La Estatua de la Libertad en 1900. Wikimedia Commons

Cuando Francia le dio a Estados Unidos la Estatua de la Libertad, un regalo que conmemoraba la lucha del país por la independencia y la democracia, el monumento lucía distinto. Sí, era la misma estatua de 93 metros de alto, pero su color era muy diferente al actual. En aquella época era de un color marrón rojizo.

Los chicos de Reactions (de la American Chemical Society) explican en el siguiente vídeo la curiosa evolución que ha sufrido el icónico monumento. ¿El culpable? Una serie de reacciones químicas únicas en los últimos 30 años, todas interconectadas, que resultaron en una mezcla de minerales. Estos compuestos son los responsables de ese oscurecimiento actual bajo un tono verdoso.

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De esta forma, la Estatua de la Libertad ha cambiado del rojizo inicial, al marrón y finalmente a esa mezcla característica entre azul y verde. Pensemos que el monumento está recubierto de láminas de bronce, un material que en contacto con la lluvia ácida (y en una ciudad como Nueva York más) ha ido creando una capa de óxido llamada cardenillo que le da ese color que tiene ahora.

El cardenillo es una pátina de color azul verde que se forma sobre superficies de cobre o de alguna de sus aleaciones (bronce o latón). La pátina suele ser una mezcla de acetatos de cobre con óxidos e hidróxidos de cobre.

Por cierto, en los años 80 la Estatua de la Libertad sufrió una profunda restauración, aunque respetaron la capa de óxido porque servía a modo de protector contra la corrosión. [YouTube]