Jeffrey Dahmer. AP

A Jeffrey Lionel Dahmer lo encontraron “legalmente sano” en su juicio. El mismo estudiante de secundaria bebedor, luego médico del ejército y más tarde trabajador de una fábrica. También era el mismo que se comía los bíceps de sus víctimas mientras utilizaba una lentes para parecerse al Emperador Palpatine.

Si hoy acudimos al anuario de la escuela secundaria de Ohio donde Dahmer estudió, hay una página retocada. Allí se encuentra una fotografía con 40 estudiantes alienados con sus sonrisas confiadas. Sin embargo, una de las siluetas no tiene sonrisa, ni ojos, ni rostro alguno. Esa imagen fue borrada por alguien que la editó antes de que el anuario fuera impreso. Esa silueta de la primavera de 1978 pertenecía a Dahmer.

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Y esa imagen tuvo lugar un par de meses antes de que matara a su primera víctima con una barra de hierro. A partir de entonces, fueron 13 años de una de las cadenas de asesinatos más espantosas de los tiempos modernos. 13 años hasta que un tipo ensangrentado apareció en mitad de la noche esposado, con el cuerpo acribillado y dando tumbos. El tipo huía del apartamento de Dahmer en Milwaukee. El hombre gritaba despavorido pidiendo ayuda en medio de la calle.

En esos 13 años, las autoridades comunicaron que al menos otros 17 hombres no tuvieron la misma suerte. A estos, el señor Dahmer los drogó, los estranguló, les cortó el cuerpo con una sierra eléctrica, desechó los huesos que no quería metiéndolos en un tambor de ácido clorhídrico que había comprado o alineó cráneos en un estante de su apartamento (aunque eso sí, antes los roció de pintura gris para aparentar que eran de plástico).

Dahmer antes de Dahmer

Jeffrey Dahmer con 17 años. Wikimedia Commons

La mayoría de sus profesores lo recuerdan como un chico cuyos sentimientos de alienación eran evidentes desde primer grado. La madre de Jeffrey enfermó en 1966, justo cuando Dahmer tenía 6 años y había sido matriculado en la Escuela Primaria Hazel Harvey. Poco después, la familia se mudó a Barberton antes de que terminara el año escolar, y un año más tarde, cuando Dahmer tenía 8 años, se mudaron de nuevo a Bath.

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Los chicos que crecieron al otro lado de la calle recordaban a un niño que guardaba con celo los esqueletos de las ardillas en un cobertizo del patio trasero. También había creado un cementerio de animales al lado de la casa, con tumbas y pequeñas cruces donde había ranas y gatos empalados.

En la secundaria parecía normal. Jugaba al tenis y estaba en la banda del colegio. También bebía, ginebra sobre todo. A veces, trataba de llamar la atención gritando extrañas exclamaciones en lugares públicos o fingiendo desmayarse mientras cruzaba una calle.

Con los años, el matrimonio de los padres se desvaneció. Fue en las últimas semanas del acuerdo de divorcio, justo después de la graduación de la escuela secundaria de Jeffrey, cuando el chico cometió su primer homicidio, un asesinato que no fue denunciado hasta que se lo contó a la policía tras su detención más de una década después.

Dahmer, el asesino en serie

Ocurrió en el verano de 1978, cuando tenía 18 años de edad. Tras dejar a su padre en un viaje de negocios, el joven recoge a un autostopista llamado Steven Hicks y se ofrece a llevarlo a la casa de su padre para tomar una cerveza.

Cuando Hicks quería marcharse, Dahmer le estrelló en la parte posterior de la cabeza una barra de hierro, y luego lo estranguló. Arrastró el cuerpo al sótano de la casa, lo cortó en trozos y lo guardó en bolsas de basura. Más tarde, enterró los huesos, sólo para desenterrarlos unas horas después, aplastarlos y esparcirlos en un barranco detrás de la casa de sus padres.

Pasaron 9 años hasta que volvió a matar, pero el primer crimen estableció un patrón en el asesino. Vivió en casa de su abuela y poco después en su propio apartamento en Milwaukee. Desde ahí, comenzó a repetir el mismo modus operandi: ofrecía a la gente una cerveza o dinero para posar desnudos mientras tomaba fotografías, a la hora de irse el invitado, se mostraba violento, pero los dejaba salir.

La siguiente parada para Dahmer fue Ohio State University, donde pasó un semestre. Luego se alistó en el ejército y se presentó para el servicio en Fort McClellan, Alabama, en la primavera de 1980. Comenzó a entrenar para ser oficial de policía militar, pero pronto se trasladó a Fort Sam Houston, en San Antonio, por un período de seis semanas, espacio donde cursó como especialista médico. Finalmente acabó destinado en Baumholder, Alemania.

