Reconstrucción del Fasci Antiates Maiores, uno de los calendarios previos al calendario juliano. Foto: Wikimedia Commons.

Enero, Febrero, Marzo, Abril... Los nombres con los que identificamos cada mes del calendario gregoriano se remontan a la época de la antigua Roma, pero ¿Cómo los eligieron exactamente? Las respuestas van desde dioses del Olimpo hasta pura vagancia y el ego de algún emperador que otro.

Mental Floss hace un rapídisimo repaso a los nombres del calendario que, para empezar, no comenzaba con enero, sino con marzo. Enero y febrero no existían hasta que los incorporó el emperador Numa Pompilio hacia el año 700.

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Marzo debe su nombre a Marte, dios de la guerra pero también de las labores del campo y de la primavera. Si el año comenzaba con él era para marcar el mes en el que había que comenzar a cultivar. Abril (aprilis) se relaciona con el verbo aperire y se supone que hace referencia a la fecha en la que se abren las flores, pero no hay confirmación histórica de ello. También podría estar relacionado con Aphros y Afrodita (la Venus de los romanos).

Mayo (maius) debe su nombre a la diosa de la fertilidad Maia, madre de Mercurio. Le sigue el mes de las bodas por antonomasia, junio, que debe su nombre a la diosa Juno. Según otras versiones se refiere al fundador de la república de Roma, Junio Bruto.

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Para el quinto mes del calendario antiguo, a los romanos se les terminó la inspiración divina y comenzaron a llamar a los meses por números. Julio en realidad era Quintilis, y al principio tenía 36 días. Agosto era Sextilis. Septiembre, octubre, noviembre y diciembre aún mantienen sus nombres derivados de números.

Efigie de Numa Pompilio en una moneda romana.

Numa Pompilio decidió juntar los días invernales sin mes que transcurrían hasta el solsticio de primavera añadiendo dos meses: enero, en honor del dios de las dos caras Jano, y febrero. Este último debe su nombre a la Februa, una festividad previa a la primavera.

El calendario era un desastre hasta la llegada de Julio César, que decidió normalizarlo en los 365 días y 12 meses que conocemos. Además cambió el nombre de quintilis a julio en su honor porque ese era el mes de su cumpleaños. Había nacido el calendario juliano.

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Al emperador que siguió a Julio César, Augusto, le gustó la idea de dedicarse un mes y cambió sextilis por al agosto que conocemos. Aunque hubo algunos cambios posteriores, no fueron permanentes y la tradición murió con él. Septiembre, octubre, noviembre y diciembre mantuvieron sus nombres basados en números pese a que no eran ya los meses séptimo, octavo, noveno y décimo. Durante mucho tiempo, los ciudadanos de roma tuvieron bastante confusión con ello.

Siglos más tarde, el papa Gregorio XIII se hizo eco de un estudio astronómico de la Universidad de Salamanca que señalaba un error de 11 minutos en el calendario juliano. Con el paso de los años, ese error había crecido hasta alcanzar los 10 días así que, para adaptar el calendario a la pascua litúrgica, se fundó el actual calendario gregoriano. Es la manera que tenemos de medir el tiempo por pura convención. En realidad tiene sus propias deficiencias que hay que ajustar cada cierto tiempo. [vía Mental Floss]