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El impacto de un meteorito en la Tierra genera presiones tan altas que puede formar diamantes. Los geólogos lo sospechan desde 1967, cuando encontraron un nuevo tipo de diamante hexagonal conocido como lonsdaleíta en el cráter del Cañón del Diablo, en Arizona. Un nuevo estudio confirma que es posible.

El artículo lo tiene todo para llamar la atención: meteoritos, piedras preciosas, potentes láseres y rayos X. Lo firma un equipo internacional de geólogos y geofísicos en la revista Nature. Así es como lo hicieron.

Granos de diamante del meteorito del Cañón del Diablo

La lonsdaleíta es una forma extraña de diamante que no se da naturalmente en la Tierra. Tiene una estructura cristalina desordenada e irregular que lo hace defectuoso, pero al mismo tiempo muy resistente. Ofrece una dureza mayor que los que diamantes ordinarios que se usan para joyería. Hasta ahora no se habían podido sintetizar cristales de lonsdaleíta en un laboratorio, pero aquí entran en juego los láseres.

Los diamantes son una forma de carbono, al igual que el grafito. Por eso estos científicos se han dedicado a disparar dos láseres de alta energía sobre una muestra de grafito, imitando el impacto de un meteorito. Utilizaron pulsos muy cortos (de nanosegundos), pero con una potencia del orden de los gigavatios.

La brutal energía genera una presión de hasta dos millones de atmósferas (es decir, dos millones de veces la presión del aire al nivel del mar) que revienta los enlaces entre los átomos de carbono. Éxito: estos se reorganizan solos en tetraedros de diamante. En este caso, un análisis por cristalografía de rayos X confirmó que el nuevo cristal era, en efecto, el de una lonsdaleíta.

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Además de demostrar que la geología no es tan aburrida como suena, el estudio confirma que el potente impacto de un meteorito puede formar diamantes, defectuosos pero de una dureza excepcional. [Nature vía Slate]


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