La policía durante la investigación. AP

En marzo de 1981 acabó su periplo militar. Fue expulsado por consumo de drogas y alcohol. Steven Tuomi fue la segunda víctima, asesinada en septiembre de 1987. Dahmer lo recogió de un bar y lo mató en una habitación de hotel por impulso. Declaró que no tenía memoria de cometer ese crimen, aunque sí recordaba dejar el cadáver en la habitación mientras iba a un centro comercial, compraba una maleta, regresaba al hotel, ponía el cadáver en su interior, llamaba un taxi y se lo llevaba a la casa de su abuela. Allí lo desmembró y lo desechó.

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A partir de entonces, los asesinatos ocurrieron esporádicamente, dos en 1988, uno en 1989, cuatro en 1990 y tres en 1991. Normalmente, recogía a sus víctimas en bares gay y tenía sexo con ellos antes de matarlos y desmembrarlos, en algún caso incluso, comiéndose alguna articulación. Desgraciadamente, Dahmer pasó desapercibido durante años. Muchas de sus víctimas eran personas marginadas, lo que hizo más difícil seguirle la pista.

El 27 de mayo, casi dos meses antes de su arresto definitivo, sus vecinos llamaron a la policía para alertar sobre un adolescente desnudo y sangrando que habían visto vagando por la calle frente a su apartamento. Los oficiales que acudieron creyeron la explicación de Jeffrey, el joven era su novio y simplemente habían tenido una pelea. El chico era realmente Konerak Sinthasomphone, de 14 años. Esa misma noche, Dahmer lo mató y guardó su cráneo como recuerdo.

La policía requisando el congelador del apartamento de Dahmer. AP

Dos meses después, el asesino intentó atraer a Tracy Edwards a su casa. Una vez dentro, Edwards fue forzado al dormitorio con un cuchillo de carnicero. Durante la lucha, el hombre fue capaz de liberarse y escapar a las calles donde alcanzó un coche de policía. Cuando los agentes llegaron al apartamento se encontraron un espectáculo terrorífico: fotografías de cadáveres y miembros desmembrados, una cabeza en el refrigerador, tres cabezas más cortadas en el apartamento, y más restos humanos en otra nevera.

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Dahmer fue acusado de 17 cargos de asesinato y durante el juicio dio su macabra versión de los hechos. Contaba que estaba llevando a sus víctimas de la vida a la muerte, y luego devolviéndolas a la vida otra vez, y que, por el camino, comía, “creo que me comí casi todas las partes del cuerpo”, contaba de una de las víctimas.

Decía también que se veía representado por Satanás en la película de El Exorcista y que, durante un tiempo, incluyó en sus rituales lentes de contacto amarillas para que sus ojos se parecieran a uno de sus ídolos, el Emperador Palpatine de Star Wars.

Dahmer en el juicio. AP

Después de dos semanas de juicio, el tribunal lo declaró “sano” y culpable de 15 cargos de asesinato. Fue sentenciado a 15 penas de prisión perpetua, por un total de 957 años de prisión. Fue atacado dos veces en la cárcel, el segundo intento terminó con la vida del Carnicero de Milwaukee.

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Han pasado más de 20 años desde que uno de los asesinos en serie más espantosos de todos los tiempos muriera, pero incluso hoy, décadas después, la vida de quienes pasaron fugazmente por su existencia sigue acosándolos. Hace pocos años se estrenaba el documental The Jeffrey Dahmer Files, dirigido por Chris James Thompson. Según el director:

Siendo de Milwaukee, pensé que era importante dar a la gente lo que realmente sucedió. Quería contar una historia de cómo afectó a estas personas, y el efecto de lo que este tipo hizo a la comunidad.

Dahmer el día de la sentencia. AP

De todo el documental, y hay varias piezas aterradoras de vídeos con la imagen del asesino, ninguna se acerca al momento en que habla Pamela Bass, la vecina de Dahmer. La mujer recuerda que aquel chico que parecía tan afable y buena gente, estaba comiéndose a gente a pocos metros de donde dormía, “¿Y sabes qué?”, le dice a Thompson, “probablemente, yo también he comido alguna parte del cuerpo de alguien”.

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Bass contaba a la cámara su peor temor desde que supo la verdadera identidad del Carnicero de Milwaukee. Aquel día, una tarde cualquiera, que su vecino le tocó y la invitó a un bocadillo para compartir una charla amigable entre vecinos.