DMZ. Wikimedia Commons

De Corea del Norte se puede salir en barco, en avión o, con suerte, cruzando el mapa hacia el sur hasta llegar a la DMZ, una zona desmilitarizada. Se trata de una franja que atraviesa la península para dividir ambas Coreas. Un espacio muy peligroso para el hombre aunque, con el tiempo, un área mágica para el reino animal.

La barrera fronteriza fue creada tras el acuerdo entre Corea del Norte, China y las Naciones Unidas en 1953. Tiene 250 kilómetros de largo y cerca de 4 kilómetros de ancho. Dentro de la zona se encuentra un punto de encuentro entre las dos naciones, un área pequeña de seguridad conjunta cerca del extremo occidental de la zona donde tienen lugar las negociaciones.

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Lo cierto es que con el tiempo se han dado varios incidentes dentro y en los alrededores, conflictos con bajas militares y civiles en ambos lados. El lugar no es seguro para nadie pero, sin embargo, ha creado un aislamiento natural a lo largo de sus 250 kilómetros creando un parque involuntario único en el planeta. De hecho, hoy es reconocido como una de las áreas mejor preservadas.

Un espacio fortuito

Vista en el mapa de la DMZ. Wikimedia Commons

Es curioso, mientras la zona ha servido para perder vidas humanas, por otro lado ha permitido que especies animales prosperen. Ironías de la vida, un conflicto permanente al que todavía no se le ve atisbo de solución podría convertirse en el símbolo de un futuro más verde.

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La zona es más o menos una delgada cinta verde que cruza a través de la Península Coreana. Si la observamos desde el espacio, entonces se ve perfectamente cómo delimita la frontera política entre la República de Corea y la República Popular Democrática de Corea. En cambio, al hacerlo desde el suelo, la línea se manifiesta como una impenetrable barrera de vegetación cubierta por capas de cercas coronadas por alambres y salpicadas de puestos de observación con soldados armados.

La península ha experimentado un conflicto casi continuo durante más de 100 años, lo cual, si nos ceñimos a su entorno natural, es devastador. Además, desde fuera se ha ejercido un control de los recursos de la península que ha dejado a Corea en una posición precaria.

Una frontera como parque natural

La DMZ. Imagen: Jongwoo Park

Sin embargo, desde la creación en 1953 de la zona, ha surgido uno de los lugares más peligrosos de la tierra para unos, y uno de los más seguros para otros. Para el ser humano, las miles de minas terrestres y soldados que habitan la zona es una amenaza constante. Sin embargo, el hecho de que el hombre no la habite ha permitido que otras especies prosperen.

Por ejemplo, la Grulla de Manchuria, una espectacular y hermosa ave en peligro de extinción, o la Grulla cuelliblanca, especie vulnerable en la lista roja desde hace años. Se calcula que en la zona existen unas 100 especies de peces, tal vez 45 tipos de anfibios y reptiles, y más de 1.000 insectos diferentes.

Grulla de Manchuria. Wikimedia Commons

Los científicos estiman que más de 1.600 tipos de plantas y más de 300 especies de setas, hongos y líquenes están prosperando en la DMZ. Mamíferos fascinantes como el goral de cola larga, el oso negro asiático o el ciervo almizclero habitan los ecosistemas terrestres y marinos de la zona. Incluso hay informes de tigres, los cuales se creían extintos en la península desde antes de la ocupación japonesa, vagando por las montañas de la DMZ.

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¿El futuro de la zona? Imposible predecirlo con un conflicto tan largo. Existen proyectos para preservar el hábitat y planes para dejar de lado la zona desmilitarizada y las áreas adyacentes como reserva ecológica y espacio cultural.

De lo que no hay duda es del mensaje que ofrece la DMZ. Un recordatorio al pueblo coreano y al mundo: después de la guerra y la tragedia humana, siempre sale el sol, y tras él, la naturaleza hace lo que mejor sabe. La DMZ puede representar perfectamente la promesa de una Corea pacífica y, por qué no, única. [Wikipedia, National Geographic, Telegraph]