Cuando subes a un rascacielos y miras hacia abajo, la impresión es extraña. Te encuentras a tanta altura que ni siquiera hay sensación de vértigo. Ahora imagínate una ola más grande que el mítico Empire State. En 1958, el matrimonio Swanson sobrevivió a una “pared” de agua con cotas de más de 500 metros.

Lo que ocurrió en la Bahía de Lituya (Lituya Bay) fue un desastre natural histórico, aunque con la suerte de que todo pasó en una pequeña zona al noroeste del Golfo de Alaska. El evento se calificó de megatsunami, y 6 personas fueron testigos directos de la increíble fuerza de la naturaleza.

El estudio de Miller

Localización de la bahía Lituya (mapa del Parque nacional y reserva de la Bahía de los Glaciares). Wikimedia Commons

Año 1952, el geólogo Don Miller trabajaba en una investigación cuando se encontró con una inquietante anomalía geológica. Mientras observaba un fiordo remoto conocido como Lituya Bay, Miller descubrió que el bosque que rodeaba la zona terminaba de forma abrupta cientos de metros más arriba del agua.

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Sin embargo, el hombre también se fijó que había algo de vegetación que crecía debajo de una línea distinta, aunque no eran más que hierbas y algún árbol pequeño. Para Miller era evidente que en algún momento de la historia reciente una fuerza desconocida había limpiado las orillas, y ahora la vegetación estaba empezando a recuperar la tierra.

En su estudio posterior no encontró evidencias de fuego, entre otras cosas, ninguno de los árboles estaba carbonizado. En cambio, parecía que muchas ramas habían sido dobladas y retorcidas por una fuerza lateral muy poderosa. El daño se asemejaba a cuando un glaciar retrocede, exponiendo una línea de roca desnuda junto a la vegetación, pero no había ningún glaciar.

Teóricamente, un tsunami también podría causar tal destrucción, pero la linea que divisó estaba mucho más arriba de la costa que cualquier tsunami registrado en la historia. La investigación continuó, y Miller descubrió otras líneas todavía más antiguas alrededor de la bahía, lo que sugería que el evento había ocurrido varias veces antes, cada uno con unas pocas décadas de diferencia. Sea como fuere, aquello no era un comportamiento típico del lugar.

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Miller dejó Alaska unos meses después. Se fue pensando en aquellas hipótesis y con la duda de lo que podía haber causado aquellas señales inequívocas. El geólogo llegó a escribir un artículo presentando algunas posibilidades, pero no hubo mucho más hasta cinco años después, momento en el que tres embarcaciones iban a sufrir el poder más devastador que se recuerda en el océano.

La bahía y su historia

Bahía de los Glaciares. Wikimedia Commons

Como decíamos al comienzo, la bahía es un fiordo localizado en la denominada como bahía de los Glaciares, en la costa del océano Pacífico de Alaska (Estados Unidos). Un enclave de 14 kilómetros de largo y 3 kilómetros de ancho con una profundidad de 220 metros.

En la bahía desaguan tres glaciares: el Crillón, el Cascade y el Lituya. Es curioso, porque aunque pudiera pensarse lo contrario, la zona es famosa por su oleaje extremadamente alto. Esto se debe a que, al tener una entrada no demasiado ancha, las olas que entran desde el golfo de Alaska quedan encerradas en la bahía, aumentando así la corriente en el interior.

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Cuenta la historia que Lituya fue descubierta en 1786 por el francés La Pérouse, quien la bautizó como Port des Francais. El marinero francés dirigía una expedición francesa que tenía como fin completar los descubrimientos llevados a cabo por el legendario James Cook en el Pacífico.

La Pérores antes de partir. Wikimedia Common

La expedición, que constaba de 220 hombres, partió de Brest en agosto de 1785 con numerosos científicos. Cuando llegó a la zona, La Pérouse desplegó a los hombres en pequeñas embarcaciones para explorar la bahía. El marinero escribió en sus diarios que los barcos fueron levantados por “una fuerza inesperada”. Unos veinte hombres desaparecieron en el agua y sus cuerpos nunca se encontraron.

