El 6 de mayo de 1937 se ponía fin a la era de los dirigibles. Tras el denominado como “desastre de Hinderburg”, el medio de transporte dejaba de ser seguro para el gran público. Aunque los medios de la época lo enfocaron desde la tragedia, había un detalle sorprendente: sobrevivieron el 60% de los pasajeros.

El desastre

Imagen del accidente. Wikimedia Commons

En la tarde del 3 de mayo de 1937, el LZ 129 Hindenburg se estaba preparando para su llegada final a Frankfurt, Alemania. El dirigible navegó durante 3 días sin incidentes hasta alrededor de las 19:00 del 6 de mayo, momento en el que se aproximó a la Estación de Lakehurst, Nueva Jersey.

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Aproximadamente a las 19:25, testigos oculares de la época afirmaron ver un “aura resplandeciente” procedente de la sección de cola del LZ. Poco después comenzaron las conjeturas, se pensaba que el aura era fuego o algún tipo de electricidad estática (había una tormenta eléctrica y el aire estaba cargado). Sea como fuere, la nave entero se incendió y en cuestión de segundos se quemó por completo y se estrelló contra el suelo.

Los supervivientes, ¿un milagro?

Imagen: Wikimedia Commons/Arthur Cofod Jr.

Tras el desastre, pocos se dieron cuenta de que, aunque terrible, no fue tan malo como parecía a primera vista. Más de la mitad de las personas involucradas en el accidente sobrevivieron. De las 97 personas a bordo (36 pasajeros y 61 miembros de la tripulación) sólo 35 de ellos fallecieron (el número real de muertos se registra como 36 porque el accidente también mató a un hombre en tierra.)

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Esto significa que la tasa de supervivencia humana fue de más del 60%. ¿Cómo pudieron sobrevivir estas 62 personas de una explosión de gas a cientos de metros en el aire cuando literalmente sólo tuvieron segundos para reaccionar y escapar?

La respuesta corta es que la mayoría saltó por la ventana antes de que el Hindenburg golpeara el suelo. Sí, por increíble que parezca, un buen número de pasajeros sobrevivió al desastre esperando que el dirigible estuviese a una fracción de segundo de estrellarse contra el suelo antes de escapar.

Sin embargo, no todos los pasajeros tuvieron tanta suerte. Algunos optaron por saltar cuando el dirigible todavía estaba en el aire, decisión que les llevó irremediablemente a la muerte. Otros pasajeros que no tuvieron la oportunidad de escapar antes de que el dirigible golpeara el suelo fueron rescatados vivos de entre los escombros, lo que significa que las personas que saltaron posiblemente tendrían más probabilidades de sobrevivir si se hubieran quedado.

Imagen: Wikimedia Commons

Esta fue la realidad sobre los supervivientes de aquel fatídico día de mayo de 1937. En cuanto a la causa del fuego, nadie está completamente seguro. Las técnicas de investigación no eran las mejores en 1937, e incluso hoy en día existe controversia acerca de la causa del incendio.

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En el momento del desastre se presentaron varias teorías. Las más recurrentes fueron que el fuego fue causado por algún tipo de sabotaje o por culpa del hidrógeno del Hindenburg.

Con el tiempo, la versión del sabotaje ha perdido fuerza, principalmente porque no se han presentado evidencias de ello. Por tanto, la teoría más plausible es que el incendio y el accidente fueron el resultado de alguna chispa estática accidental de algún tipo. De hecho, también se cree que fue la causa de esa misteriosa “aura “ que presenciaron algunos testigos.

De lo que no queda ninguna duda es de las consecuencias tras el desastre. Hitler ordenó terminar con la flota de dirigibles comerciales. Además, la gran cobertura mediática del accidente tuvo una repercusión en la conciencia social. El mundo entero había presenciado el siniestro y el medio de transporte perdía la confianza del gran público. [Airships, Wikipedia]