PlayStation 4 salió a la venta un 15 de noviembre de 2013, 29 de noviembre en Europa. Xbox One lo hacía entre medias de esas dos fechas, un 22 de noviembre. Ha pasado ya un año tras el lanzamiento y ambas plataformas, cada una con su particular filosofía, han ido evolucionando por caminos separados.

En cuanto a ventas, el ganador está claro: durante la Gamescom del pasado mes de agosto Sony revelaba que había vendido la friolera de 10 millones de unidades de PlayStation 4 (1 millón por mes, de media). Tantas, de hecho, que ni siquiera la compañía sabe bien por qué está vendiendo tal cantidad. Para la Xbox One sin embargo, y aunque no hay cifras oficiales, se calcula que ese número es entre un 40 y un 50% más bajo. Es decir, en torno a 6 millones de consolas en el mejor de los casos.

Aunque quizá analizar los motivos detrás de esa diferencia tan grande sea carne de otro post, sí que es interesante estudiar cómo se comparan Xbox One vs PlayStation 4 un año más tarde. Estas son nuestras conclusiones:

Compra una

Ahora sí, y por fin. El catálogo inicial en uno y otro caso fue tan pobre que comprar cualquiera de las dos consolas en el momento del lanzamiento o en los meses posteriores estaba reservado casi exclusivamente a fans o a ansiosos incautos. Peor aún, algunos de los juegos que supuestamente iban a aliviar esa carencia, como Watch Dogs, se retrasaron casi 6 meses y acabaron siendo un producto absolutamente mediocre.

Hoy en día, en cambio, las cosas pintan mucho mejor: puede que Destiny no haya sido la revelación que todos esperábamos, pero sigue siendo un gran título. La remasterización de The Last of Us para PlayStation 4 garantiza que tendremos uno de los mejores juegos de la pasada década para dicha plataforma y otros ejemplos como la Halo Master Chief Collection aseguran horas de buena diversión en Xbox One.

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Ambas consolas, además, vieron hace un par de días la llegada de Grand Theft Auto V, remasterizado visualmente y con múltiples novedades enfocadas a la nueva generación.

Xbox One

La Xbox One sigue fiel a esa visión que Microsoft nos prometió un año atrás. Es una videoconsola pero también es mucho más. Es un dispositivo que aspira a convertirse en el centro multimedia del salón. Por desgracia en su punto más fuerte, poder hacer muchas cosas más aparte de jugar, reside a la vez su talón de Aquiles.

Si bien Microsoft siempre concibió "la experiencia Xbox" ligada a un Kinect, los malos resultados en ventas y la diferencia de precio provocaron que desde mediados de 2014 la consola pueda comprarse sin Kinect y al mismo precio que la PlayStation 4 (que desde el lanzamiento ofreció su sensor de movimiento por separado 100 dólares más caro).

En mi caso particular, la Xbox One se ha convertido en la consola "por defecto" para todo lo demás que no sea jugar. Microsoft ha sido muy criticada por dejar algo de lado a los gamers pero creo que este apartado justamente lo cumple de una manera magistral. Hay algunos detalles interesantes. Por ejemplo: tengo conectado mi descodificador de televisión a la consola, y además tengo la Xbox One configurada para que cada vez que se inicie salte directamente a la aplicación de televisión.

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Puesto que puedo encender la Xbox One utilizando únicamente la voz, todo lo necesario para ver la televisión es sentarme en el sofá y hablarle la consola. Como se encarga incluso de mandarle una señal a la TV para que se encienda, ni siquiera tengo que buscar el mando a distancia, simplemente sentarme y relajarme. Parece un detalle sin importancia, pero la Xbox One realmente consigue eliminar cualquier fricción a la hora de hacer algo tan cotidiano como sentarse a ver la televisión.

La segunda función que más uso es Acoplar. Acoplar es una herencia de la multiventana de Windows 8 y permite realizar dos tareas a la vez. No todas las aplicaciones son compatibles con esta característica, pero las que ya lo son ofrecen posibilidades muy interesantes. En mi caso concreto, al jugar con amigos en lugar de un chat de voz tradicional, prefiero una videollamada por Skype y acoplar el vídeo a un lado de la pantalla mientras juego. Los juegos cargan razonablemente rápido, así que también es frecuente dejar a un lado la aplicación de televisión mientras está en publicidad, echar alguna partida rápida, y cambiar de nuevo cuando comienza la película.

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La aplicaciones, en general, también son mucho mejores para la Xbox One. Con la de Twitch puedo ver la emisión en vivo cualquier juego que me guste en cualquier plataforma (y no sólo los de PlayStation 4, como ocurre en el caso de Sony), con Plex he eliminado la necesidad de tener un set-top-box para ver mis películas y series (antes utilizaba un Roku XD 2) y con la aplicación de YouTube puedo ver cómodamente los canales a los que estoy suscrito. Hacer todo eso con la PlayStation es, por el momento, imposible.