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Ya en la década de 1930, la remota bahía de Alaska era conocida como Lituya, expresión de la lengua nativa de la tribu local de los Tlingit. El pueblo contaba una leyenda sobre la bahía que describía a un monstruo que vivía cerca de la entrada provocando enormes olas. Sin embargo y a pesar de la metafórica criatura, la Bahía de Lituya se convirtió en una parada común para los barcos de pesca, ya que era el único refugio natural que se encontraba en cientos de kilómetros a la redonda. Mientras los marineros estuvieran atentos a las fuertes corrientes de marea cerca de la entrada, no había motivo de preocupación.

Una mañana “tranquila”

Vista aérea de la bahía (los daños causados por el tsunami de 1958 se ven en las áreas descoloridas despojadas de árboles). Wikimedia Commons

Era la tarde del 9 de julio de 1958, seis años después de la visita inicial del geólogo Don Miller a la región. La bahía había estado relativamente bulliciosa los días anteriores con un grupo de escaladores que acamparon en la orilla. El grupo partió esa misma mañana porque su piloto estaba preocupado por la niebla.

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Sobre las 9:30 pm, los únicos ocupantes de la bahía eran tres pequeñas embarcaciones pesqueras. Una de ellas era el Badger, ocupada por Bill y Vivian Swanson. De repente, la pareja observa algo extraño: miles de gaviotas que habían anidado en las laderas volaban para salir de la bahía. Aquello no era el comportamiento típico de las aves. Los Swansons, ligeramente preocupados, decidieron acostarse a dormir.

Casi una hora después de la migración de los pájaros, se escucha un profundo rugido que sacude la tierra. Al instante, el agua de la bahía comienza a salpicar balanceándose. Bill Swanson cae de la litera y cuando mira hacia fuera observa el mar enfurecido, en un estado de agitación que jamás había visto.

Vista de los abetos destrozados por la fuerza del megatsunami de 1958. Wikimedia Commons

En la otra punta de la bahía se encontraban Howard y Sonny Ulrich, padre e hijo, en la segunda embarcación. Ambos estaban durmiendo en la Edrie cuando fueron sacudidos por el mar. Howard levantó la vista y se encontró con el paisaje rocoso de la montaña moviéndose violentamente.

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En la tercera embarcación (el Sunmore ) estaba la pareja Orville y Micker Wagner. A diferencia de los otros dos grupos y en medio de la sacudida inicial, la el matrimonio puso en marcha el motor, tiraron del ancla, y comenzaron la huida en dirección a la estrecha salida de la bahía. Los testigos cuentan que la tierra tembló unos cuatro minutos y luego todo se detuvo. A pesar de la calma aparente, los Wagner continuaron con su retirada de la zona.

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Sin embargo, tras un minuto de tregua, un suceso descrtito por los presentes como “ensordecedor” sacudió la atmósfera. Uno de los picos de montaña en el extremo de la bahía se había roto, como consecuencia, toneladas de roca cayeron al agua con una fuerza que posteriormente se ha equiparado al impacto de meteoritos.

Aquel estruendo sacudió otras rocas de la ladera y trozos de glaciares adyacentes. Además, estos pedazos se sumergieron a la misma vez en el agua. Como consecuencia, millones de litros de agua desplazada se elevaron hacia arriba y formaron una ola que viajaba a unos 180 km/h.

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Sesenta segundos más tarde, aquella ola que los marineros veían a lo lejos estaba frente a ellos. La escena tuvo que ser fascinante y terrorífica a partes iguales. Los ocupantes de los barcos tenían delante un “rascacielos” de agua, una “pared” oceánica que nunca, ni antes ni después, se ha repetido en la historia.

