Imagen: SyFy

Últimamente, todos deseamos viajar al espacio. Sin embargo, nuestra emoción por recorrer la luna o colonizar Marte desatiende una terrible verdad: el espacio exterior es una tierra baldía, fría e inhóspita, capaz de matarte a la primera oportunidad que se le presente. Los astronautas son conscientes de ello, pero para el resto de nosotros, aquí presentamos algunos de los peligros letales a los que enfrenta cualquier explorador espacial.

Exposición al vacío

Primero hablemos del peligro más obvio: la exposición al vacío. Esta es, estoy seguro, la primera regla que aprenden los futuros exploradores espaciales en su primer día en la escuela de astronautas: evita el vacío a cualquier coste.

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La exposición a la baja presión extrema del espacio puede provocar una vaporización inmediata de los fluidos de la piel y de las capas superiores de tejido blando. Esto podría causar que se formen burbujas en la sangre, así como una seria y desagradable hinchazón, aunque la contrapresión ejercida por tu piel y tu sistema circulatorio mantendrían la expansión bajo control, lo que previene que “explotes” cual película de ciencia ficción (género al que le encanta exagerar las muertes por exposición al vacío).

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Basándonos en estudios con animales y en una pequeña cantidad de datos sobre la exposición de humanos al vacío, al parecer estarías medianamente consciente los primeros 9 a 11 segundos; después, te desmayarías debido a la falta de oxígeno. Según la NASA, tu boca y tu nariz se enfriarían rápidamente hasta congelarse, al igual que el líquido de tu lengua, y poco tiempo después, el revestimiento de tus pulmones herviría.

La NASA previó este problema y lo resolvió con los trajes espaciales, esos que hoy se conocen con el caprichoso nombre de UME (Unidades de Movilidad Extravehicular). “Los UME son en esencia una nave espacial autónoma con muchas capas compuestas de material que protege a los astronautas del vacío del espacio exterior, los impactos de micrometeoritos y las temperaturas extremas” declaró para Gizmodo Bryan Dansberry, del Centro Espacial Johnson de la NASA.

Imagen: 20th Century Fox

¿El inconveniente? “Los trajes espaciales incrementan el esfuerzo que se requiere para hacer incluso la tarea más básica que damos por sentada en la Tierra” afirmó Dansberry. “Las capas, combinadas con la presurización del traje, incrementan el esfuerzo de cada movimiento, en particular el de los dedos, que es un desafío aparte”.

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La próxima generación de trajes espaciales serán más ligeros, más maniobrables y, en general, poseerán mejor tecnología. Los próximos UME (nombre que sería genial para una banda) tendrán que enfrentar un ambiente completamente nuevo, así como nuevos peligros.

Los UME actuales están diseñados para ser usados en microgravedad, y cubren necesidades significativamente distintas a las necesarias para operaciones sobre la superficie de Marte” mencionó Dansberry. Los UME de hoy no ofrecen la movilidad que un astronauta necesitaría en el planeta rojo; es más, se doblarían cuando se intente levantar una roca o incluso para cosechar una simple patata. “Además, Marte tiene una atmósfera específica, por lo que un traje espacial para Marte necesitaría de un diseño distinto al que se usa para navegar en el vacío”.

Si tienes planeado visitar el espacio antes de que esta UME más pulcra salga al mercado, una advertencia: en caso de ruptura del traje, en la actualidad no hay manera alguna de reparar una rasgadura o perforación. Un astronauta tendría que regresar rápidamente a la esclusa de aire antes de que el traje se despresurice por completo.

Ahogarse en el espacio (en serio)

A veces, sin que lo notes, el UME que protege tu vida puede tratar de asesinarte.

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El 16 de julio de 2013, el astronauta italiano Luca Parmitano estaba trabajando fuera de la Estación Espacial Internacional cuando el sistema de enfriamiento de su UME falló y empezó a inundar lentamente su casco. Según un detallado post escrito por el mismo Luca en su blog, al principio no era consciente de la gravedad de la situación. Creyó que la sensación húmeda en la parte posterior de su casco podía ser agua que salía de la pajilla que usaba para beber, o incluso la acumulación del sudor generado por el esfuerzo que se necesita para manipular su pesado traje espacial.

