La respuesta, suponiendo que tengas suerte, es que flotarías gentilmente en torno al planeta con rocas colisionando suave y lentamente a tu alrededor. Suponiendo que no la tengas, morirías aplastado.

Los anillos, que son seis y andan dispuestos en un plano horizontal, están compuestos principalmente de material rocoso. Aunque su formación es todavía motivo de controversia cada uno de ellos cuenta con una composición diferente. Este vídeo muestra como sería, aproximadamente, la experiencia de flotar entre los anillos de Saturno.

No siempre mantienen el mismo ángulo con respecto a la Tierra y ese es el motivo por el que Galileo, en 1612 y después de descubrirlos con su rudimentario telescopio de repente dejó de verlos. Se colocaron en posición perpendicular a su ángulo de visión y se tornaron demasiado débiles como para poder apreciarlos con claridad.

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Curiosamente, el grosor de los anillos no es muy elevado. Desde unos pocos metros en su parte más delgada a unos cuantos kilómetros. Pero como son, sin embargo, considerablemente anchos esto provoca que la relación entre anchura y grosor sea aproximada a la que tiene una hoja de afeitar.

Aunque inicialmente se pensaba que su formación era relativamente reciente (en términos de la edad del Sistema Solar), posteriormente se ha comprobado que son, probablemente, tan viejos como el propio Saturno. La dos teorías predominantes en torno al mismo atribuyen su formación o bien a una Luna de las muchas que tiene el planeta y que fue desintegrada por la colisión de un cometa o similar o bien al mismo material nebuloso que conforma el planeta y que quedó atrapado fuera de su superficie.

Los anillos presentan algunas huecos entre ellos que en un principio se pensaban asociados a asteroides o satélites orbitando en torno a Saturno. Los dos más importantes son el espacio de Colombo y el espacio de Maxwell. Es cierto que el de Colombo se relaciona con Titán, una de las lunas del planeta, pero todavía no se ha descubierto ningún tipo de satélite en el hueco que deja el de Maxwell.

Han permanecido como un gran misterio (y de hecho todavía nos queda muchísimo por conocer de ellos) durante gran parte de la historia de la humanidad pero diversos avances y sondas como la Cassini-Huygens nos han permitido conocer un poco más de una de las particularidades más características de nuestro Sistema Solar.

Imágenes: NASA, Wikimedia Commons.