Imagen: Perro mensajero. AP Images

En 1870 el abogado George Graham Vest llevó a cabo un alegato final en un caso que acabaría popularizando la frase “el perro es el mejor amigo del hombre”. El relato que ocurría medio siglo después durante la WW1 viene a confirmar las palabras de Vest. Esta es la historia de cómo un perro “enmascarado” cambió la vida de un grupo de soldados franceses.

Y es que durante los conflicto bélicos, y especialmente durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, la utilización de animales en el campo de batalla fue algo cotidiano. En muchas ocasiones su protagonismo era el de actuar como armas y para ello no se dudó en experimentar con palomas, cerdos o perros. Estos últimos además sirvieron para otra clase de trabajos que ayudaban en el campo de batalla.

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El adiestramiento al que fueron sometidos en la Primera Guerra Mundial permitió emplearlos en otras tareas. Rottweiler, pastores o Terrier fueron algunas de las razas más utilizadas a las que luego se sumarían mestizos debido a la gran demanda de trabajos que se requerían. Así, a los tristemente denominados como perros bomba se unieron otro tipo de “empleos” caninos. Por ejemplo para el transporte de víveres, de artillería ligera, sanitarios o como perros mensajeros.

Estos fueron de gran ayuda y tanto Francia como Alemania y Rusia fueron los ejércitos que más desarrollaron este tipo de adiestramiento. Con ellos los ejércitos obtenían una gran ventaja, ya que los perros permitían mantener contacto entre frentes con gran destreza, lo que a su vez ofrecía la oportunidad de llevar mensajes de gran importancia donde el hombre probablemente moriría en el acto. Además podían recorrer grandes distancias en poco tiempo, así que durante muchos años los perros fueron una de las fórmulas de comunicación más demandadas (y eficaces) en la guerra.

Y es aquí también donde aparece la figura de nuestro protagonista. Su nombre fue Satán, y en contra de lo que pudiera pensarse, la nobleza del animal ante los que fueron sus adiestradores supuso que un grupo de soldados franceses salvaran sus vidas en la batalla de Verdún.

La batalla de Verdún

Imagen: Verdún. Wikimedia Commons

Hablamos del conflicto más largo en el tiempo durante la Primera Guerra Mundial que enfrentó a los ejércitos de Francia y Alemania entre el 21 de febrero y el 19 de diciembre de 1916. También se cuenta como la más sangrienta (tras la batalla del Somme) con más de 250 mil muertes y más de medio millón de heridos de ambos bandos.

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Con el tiempo, esta batalla se ha convertido en todo un símbolo de la determinación de Francia por mantener el territorio y hacer retroceder al enemigo. Y es que la ofensiva inicial del ejército alemán obligó a replegarse a los franceses, quienes adoptaron una defensa a ultranza atrincherados en Verdún que acabarían “ganando” con la retirada de las tropas alemanas. Precisamente de este conflicto salió el lema ¡No Pasarán! (del general francés Robert Nivelle) con el que posteriormente se ha ensalzado la defensa numantina de los franceses como símbolo de la determinación por defender una posición ante el enemigo.

Determinación que durante el conflicto tuvo a un héroe sorprendente con el que no contaban los alemanes. Un cruce entre collie y galgo adiestrado por el ejército francés. Hacía su aparición Satán, el perro mensajero.

El perro “enmascarado”

Imagen: Perro mensajero y su adiestrador. Getty

Los alemanes atacaron por primera vez la antigua ciudad francesa el 21 de febrero de 1916. Su objetivo era desgastar al ejército francés hasta obligarlos a rendirse dejando a los ingleses solos en la lucha. Llegados al comienzo del otoño, los franceses se encontraban en una situación desesperada, superados en número, con menos armas en su poder, escasez de provisiones y en general con la moral baja.

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Según el parte de los oficiales franceses, los que aún se mantenían en pie veían un escenario dantesco, un “valle de muertos” que bloqueaba cualquier posible escapatoria. Un pequeño contingente de soldados permanecía resguardado, habían recibido la orden de resistir hasta que llegaran los refuerzos. Según narraría el reportero de guerra estadounidense Albert Payson Terhune, los acontecimientos que se vivieron a partir de ese momento tuvieron a un único protagonista.

Este grupo de soldados pasaría los días siguientes luchando pero la ayuda no llegaba. Todas las líneas de comunicación habían sido derribadas y la esperanza de salir con vida era cada vez más remota. Todo cambiaría cuando los soldados se asoman desde la trinchera durante un ataque y divisan una imagen increíble, una sombra alada que corría hacia ellos, moviéndose tan rápido que en un principio no consiguen adivinar de qué se trata.