Pero el líquido era demasiado frío como para ser sudor, y Luca no veía ni una gota de agua saliendo por su pajilla. Se dio la orden de que detenga su caminata espacial y que regrese inmediatamente a la esclusa de aire. Mientras Luca emprendía el camino de regreso, el líquido seguía incrementándose, y llegó a cubrir su visor y auriculares.

Para empeorar las cosas, con el fin de esquivar una antena que bloqueaba su camino hacia la esclusa de aire, Luca se vio obligado a cambiar de dirección, lo que provocó que el líquido llegase a cubrir su nariz y que se le hiciese cada vez más difícil respirar. Además, debido a la posición del Sol, quedó temporalmente ciego, desorientado e inseguro de cuál era el camino de regreso. En su hora más oscura, el astronauta consideró seriamente ventilar el agua hacia el espacio, liberando una válvula de seguridad ubicada en su casco.

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Felizmente, no tuvo que tomar esa medida drástica y la historia tuvo un final feliz. Luca pudo seguir su camino de regreso siguiendo su cable hasta la escotilla, donde esperó a que su compañero, el astronauta Chris Cassidy, se le uniera antes de empezar la represurización.

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Luca resumió el evento de la siguiente manera: “El espacio exterior es una frontera dura e inhóspita, y nosotros solo somos exploradores, no colonizadores. Las habilidades de nuestros ingenieros y la tecnología que nos rodea hace que las cosas parezcan sencillas cuando, en realidad, no lo son; y a veces nos olvidamos de esto. Mejor nunca olvidarlo”.

Un desafortunado encuentro con la basura espacial

Considerando que la Estación Espacial Internacional ha estado en órbita desde 1998, el laboratorio se mantiene en buen estado. Sin embargo, la salud de la estación, y la de su tripulación humana, se encuentra amenazada cada vez más por la basura espacial.

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La Estación Espacial Internacional está protegida por sistemas de defensa contra micrometeoritos y residuos espaciales, lo que la convierte en la nave espacial con el escudo más pesado que jamás haya orbitado la Tierra. No obstante, aunque esta protección es suficiente contra los impactos de pequeñas partículas de polvo, es incapaz de proteger a la estación y su tripulación de la colisión contra una enorme pieza de basura espacial.

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El sistema crítico de la estación especial (sus compartimentos habitables y sus depósitos de presión) son los que están mejor protegidos, pero podría resultar severamente dañados por residuos espacial de más de un centímetro de diámetro.

Esperemos que nuestros astronautas nunca se vean cara a cara con una aterradora nube de residuos espaciales, como Sandra Bullock en Gravity. Imagen: Warner Brothers

De acuerdo con cálculos generados a través de modelos estadísticos, existen en órbita más o menos 29.000 piezas de residuos espaciales de más de 10 cm de diámetro, y casi 750.000 con un diámetro entre 1 y 10 cm. Se sabe que parte de esta chatarra gira en torno a la Tierra a 28.160 km/h. A esta velocidad, incluso las piezas más pequeñas podrían producir un golpe considerable.

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Sin embargo, a pesar de la proliferación de estos residuos en la órbita baja terrestre, un escenario similar al de Sandra Bullock en Gravity es muy poco probable, gracias al sofisticado sistema de alerta temprana que vigila a la Estación Espacial Internacional.

Las piezas de chatarra espacial más grandes son rastreadas con regularidad por la Space Surveillance Network de los Estados Unidos. Si existiese una probabilidad de 1 sobre 1000 de que una pieza peligrosa pase a menos de 1 km de la Estación Espacial Internacional, esta tiene la orden de impulsarse a una órbita más alta, apoyándose en los propulsores de una nave espacial Soyuz acoplada. En promedio, esto ocurre solo una vez al año.

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Hasta la fecha, no ha habido ningún daño significativo en la estación debido a alguna colisión con chatarra especial, pero para prepararse para dicho escenario la tripulación realiza con regularidad ejercicios de despresurización. En ellos intentan identificar y sellar una fuga simulada. Si una ruptura genuina pusiese en riesgo la estación, los tripulantes se trasladarían hasta la nave espacial Soyuz y la utilizarían como un bote salvavidas para regresar a la Tierra.

