Si nos guiamos por la cantidad de fotos en Instagram que muestran pies reposando cómodamente en sillas de jardín, mucha gente en verdad adora el verano. Durante los meses de julio y agosto, disfrutan de los rayos del sol, se deleitan con el calor y no se preocupan mucho por la arena en el traje de baño o la sensación que produce el protector solar en los ojos. Esos meses están llenos de refrescantes sandías, veleros y barbacoas en la playa.

Luego, claro, estamos el resto de los mortales. Los que abrazamos cada centímetro de sombra a lo largo de la acera, los que buscamos el lugar en el parking más cercano a la entrada del supermercado, los que sentimos que un día en la playa es como una escena sacada de El cielo protector de Bernardo Bertolucci.

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Para mí, el verano es un reto para mi humor, pero uno manejable: puedo lidiar con él, e incluso disfrutar los meses de julio y agosto, haciendo algunas modificaciones en mi estilo de vida. Para otros, el verano desencadena una depresión total conocida como Trastorno Afectivo Emocional (TAE) inverso. Así como algunas personas experimentan bajas de humor en los meses fríos, otras se sienten miserables en verano. Al igual que con la depresión de invierno, el desorden puede presentar diversos grados de intensidad: algunos se deprimen solo un poco, aunque otros lo hacen tanto que llegan a tener pensamientos suicidas. Para entender mejor el trastorno afectivo emocional inverso y cómo es que puede combatirse, conversé con el Dr. Norman Rosenthal, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Georgetown y autor del libro Winter Blues (Depresión de invierno, en español).

Parece obvio” dice el Dr. Rosenthal “pero es recomendable que permanezcan frescos. Hay muchas formas de hacerlo, como tomar baños o duchas refrescantes, o mantener las cortinas y persianas cerradas para evitar un efecto invernadero en casa”. Si, como a mí, el calor excesivo te hace sentir irritable y estresado, o incluso deprimido, ten como prioridad estar cerca del aire acondicionado. Es más, algunas personas que padecen depresión durante el verano duermen con bolsas de hielo o almohadillas de refrigeración (o una Chillow); yo mantengo mi dormitorio a una temperatura ártica desde principios de junio. La gente deprimida usualmente presenta una mayor temperatura corporal durante las noches, en comparación con las que no sufren de depresión; no solo eso, el Dr. Rosenthal descubrió que los pacientes envueltos en mantas de refrigeración fueron capaces de experimentar el alivio de sus síntomas (Por lo menos hasta que el calor regresaba).

Mantener las persianas cerradas tiene también otro propósito: “Algunos de los que padecen TAE inverso podrían estar influenciados por la luz” afirmó el Dr. Rosenthal. “No es del todo claro, pero he visto casos en los que de seguro la luz es un factor significativo”. Algunos doctores piensan que los días largos y brillantes modulan la producción de melatonina y afecta el humor, del mismo modo que los niveles bajos de luz afectan el humor en muchas personas; otros piensan que los días largos causan estragos en los ritmos circadianos y, por ello, se interrumpen los ciclos de sueño.

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Por otro lado, existe un interesante rasgo común entre quienes padecen TAE inverso: algunos sienten el brillo solar como un “asalto” o un “ataque” —esto es exactamente como me siento al abrir la puerta a pleno sol—. En mi caso, puedo lidiar con esto con la ayuda de un sombrero y unos lentes de sol, y en mi dormitorio tengo unas persianas que impiden el ingreso de luz, con lo que puedo seguir durmiendo cuando el cielo aún está iluminado (y no tengo que soportar el amanecer de las 5 de la madrugada sacándome de cama).

Sin embargo, no evites por completo la luz del sol

El Dr. Rosenthal señala que ha recomendado a sus pacientes exponerse a la luz del sol de manera juiciosa, y ha obtenido buenos resultados. Un colega suyo que sufría de TAE inverso solía exponerse a la luz de la mañana por un corto período —entre 10 o 15 segundos— y descubrió que aquella breve exposición, combinada con otras medidas defensivas, le resultaba terapéutica. Si te gusta estar al aire libre, asegúrate de salir temprano por la mañana o al final de la noche, cuando el ambiente está más fresco y el sol no brilla tanto. Yo suelo salir a trotar por la mañana y tomar un cóctel en la terraza por la noche, pero siempre procuro estar dentro cuando el día se pone más caluroso.