Para que nos hagamos una idea, el centro de la ola era casi tan alto como el punto más elevado de la isla. A los lados, el agua alcanzaba alrededor de 500 metros sobre la tierra, torciendo y arrasando los árboles de sus raíces. Desde el Edrie la visión era apocalíptica. Tal y como explicó Howard Ulrich a los medios:

La línea divisoria marca los estragos del incidente. Wikimedia Commons

Me moví todo lo rápido que pude, maldiciéndome a mí mismo por no moverme antes. Arrojé un chaleco salvavidas alrededor de mi hijo de ocho años y encendí el motor. Intenté levantar el ancla, pero no se movía. Las rocas del suelo de la bahía se habían movido atascando el ancla. No tenía otra opción, así que invertí la cadena del ancla y luego giré el bote hacia la ola.

Aquel muro de agua levantó el arco del Edrie al aire, la cadena del ancla se rompió, cogí la radio y grité con todas mis fuerzas: “Mayday! ¡May Day! Este es el Edrie en Lituya Bay. Estamos en el infierno.

La ola se llevó por delante el Edrie y lo arrastró a la nueva orilla, varios cientos de metro por encima de la antigua divisoria. Luego los arrastró de nuevo hacia el centro de la bahía, y tras zarandearlos varias veces, la embarcación terminó en posición vertical y relativamente intacta tras el estruendo de la ola, en medio de miles de abetos y arbustos arrancados. Los Ulrich habían sobrevivido.

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Mientras, desde el Badger, Bill y Vivian Swanson observaban el intento de huida del Sunmore, La pareja fue testigo de cómo la gigantesca ola los alcanzaba por detrás y los engullía sin remedio. Según explicó Bill:

Imagen del 2010 con las evidencias del evento todavía visibles. Wikimedia Commons

Momentos después, la ola llegó a nosotros. Empujó el bote al aire arrojándolo en dirección a la franja de tierra que se extendía a través de la mayor parte de la apertura de la bahía de Lituya. No se puede describir, pasamos por encima de los árboles y mirábamos hacia abajo y veíamos las rocas, tan grandes como una casa. Estábamos muy por encima de todo eso. Parecía que estábamos en una lata y alguien la estaba sacudiendo.

Segundos después, un árbol salió disparado hacia el Badger y alcanzó a Bill, rompiéndole algunas costillas. Tal y como narró la pareja, la ola mantuvo a la embarcación en la cima hasta que finalmente cayó en la popa, ya en mar abierto. La fuerza con la que descendió de la ola hizo que el bote golpeara el fondo y retrocediera a la superficie, para rápidamente comenzar a hundirse una vez más.

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Cuando todo había pasado, Bill y Vivian estaban heridos, pero sorprendentemente había sobrevivido a la ola más grande registrada en la historia.

Barcos en Lituya. Wikimedia Commons

La noticia de lo que había ocurrido aquella tarde de 1952 atrajo a numerosos investigadores. Por supuesto, el geólogo Miller fue uno de ellos. Su posterior estudio reflejó que los supervivientes habían “contemplado” una ola con cotas de agua a 520 metros (en el interior del fiordo a 30 metros), una “bestia marina” que borró por completo todas las pruebas de olas y tsunamis anteriores.

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Ese día sobrevivieron los Swanson y los Ulrich, pero el intento de huida de los Wagners supuso su perdición. Además, fallecieron otras tres personas a 100 kilómetros del área como consecuencia de la oleada.

A 500 metros de la orilla, el evento de 1958 fue varias veces más grande que la altura máxima previamente registrada en un tsunami rompiendo en una costa oceánica. Debido a esta magnitud, y porque se produjo por el desplazamiento de tierra y hielo en lugar de un terremoto, con Lituya Bay nacía un nuevo fenómeno: el megatsunami. [SitNews, Wikipedia, DrGeorgePC, Geological Survey Professional Papers]