PlayStation 4

Hay una sensación agradable, un cosquilleo, cada vez que cojo el mando de la PlayStation 4 y enciendo la consola. Sé que voy a jugar, y que durante la siguiente hora no voy a hacer nada más. Es el mejor reflejo del enfoque de Sony con el dispositivo: vamos a hacer una única cosa, pero vamos a hacerla bien.

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Y es que en esencia, mi uso con la PlayStation 4 se limita exclusivamente a eso, a jugar, y el propio sistema lo deja desde el principio muy claro. Acceder a la pestaña de amigos apenas cuesta un toque y un par de desplazamientos con el joystick. Compartir una captura del juego (algo que aún no se puede hacer con Xbox One) sólo requiere apretar el botón de Share y escoger dónde queremos publicarla. Incluso comenzar a emitir en vivo puede hacerse en menos de 20 segundos.

En los títulos lanzados hasta el momento no he encontrado muchas diferencias de calidad entre Xbox One y PS4, así que el apartado de calidad gráfica hay que dejarlo en un tímido empate.

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No creo que el mando de la Xbox One sea malo, pero el de la consola de Sony me parece superior, ergonómico y cómodo de manejar.

Los juegos exclusivos de PlayStation 4, por el momento, también me están pareciendo superiores, en especial InFamous y The Last of Us. Las alternativas de Xbox One hasta el momento, Forza Horizon 2 y Sunset Overdrive, me parecen muy divertidas pero sin destacar. Halo Master Chief Collection sea probablemente la joya de la corona en el caso de la consola de Microsoft, pero cuesta eludir el hecho de que simplemente es una compilación de 4 juegos presentados hace años, por buenos que sean.

Grandes promesas, grandes responsabilidades

Me agrada, y mucho, ver que en ambos casos las dos compañías se han mantenido fieles a su promesa inicial. En el caso de Microsoft ofrecer algo mucho más allá del gaming y en el caso de Sony hacer que la experiencia de juego sea impecable.

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Sin embargo, y parafraseando en cierto modo al tío Ben, con grandes promesas llegan también grandes responsabilidades. Con la PS4, Sony decidió hacer PlayStation Plus de pago, lo cual me parece correcto pero implica, en el momento en el que aparece una transacción de por medio, que la experiencia de juego online tiene que ser cercana a la perfección. Y no lo es. Son frecuentes las caídas del servicio, el chat de voz falla más veces de las que debería y, en los casos más graves, algunos amigos aparecen como desconectados aunque estén jugando.

Por si fuera poco, algunos exclusivos de la plataforma como Driveclub se han retrasado 11 meses, sólo para llegar con un producto mediocre, un lanzamiento desastroso y algunas de las características extra, como un modo gratuito para los usuarios de PSN+, que todavía estamos esperando. No es, desde luego, la mejor manera de demostrar ese amor hacia los gamers.

En el caso de Xbox One, es genial que Microsoft ofrezca más posibilidades aparte de jugar, pero faltan demasiadas alistas por pulir. Demasiadas oportunidades perdidas. Me encanta poder ver la televisión desde la consola, pero no puedo grabar los programas en el disco duro como en un DVR, por ejemplo. ¿Por qué no puedo enviar cómodamente mi pantalla a la Xbox One desde un portátil Windows? Es algo que Apple permite hacer con los iPads, los iPhone y los Mac desde 2011. No puedo, tampoco compartir imágenes a Twitter o Facebook, de hecho ni siquiera puedo capturarlas. Twitch es genial para ver streams, pero no tan bueno cuando toca compartir.

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No hay tampoco una manera simple de tener un Media Center en la Xbox One (haberla la hay, pero es compleja y poco vistosa), y si realmente quieres compartir los archivos multimedia que tienes en tu PC hay que recurrir a aplicaciones de terceros, como Plex. En un futuro, y puestos a pedir, tampoco estaría mal que apareciese algo parecido a ShadowPlay, la tecnología de Nvidia que permite hacer streaming de los juegos de tu PC hasta su tablet, la Nvidia Shield. Sería interesante poder jugar a los juegos de mi PC en la pantalla de la televisión gracias a la Xbox One.

Hay, en general, muchas asignaturas pendientes aún tanto en uno como en otro caso para que a la presente generación podamos llamarla, con autoridad, la next-gen. Gráficos aparte, hasta ahora parece más una evolución tímida de la anterior.

¿Cuál elegir?

A día de hoy, si estás 100% seguro de que sólo vas a usar la consola para jugar, ve a por una PlayStation 4. Es también el caso si la consola no va a estar en el salón y se devalúen por tanto las posibilidades multimedia.

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Por el contrario si además de jugar quieres un dispositivo bien integrado con tu televisor, con algunos detalles de software excepcionales (como reconocer quien está sentado en el sofá e iniciar sesión automáticamente en Xbox Live), es más probable que la Xbox One sea lo que buscas. La guerra entre juegos exclusivos, como mencionaba algunos párrafos atrás, de momento vamos a dejarla en empate.

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