Sabemos que el oro viene del espacio, y que podemos encontrarlo en lugares tan raros como las hojas de los árboles. Sin embargo, el origen del mayor yacimiento de este metal precioso era un misterio hasta hace poco. Un investigador tiene una nueva teoría, y tiene con ver con los microbios.

El lugar del que hablamos es el filón de Witwatersrand en Sudáfrica. La increíble abundancia de este depósito de oro lo ha llevado a ser conocido como El Dorado Africano. Se calcula que el 40% de todo el oro del planeta procede de esta única veta de 100 kilómetros de largo y más de 3,6 kilómetros de profundidad en algunos puntos. El filón de Witwatersrand se descubrió en 1886, y dio lugar a una fiebre del oro de la que nació la ciudad de Johannesburgo. A día de hoy, y aunque ya se han extraído más de 40.000 toneladas métricas de oro, el yacimiento aún se sigue explotando mediante técnicas de minería a profundidades extremas.

Se sabe que el depósito de oro se formó hace entre 2300 y 2800 millones de años en una zona que en aquel entonces era un delta marino. La hipótesis más extendida es que el oro se fue erosionando de unas montañas de granito cercanas que existían en la época hasta depositarse en el mar. Sin embargo, esa es solo una teoría y no se conoce a ciencia cierta qué provocó una acumulación tan colosal del precioso metal en un mismo lugar.

Christoph Heinrich, del Centro Tecnológico de Zurich, no está de acuerdo con esta hipótesis. Este geólogo, por el contrario explica que el oro de esa zona se formó debido a la labor de microorganismos primitivos que separaron el elemento presente en compuestos de sulfuro expulsados al aire por la actividad volcánica, y depositados en el el agua por la lluvia ácida. Heinrich explica a New Scientist que hace 3.000 millones de años, la Tierra no tenía apenas oxígeno en la atmósfera y, de hecho, si lo hubiera tenido, estas bacterias anaerobias nunca hubieran sintetizado tanto oro.

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La hipótesis de Heinrich aún no está probada al 100%, pero tiene visos de resultar cierta. Si es así, abre la puerta a nuevas pistas de buscar otros yacimientos de metales preciosos en base a la presencia de carbono o de formas de vida primitivas. En otras palabras, la teoría apunta a nuevas zonas que se habían descartado hasta ahora, pero que podrían ocultar yacimientos de oro quizá tan increíbles como el de Witwatersrand. [vía New Scientist]

Foto: optimarc/ Shutterstock

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