Los implacables efectos de la microgravedad y la radiación

Por un momento, imagina que eres un astronauta. Probablemente pienses que al tocar la Tierra en tu confiable carruaje Soyuz el peligro ya ha pasado y que has superado a la desafiante órbita baja terrestre al emerger triunfante.

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Error. La verdad es que los científicos están lejos aún de comprender los efectos a largo plazo de la microgravedad en el cuerpo humano, aunque ya somos conscientes de algunos de sus desagradables efectos secundarios.

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El entorno de microgravedad está dañando la fisiología humana, principalmente porque tu cuerpo no experimenta las mismas fuerzas cuando está en el espacio que cuando está sobre la Tierra” dijo a Gizmodo Joseph C. Wu, director del Instituto Cardiovascular de Stanford. “Flotar o desplazarte por el espacio no requiere que se ejerza tanta fuerza como sobre el piso, ya que no hay gravedad que se oponga a tus movimientos. Esto conlleva a uno de los efectos secundarios más serios de los vuelos espaciales de largo plazo: la pérdida significativa de huesos”.

En las series de ciencia ficción The Expanse, la gente que crece en entornos de baja gravedad, llamados “Belters”, son más altos y delgados que los de la Tierra, y tienen dificultad para hacer frente a la gravedad terrestre. Imagen: SyFy

En efecto, un miembro de la Estación Espacial Internacional puede perder, en promedio, uno o dos por ciento de su masa ósea por cada mes que permanece en la estación; y al regresar a la Tierra tiene un mayor riesgo de sufrir de fracturas relacionadas con la osteoporosis.

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Otro efecto secundario de seriedad causado por la microgravedad es la pérdida significativa de masa muscular” continúa Wu. “Como con los huesos, la incapacidad de emplear peso para ejercitarse provoca que el tejido muscular se descomponga”.

Wu está estudiando los efectos de la microgravedad en la fisiología y fisiopatología cardiovascular, examinando muestras celulares que han estado expuestas a la órbita baja terrestre y luego han regresado a la Tierra. En órbita, el corazón no necesita trabajar tanto para que circule la sangre por todo el cuerpo. Esto provoca que se atrofie, como cualquier músculo que no se ejercita, por lo cual adopta una forma más esférica a medida que pierde volumen muscular.

Existen también otras maneras en que la microgravedad provoca estragos en el cuerpo de un astronauta, y no se limitan a la degeneración ósea o muscular. Los fluidos corporales se comportan de manera diferente en un ambiente de baja gravedad, lo que puede causar una serie de problemas, como la deformación de la parte posterior del ojo, que trae consigo desagradables casos de visión borrosa. Además, un estudio financiado por la NASA sugiere que los efectos a largo plazo de los viajes espaciales pueden incluso ser más dañinos.

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Al transplantar células madres humanas en ratones, un equipo de científicos del Instituto Wake Forest para la Medicina Regenerativa reprodujo los niveles de exposición presentes en la radiación del espacio profundo, equivalente a un viaje de tres años a Marte (unos 225 millones de kilómetros).

Desconcertados, los investigadores encontraron que el viaje no solo podría debilitar el sistema inmune de un astronauta, sino también provocar un daño genético capaz de incrementar significativamente el riesgo de padecer leucemia. Eso quiere decir que, a la vez que cumples el sueño de tu vida de convertirte en astronauta, te encuentras también con algunos efectos secundarios verdaderamente fatales.


Estos son solo algunos de los ejemplos de cómo vivir fuera de la atmósfera de la Tierra puede suponer un alto riesgo. Un efecto secundario del increíble talento de la ingeniería que ha hecho posible la presencia humana en el espacio es que, a primera vista, parece relativamente segura. Sin embargo, la realidad es que la muerte está a la vuelta de la esquina.

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Los astronautas lo saben y de todas formas se aventuran hacia el espacio. Deberíamos admirar a esas personas que arriesgan sus vidas para que avancen las ambiciones científicas de la humanidad, dado que ciertamente personifican el lema de la estación espacial que tripulan: “Fuera de la Tierra; por la Tierra”.