Fiestas Lupercales. Wikimedia Commons

San Valentín es probablemente uno de los días más curiosos del año. Se supone que es una fecha para la celebración del amor, el día de los enamorados lo llaman algunos. Nada que ver con esa fiesta donde las mujeres esperaban ser golpeadas con látigos mojados en sangre en un rito salvaje.

De leyendas está hecha parte de la historia, y la de San Valentín es probablemente de las más truculentas. ¿Cómo demonios pudimos pasar de una orgía salvaje y sanguinaria al día más edulcorado de cuantos tenemos en el calendario?

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Quizás y debido a que existe cierta controversia acerca del principio de todo lo referente a esta fecha, debamos hablar de la Antigua Roma. Al fin y al cabo, casi todo lo relacionado con la cultura occidental ha partido del mismo sitio. En este caso se trataba de una fiesta pagana que se celebraba ante diem XV Kalendas Martias, es decir, el equivalente al 15 de febrero.

Se llamaba Lupercalia, y estaba dedicada a la fertilidad.

De los Lupercales a San Valentín

Personificaciones de la fertilidad encuentran a los Luperci disfrazados de perros y cabras. Wikimedia Commons

Dicen los libros de historia que del 13 al 15 de febrero los romanos celebraban esta peculiar fiesta. Todo comenzaba con la congregación de una serie de sacerdotes que se hacían llamar los Lupercos y que previamente habían sido elegidos entre los ciudadanos más pudientes de la ciudad.

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Estos se reunían en una gruta del monte Palatino donde estaba la Ficus Ruminalis, un árbol consagrado a la diosa Rumina. Allí comenzaba la fiesta inmolando a una cabra. El sacerdote que oficiaba esta primera parte de los festejos tocaba la frente del resto de los lupercos con el cuchillo ensangrentado del sacrificio que había tenido lugar.

A continuación borraba la mancha con un mechón de lana impregnada en leche de cabra. Es aquí cuando los lupercos reían al unísono para acto seguido formar una especie de procesión desnudos y ataviados con tiras o correas hechas de la piel de cabra sacrificada. La escena nos la podemos imaginar, pero faltaba el último detalle.

Estas correas ensangrentadas servían para que los lupercos se dedicaran a azotar a todas las mujeres que encontraban por el camino, quienes a su vez estaban esperando el momento para formar parte de la ceremonia. Un ritual en honor a la fertilidad que también se contaba como acto de purificación (februatio).

Representación de la fiesta lupercal.

De esta parte de la historia han dado cuenta numerosos libros. En ellos se cuenta que los “románticos” romanos estaban borrachos y desnudos y las mujeres se solían alinear en fila para que los hombres pudieran golpearlas con facilidad. Ellas creían que el rito las convertiría en fértiles.

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Cuando la fiesta estaba en su apogeo, llegaba el momento de los juegos. Los hombres escribían el nombre de las mujeres en un tarro. Las parejas resultantes del juego estarían unidas y podrían practicar sexo durante el tiempo que durara el festival, o incluso más allá si ambas partes estaban de acuerdo.

Tuvieron que pasar varios siglos hasta que la fiesta se prohibió. Ocurrió en el año 496 con el papa Gelasius I, quién decidió instaurar el 14 de febrero como el día de la fiesta de San Valentín. ¿Por qué? La razón no está muy clara, pero se sabe que el emperador Claudio II ejecutó a dos hombres, ambos llamados Valentín, el 14 de febrero de diferentes años en el siglo III a.D. Por tanto, es posible que su martirio fuera honrado por la Iglesia Católica con la celebración que instauró Gelasius I.

Más o menos por las mismas fechas los normandos comenzaron a celebrar el Día de Galatin, cuyo significado viene a ser “amante de las mujeres”. Muchos historiadores le dan validez a la posibilidad de que en algún punto se confundiera con el Día de San Valentín.

Poema de Chaucer donde menciona por primera vez San Valentín. Wikimedia Commons

Pasaron los años y hacia finales de 1300 la fiesta que un día tenía a una cabra y varios tipos semidesnudos azotando a las mujeres como epicentro, se fue haciendo más dulce. Con el escritor Geoffrey Chaucer y con Shakespeare la fiesta abrazó al romanticismo y comenzó a ganar popularidad en Gran Bretaña y el resto de Europa.

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Luego comenzaron a surgir las tarjetas de papel hechas a mano para felicitar y la tradición cruzó el charco para comenzar su camino en el Nuevo Mundo. Finalmente la Revolución Industrial terminó por darle el carácter que hoy todos conocemos y comenzaron a hacerse miles de tarjetas en fábricas en el siglo XIX.

Hoy la fiesta es más un negocio que otra cosa y, desde luego, nada que ver con lo ocurrido cada año en aquella gruta que originó todo.