Haz un viaje

Una prioridad en mi vida adulta es pasar la mayor parte del verano en el fresco ambiente de las montañas, y así huir de una ciudad llena de humedad e infestada de mosquitos. Podemos permitirnos esta licencia si estamos en el peculiar rubro del teletrabajo académico, y obviamente no todos trabajan de esa manera. Sin embargo, para la mayoría de los que padecen de TAE inverso unas vacaciones de verano a cualquier lugar fresco vale totalmente la pena para sentirse aliviados. (En caso de que puedas trabajar de manera remota o en la industria del turismo, divide tu tiempo entre dos cuarteles).

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Al menos, dice el Dr. Rosenthal, trata de ser estratégico cuando pidas licencia, y “viaja lo más lejos posible de la línea ecuatorial”.


Supera tu miedo

Lo que más perjudica sobre el TAE en climas cálidos es suponer que el verano es un bacanal de buenas experiencias: esquí acuático, juguetear en la playa, parrilla. Puede tomar un tiempo caer en la cuenta de nuestra aversión al calor, al clima brillante, porque luce tan asombroso —después de todo, ¿a quién no le gusta el verano?—.

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Muchas personas sienten que hay un carnaval pasando a su lado, y que quedan terriblemente excluidos” dice el Dr. Rosenthal. “La socialización ligada al verano es de las más difíciles de sobrellevar”. Algo que agrava la depresión es el hecho de que quien la padece suele sentirse mal por estar deprimido, y ello puede amplificarse cuando se ve al resto disfrutando maravillosamente de su tiempo libre, mientras que tú solo quieres arrastrarte debajo del pórtico como un perro. “Es extremadamente importante reconocer quién es uno mismo” afirma el Dr. Rosenthal. “Si esto es lo que eres, entonces sé lo que eres. Esa es la clave para ser feliz contigo mismo en el plano biológico y psicológico. Quien eres es algo que no puedes cambiar”.

Yo estaba ya en plena adultez cuando me di cuenta de que sentarme en la calurosa playa en realidad me provocaba una leve sensación de pánico en vez de entusiasmo. Una amiga me invitó recientemente a su club de playa y mi primera pregunta fue “¿Hay suficiente sombra?”. En mi caso, he llegado a buenos términos con mi condición: entiendo que esta es mi neurología, y que hay aspectos positivos —en octubre, por ejemplo, tuve un enorme impulso en mi ánimo, casi hasta marearme, y duró todo marzo, incluso cuando estaba vestido del tipo Fargo y con la cabeza inclinada contra el viento penetrante—. El sonido de los partidos de fútbol y el olor de abundantes guisos en la estufa me hace sentir, literalmente, como si estuviese bailando.

Ejercicio, pero bajo techo

No hay duda de que el ejercicio dispara el ánimo, pero una sudorosa caminata en medio de un día húmedo no suena del todo divertido para los que sufren de TAE inverso. Le pregunté al Dr. Rosenthal sobre la natación, y estuvo de acuerdo en que es grandiosa si es que es lo tuyo, pero el esfuerzo que le rodea —meterse en la piscina, cambiarse, ducharse, ducharse de nuevo, cambiarse otra vez— puede hacerla poco práctica. Él recomienda, en cambio, invertir en algún equipo que puedas usar en casa, como una bicicleta estacionaria, para mejorar tu resistencia cardiovascular sin exponerte al exceso de luz y calor. Yo, por ejemplo, salgo a trotar al amanecer, cuando aún puedo hacerlo sin usar lentes de sol, y eso mantiene mi ánimo razonablemente estable durante el resto del día.

Busca la ayuda de un médico

La depresión frente a climas cálidos tiende a manifestarse a través del insomnio y la agitación, y no tanto por el decaimiento del ánimo, y esa agitación puede conducir hacia pensamientos suicidas. Si eso te ocurre, por favor, acude a un médico. El Dr. Rosenthal tiene pacientes que toman medicación cíclicamente para tratar su depresión estacional —esta se incrementa en febrero y marzo para la gente de verano y en el otoño para la gente de invierno—. Si un buen sombrero y un viaje lejos del calor no ayudan, puede que se hora de que intervenga un médico profesional.

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En cuanto a mí, estaré debajo del pórtico desde principios de julio.