fue emitida en Seúl. Solo 1.000 personas fueron a verla.

Se reveló luego que Shin y Choi habían grabado conversaciones que habían tenido con Kim, donde el dictador confiesa que los había secuestrado por un motivo específico.

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En los últimos años, la Godzilla norcoreana se ha convertido en una película de culto. Se ha proyectado en cines, universidades y bares.

Hoy en día, la película se puede ver entera en YouTube. Determina por ti mismo si es buena o mala. Sea cual sea tu conclusión, la película es una de las pocas cosas que los de afuera sabemos sobre Corea del Norte.