Mañana comienzan los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi. La organización ha tenido su buena lista de problemas para llegar hasta aquí, pero queda el más grande: la nieve. Sochi tiene un clima templado subtropical que en días como hoy le hacen alcanzar los 10º centígrados de máxima. La preocupación por la falta de nieve está ahí, pero en principio lo tienen todo controlado. O eso dicen. Así es cómo los organizadores van a fabricar nieve en caso de que no haya suficiente (o eliminarla si cae demasiada).

A 1.300 kilómetros de Moscú, Sochi es la quinta ciudad más meridional que ha acogido unos Juegos Olímpicos de Invierno, y sus temperaturas medias en febrero son incluso superiores a las de Vancouver, donde ya tuvieron bastantes problemas debido a la falta de nieve en la cita olímpica invernal de 2010. Por supuesto, no es que nunca caiga nieve en Sochi (todo lo contrario), pero el clima de la región es famoso por su inestabilidad. El año pasado, por ejemplo, cayó una tromba repentina que dejó un metro de nieve en apenas 10 horas.

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De momento, las previsiones apuntan hacia lo contrario: cielos despejados y temperaturas que podrían alcanzar máximas de en torno a 10 grados. Las pruebas dentro de estadios cubiertos, como las de patinaje, no se ven afectadas por esta bonanza. En el caso de las de esquí, estas son las soluciones del comité organizador:

Reservas de nieve del año pasado

Sochi almacena más de 450.000 metros cúbicos de nieve en 10 localizaciones próximas a donde se celebrarán las pruebas que más nieve necesitan. Se trata de nieve que cayó el año pasado, y que se ha mantenido intacta cubriéndola con enormes mantas térmicas.

Rampas y canales de nieve

La organización ha dispuesto numerosas rampas y canales preparados para enviar nieve desde las zonas más altas de la montaña hacia las zonas de pruebas.

Un ejército de cañones de nieve

La organización se ha provisto de 450 cañones industriales capaces de producir nieve en temperaturas tan extremas como 15 grados. Lo ideal, sin embargo, es que la nieve se produzca en temperaturas bajo cero. Normalmente, estos cañones trabajan de noche para dar tiempo a los equipos de mantenimiento a apisonar y acondicionar las pistas.

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Cada uno de estos cañones combina aire comprimido con agua pulverizada a bajas temperaturas. El resultado son pequeñas bolitas de nieve que endurecen la pista según lo establecido por las normas del Comité Olímpico Internacional. Ninguna prueba olímpica de esquí se celebra, de hecho, sobre nieve como la que podemos encontrar cuando vamos a hacer turismo a una estación de esquí.

Según los organizadores, los cañones son capaces de producir 45 metros cúbicos de nieve por minuto a partir del agua que les llega por unas canalizaciones. La infraestructura de cañones de nieve de Sochi necesita electricidad, tanta como la necesaria para dar luz a unos 16.000 hogares. Por ello, las zonas de competiciones están dotadas de una red de radares y estaciones meteorológicas que analizan el clima cada diez minutos y ordenan a los cañones producir nieve sólo cuando las condiciones así lo requieran.

Si todo falla, llamad al Chamán

Las técnicas descritas hasta aquí deberían ser suficientes para asegurar la nieve necesaria para estos juegos olímpicos, pero un poco de ayuda espiritual nunca viene mal. El propio presidente del comité organizador, Dmitry Chernyshenko, bromeaba hace poco en Twitter sobre la actividad de Chamanes Altai que la organización había contratado para bendecir el evento y llamar a la nieve. La presencia de estos guías espirituales de origen siberiano pone la pincelada de color en un dispositivo en el que los organizadores se han tomado muchas molestias.

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