Conforme la “sombra” se acercaba vieron como portaba lo que parecía una máscara de gas. Algunos soldados relatarían que llegaron a creer que se trataba de un “salvador celestial” (portaba una especie de alas) que venía a protegerles de su inferioridad numérica en el campo de batalla. Pero uno de los soldados franceses sabía lo ocurría. Duvalle era un guía de perros que había entrenado a dos perros mensajeros para llevar a cabo las comunicaciones.

Imagen: Perro mensajero en batalla. Getty

El primero se trataba de un setter irlandés llamado Rip, un perro que había fallecido tras un disparo poco después de ser enviado al frente. El otro perro era Satán y ya había demostrado su valía en combate anteriormente. Duvalle no tenía dudas, al ver el sprint de esa “sombra” negra sabía que se trataba de Satán llevando un mensaje vital para el contingente.

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El adiestrador no dudó en llamarlo y animarlo desde su posición, momento en el que Satán pudo fijar perfectamente su objetivo de llegada saltando entre la pila de cadáveres. Según narraría Terhune, la carrera del perro se iniciaría a través de una zona de arbustos que dificultaba su visión a los alemanes, pero la segunda mitad del trayecto fue a campo abierto, momento en el que el bando alemán se percató de su presencia y desataron todo su arsenal en la dirección de Satán con el fin de evitar que llegara el mensaje.

Imagen: ayuda canina en la guerra. AP Images

Satán pudo esquivar los primeros proyectiles corriendo como le había enseñado Duvalle en caso de escuchar disparos, para ello lo había adiestrado a moverse en zigzag. Aún así, una de las balas rozó una pata y Satán tropezó contra el suelo. Un segundo impacto de bala con el perro ya en el suelo le rompió la pata derecha delantera. El reportero narraría que fue el momento en el que Duvalle salió de la trinchera y quedaría expuesto a la vista de los alemanes para gritarle a su perro:

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Satán, ánimo amigo mío. ¡Por Francia!

Duvalle moría al instante por los impactos de bala de la docena de francotiradores alemanes. Un acto de valentía suicida que logró su cometido. Satán había escuchado la voz de su adiestrador y fue suficiente estímulo para el animal. El perro se levantó herido en una pata y tambaleándose comenzó otra vez su carrera hacia el contingente francés. Según Terhune:

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Satán se puso en pie, tambaleándose y mareado por un instante, parecía haber perdido el norte. Luego enfiló otra vez una carrera constante. Ya no podía correr tan rápido o zigzaguear como le había enseñado Duvalle, sin embargo el perro sacó fuerzas para continuar con su misión en una carrera agónica. Se negó a morir sin completar su misión.

Finalmente el valiente perro llegó temblando hasta la trinchera francesa para desplomarse sobre el primer soldado que le esperaba. Los franceses le quitaron suavemente la máscara y recuperaron la carta que llevaba unida a su cuello. En ella se leía lo siguiente:

¡Por el amor de Dios, aguantad! Mañana enviaremos los refuerzos.

Resultó que las “alas” que creyeron ver algunos de los soldados realmente eran dos cestas en la espalda de Satán. Dentro de las misma se encontraban dos palomas mensajeras. Así fue como el capitán escribió dos mensajes idénticos con las coordenadas donde se encontraba la batería de cañones alemanes que estaba reduciendo la ciudad a escombros. Ambos mensajes terminaban rogando a los comandantes que comenzaran cuanto antes la contraofensiva mientras ellos intentaban resistir. Las notas fueron introducidas en los tubos de metal unidos a las patas de las palomas y estas iniciaron su vuelo.

Imagen: Perro mensajero en las trincheras. Ap Images

Los francotiradores alemanes estaban esperando y derribaron a la primera paloma pero la segunda logró escapar y llegó hasta el mando francés. Una hora más tarde los cañones franceses iniciaban la contraofensiva rompiendo a escombros la posición alemana. Fue el principio del fin para el enemigo alemán.

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Así quedaría registrado en los anales de la historia francesa. Satán, todo un símbolo de la batalla, no fue el único héroe canino de la Primera Guerra Mundial. Se calcula que más de 50 mil perros sirvieron de ayuda en las trincheras llevando a cabo algunos de los trabajos más peligrosos en el campo de batalla: llevar mensajes, tirar de carros de munición o incluso actuando como centinelas en las trincheras para alertar sobre la posible llegada de intrusos enemigos.

En cuanto a Satán, no está muy claro qué fue de él. Algunas fuentes hablan de su muerte como consecuencia de las heridas, otros afirman que se recuperó de las mismas y fue retirado del campo de batalla. En cualquier caso su figura fue desde entonces la de un héroe nacional.


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