Foto: Universidad de Harvard

Entre el escarabajo de la derecha y el de la izquierda no hay ninguna diferencia. Ambos son el mismo animal. La diferencia es que la imagen está tomada mediante un nuevo sensor fotográfico capaz de captar la quiralidad molecular, una propiedad de los materiales que nunca hasta ahora se había podido fotografiar.

La quiralidad es la propiedad por la que un objeto tiene una orientación que no puede superponerse con su reflejo en un espejo. Las manos, por ejemplo, son quirales. Si las contemplas frente a ti con las palmas hacia arriba y pones una sobre otra no coinciden a menos que le des la vuelta a una de ellas.

Con algunas moléculas ocurre exactamente lo mismo. Su estructura no es simétrica, sino que tiene una orientación concreta hacia la derecha o hacia la izquierda. En química orgánica, a esta propiedad se le llama quiralidad molecular.

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Lejos de ser una mera anécdota, la quiralidad molecular es un rasgo crucial en no pocos campos de investigación. Los azúcares que forman la base de nuestro ADN, por poner un ejemplo, están orientados hacia la derecha, sin embargo los aminoácidos que forman las proteínas están orientados hacia la izquierda. La quiralidad es importante en campos como el diseño de nuevos fármacos o la investigación genética, pero para determinar la orientación de un compuesto es preciso practicar pruebas bastante complejas. A partir de ahora comprobar la quiralidad molecular de una sustancia será tan sencillo como sacar una foto.

Fotografiar la polarización de la luz

Lo que ha hecho un equipo de ingenieros de la Universidad de Harvard es crear un sensor que aprovecha la polarización de la luz. Si la dirección en la que oscilan las ondas electromagnéticas coincide con la quiralidad del material, este se ilumina. Si no lo hace, permanece oscuro. Si el material fotografiado no tiene quiralidad, aparece igual en todas las imágenes bajo diferente polarización.

De momento, el sensor ya tiene una enorme utilidad para cualquier laboratorio en el que sea importante distinguir unos compuestos de otros, pero en el futuro podría tener otras aplicaciones. Una de ellas, por ejemplo, podría ser examinar la composición química de un planeta para determinar hasta que punto podría ser compatible con la vida tal y como la conocemos. [vía Harvard News]


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